La ultima película de director norteamericano Gus van Sant, producida en 2007 y estrenada en EEUU a principios de 2008, es otra de las que, de momento, todavía no tiene fecha de estreno en las salas españolas. Sin embargo, se trata de un film impresionante que, si bien no aporta muchas novedades al tipo de películas a las que nos tiene acostumbrados este director, sí denota la madurez y la consolidación del genio que ya apuntaba en films como “Elephant” o “Psycho”, por citar algunos ejemplos.
La historia gira en torno a un joven aficionado al skate que accidentalmente mata a un guardia de seguridad. Su vida da entonces un completo giro hacia una extraña nueva realidad de confusión, encubrimiento y culpabilidad. Paranoid Park es un film lento, en el que la acción se desarrolla sin estructura narrativa típica, a base de inteligentes y dosificados recortes hacia adelante y hacia atrás en el tiempo, perimitiendo que el espectador sea quien haga las conexiones y saque las conclusiones de la trama por sí mismo. De este modo, consigue que nos impliquemos con el protagonista, a pesar de tratarse (nuevamente) de un adolescente cuyo máximo interés es el skate, inmaduro e inseguro como le es propio por su corta edad. Pero Gus Van Sant sabe crear esa complicidad que, unida a la cuidada ambientación, excelente fotografía de Christopher Doyle y magníficas tomas secuencia a cámara lenta (magistral la escena de la ducha) logran hipnotizar con su belleza, al tiempo que mantiene el suspense a lo largo la película. Es precisamente esa mezcla de narración desestructurada y a la vez absorbente, sumada a la calidad de la imagen, lo que hacen que el cine de Gus Van Sant enganche desde la primera escena. El guión no tiene secretos, ya que las tres o cuatro primeras secuencias muestran todas las cartas del argumento, pero a la vez permiten que la imaginación trabaje porque casi nunca los acontecimientos se desarrollan del modo previsto, lo que hace mantener la tensión del film hasta el último minuto, que también resulta ser casi siempre sorprendente. Este modo particular de enfocar el cine le hace diferente a otros directores que, tratando de recoger el testigo en el reciente cine independiente, elaboran films dilatados y soporíferos (Luz silenciosa? Crashback?), cuyo argumento podía estar listo en escasos minutos, que sin negar su aporte en calidad fotográfica e impactantes imágenes, se pierden en la gratuidad de una lograda fotografía pero resultan vacíos, interminables y soporíferos.
Hay dos aspectos más de esta película que me parecen fascinantes. Uno, es la representación de los adultos desde la perspectiva de la adolescencia. No están ausentes, pero tampoco ocupan un lugar destacado en el mundo del protagonista. Al margen de los problemas propios de su edad (el colegio, las chicas, sus amigos, la vida en general), el mundo de Alex es impenetrable para los adultos, y sus decisiones tienen escaso interés para él. La escena donde el padre le habla de su divorcio como a un adulto y la consecuente reacción de éste, como si le estuviese contando un programa de televisión, denotan por parte del director una completa empatía con el mundo del protagonista. Otra escena reveladora es en la que es interrogado por el policía; una escena intensa y crucial por lo que supone en la trama del film, pero frente a la que el chico muestra una pasmosa y reveladora tranquilidad, sin síntoma de ansiedad alguno… ese todavía no es su mundo.
El otro aspecto destacable es la banda sonora, para la que usa partituras escritas por Nino Rota para las fellinianas Julieta de los Espíritus y Amarcord, y recupera temas de Elliott Smith intercalados con clásicos de Betthoven, The Revolt o ritmos de Hip hop. Una joyita que no hay que perderse, que cuenta unos hechos tan poco convencionales como lo es todo el cine de Gust Van Sant, y cuyos méritos en calidad cinematográfica resultan del todo innegables.Archivado bajo: Cine estadounidense, Cine independiente, Cine norteamericano | Etiquetado: Cine independiente, Drama, Cine estadounidense, Gus Van Sant












claro, si es genial, como para no gustarte
Esperemos que llegue. Reconozco cosas que dices que vi en “Last days”. El skater, su mundo, esas pistas y callejones a los que va mientras los demás comen o duermen: siempre me ha parecido el símbolo del vacío total. Estuctura narrativa… Gus Van Sant no sabe lo que es, je je. besos
Lapor, agradezco el comentario sobre la “estructura narrativa”, porque me ha hecho releer el post y darme cuenta de lo mal que me he expresado (¡Cómo cambia en nuestro idoma el sentido de una frase omitir un par de sílabas! -Ayer no era mi día..-).
Añadí típica donde decía “carece de estructura narrativa”, porque la película sí la tiene, y además muy cuidada.. otra cosa es que no sea nada convencional.
Además (y esto puede doler a algunos), soy de las que opino que el guión es una parte importantísima en un film. Por citar un ejemplo, recuerdo que salí bastante cabreada cuando fui a ver “Inland Empire”, precisamente por eso. Me pareció una soberana tomadura de pelo al espectador. Una película no es una paja mental del director, al que se le va la olla y en la que no cuenta nada de nada.
Pero nada que ver con este film, que si algo tiene elaborado es el guión, entre otras muchas cosas. Eso sí, narrado de un modo muy original, no ya por los saltos en el tiempo, también por lo que cuenta y el modo de hacerlo. (tema aparte sería el cine experimental, pero ese es otro asunto)
Saludosssssss!!
Gus VavSant!!!
Estirate y di como ver esto que le tengo unas ganas locas.
O manda un mail, please!!!
Beso
retomo… sí te habías explicado pero la estructura incluso no sólo narrativa sino de tratamiento es el gran dilema del cine experimental e independiente: rechazo o reto, nunca se sabe. yo tambien soy defensora del guion, por encima de todo. aunque “Inland empire” me parece `mas que sin historia, abstracta. Uy,no tengo acentos… besos
hola, acabo de verla y me ha gustado mucho. Buena interpretación de los protagonistas amateur. Una fotografía deliciosa de Christopher Doyle, que interpreta al tío de Alex. Una historia sencilla, que aborda no solo el sentimiento de culpa ante un hecho trágico y accidental, sino el mundo adolescente, más complejo de lo que se nos suele presentar, atiborrado por lo general, de drogas, alcohol y sexo, porque en este caso, Alex, pasa de todo esto, le vence la desidia y apenas muestra interés por nada, más allá del tacto de su monopatín.
El ritmo calmo ni empalaga ni aburre, sino que logra ese halo poético tan difícil de conseguir sin caer en la pretenciosidad. El estilo depurado de Van Sant le permite concentrar la historia en 80´ títulos de crédito incluidos para contar una historia de modo soberbio.
Me alegro de haberla visto.
Muy interesante tu comentario sobre la película, apenas hay nada en la red sobre Paranoid park,, a ver si pongo algo en mi blog.
Un saludo.