La ronda de noche (“Nightwatching”, Greenaway, 2007)

Greenaway no estudió nunca cine, sino dibujo y pintura, y eso se nota en casi todos sus films, desde los primeros cortometrajes hasta su última película estrenada hace poco, “Nigthwatching“, o “La Ronda de Noche“, título dado en nuestras salas. Su principal objetivo ha sido siempre la creación de la imagen, y eso significa que sus puestas en escena utilizan más la estética de la pintura que la del cine propiamente dicho.
En una ocasión, Greenaway, hablando de sus primeros cortometrajes, llegó a afirmar: “Me siento más a gusto hablando de cine desde la perspectiva de cinco mil años de pintura occidental, que mirándolo a través de unos 100 años de crítica cinematográfica. Al fin y al cabo la pintura perdurará y la estética del cine desaparecerá. De modo que el vocabulario de imágenes cuidadosamente construidas y en su mayor parte estáticas (los mapas de A Walk Through H son esencialmente pequeños cuadros), la tradición de pintura paisajística inglesa (Windows, H is for house, Vertical Features Remake), la pintura en serie de mediados del siglo XX (Intervals, Dear phone, Vertical Features Remake), la representación de la pantalla como pantalla, no como una ventana por la que se puede ver el mundo, (Dear Phone), y los numerosos conceptos, juegos visuales y provocadores artificios, tan contrarios al actual cine de la ilusión, tienen como referencia el legado pictórico”. En los primeros films de cualquier director se encuentra, casi siempre, la semilla de su trabajo posterior; en el caso de Greenaway, con su último trabajo, esta afirmación es innegable.

La película de Greenaway se asienta sobre dos pilares de guión básicos: por un lado, los supuestos secretos e intrigas (conspiración de asesinato incluida) en torno a la ejecución del cuadro de Rembrandt; por otro, las experiencias amorosas y sexuales del pintor con las tres mujeres que influyeron en su vida: su esposa Saskia (que le proporcionaba estabilidad familiar), y sus criadas Geertje (su amante) y Hendrickje (quien le cuidó en el final de sus días). Rembrandt pasó de ser una figura admirada y cotizada a la más absoluta miseria en sus últimos años, fruto de la disminución de encargos reales y de los ataques constantes a su persona. Y es que Rembrandt refiere, en más de una ocasión, a través de sus cuadros, una sociedad ultraconservadora pero, a la vez, tremendamente hipócrita, que esconde una extremada codicia por el dinero y unas costumbres (tras su impoluta fachada) más que licenciosas, que incluyen la homosexualidad, la prostitución y la corrupción de menores. La animada vida amorosa del pintor, junto a su carácter impertinente y arrogante, molestaban seriamente a los altos estamentos de la época, dominados por los rigores oficiales del calvinismo, que vieron su ocasión de venganza tras la realización de este lienzo, en el que las sugerencias eróticas, las rivalidades económicas y las intrigas criminales se muestran en clave tras el telón de fondo del retrato de la milicia de arbuceros de Amsterdam.

Greenaway estructura la película con su personalísimo estilo narrativo, y el resultado es una singular obra que poco tiene que ver con los relatos biográficos hollywoodenses que de vez en cuando llegan a nuestras pantallas; relatos cuya característica es la simplicidad argumental y la edulcoración de los personajes para adaptarlos al entretenimiento y al buen hacer de la taquilla. Greenaway, en cambio, opta por una puesta en escena donde lo que prevalece es la imagen en su aspecto estético más que argumental, utilizando (tal vez en exceso) los elementos simbólicos, los contrastes de luz y sombra, la fuerza del color y el barroquismo en la ambientación para hacer llegar el mensaje al espectador. Así, del mismo modo que de si pintar un cuadro en movimiento se tratase, en el que el pincel ha sido sustituido por la cámara, el rodaje se realiza mayoritariamente en interiores de estudio, con iluminación artificial, para lograr encuadres de plasticidad pictórica lo más aproximado posible al cuadro de Rembrandt. La construcción dramática es similar a la del teatro, no sólo por lo que a escenarios se refiere, sino también a la interpretación y dibujo de sus personajes. Porque a diferencia del cine convencional, el director no pretende la identificación del espectador con ninguno de sus protagonistas, sólo se trata de que el público contemple (del mismo modo que lo haría con un cuadro) y saque sus propias conclusiones, utilizando los actores, en varias ocasiones, las frases en tercera persona, mirando fijamente al espectador a través de la cámara, y dando la sensación de que asistimos a una obra teatral rodada más que a una película en el sentido habitual del término.

Destaca la interpretación de Martin Freeman en el papel de Rembrandt, que logra transmitir esa riqueza de matices del personaje, ese ser contradictorio y complejo, un tanto inestable (capaz de pasar en segundos de la más absoluta melancolía a la ira incontenida), bebedor, lujurioso y sin complejos, a pesar de retratarse como un hombre menudo, bastante maltrecho y no demasiado cuidadoso en cuanto a su higiene. En conjunto, una película vanguardista, que rompe con las estructuras habituales en cuanto al modo de contar las cosas, y que aporta, también, otro punto de vista sobre el arte, la pintura y, como no, la historia, de la mano de un director ciertamente polémico y muchas veces incomprendido, pero del que no se puede dudar (guste o no), que posee un gran talento como cineasta, a pesar de que el esfuerzo intelectual que exija ver alguna de sus películas no siempre pueda resultar demasiado cómodo.

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7 thoughts on “La ronda de noche (“Nightwatching”, Greenaway, 2007)

  1. “El contrato del dibujante”, “El vientre del arquitecto”. Claro, siempre cerca del lápiz y el papel. Tu artículo me ha despertado las ganas de volver a ver a este director.
    Saludos.

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  2. Lo que conozco de Grenaway es Las Maletas de Tulse Luper y no pude con ella porque me pareció aburrida. Pero las imágenes que pones me gustan. Sobre todo la segunda. ¿son capturas bajadas?. La segunda con la guru que es la única que va vestida, y los de la derecha en pelotas y con el collarin son totales. A lomejor hasta me hago el ánimo de verla. Estas fotos, como comentas, parecen cuadros más que tomas fílmicas!!
    ¡Besosss!

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  3. Greenaway es un cineastas que me llegó a gustar muchísimo y por el que sentí una gran admiración, por su estilo. Después, me empezó a cansar por ser demasiado visual, sofisticado y barroco peo desde luego que sabe muy bien lo que es la puesta en escena y sus posibilidades, y si hay alguien que puede hacer la biografía de un artista, un género en sí, ése es él. Como bien dice, el cine viene de las artes plásticas y la manera en la que se construye una imagen, una composición, ha sido siempre pictórica (no fotográfica).
    A mí siempre me gusto el tándem Michaal Nyman-Peter G. en “El colcinero..” preciosa.

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  4. Lapor, “El cocinero, el ladron, su mujer y su amante” es la película que más me gusta de Greenaway. Es todo un prodigio de la estética, además de estar envuelta en una atmósfera asfixiante, oscura y detelladamente impactante. Un lujazo de película.

    Licantropunk, Carles, saludos!

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  5. Greenaway es también uno de esos directores de los que suelo ver casi todo, porque todo, unas películas más, otras menos, es como mínimo interesante, teniendo películas que considero alucinantes: “el contrato del dibujante”, “el vientre del arquitecto”… Como dices, sus films están cargados de un detallismo que nos empuja a interpretar lo que vemos a la luz de claves relacionadas con diferentes artes y ciencias (según la película). Uno quizá pueda andar un poco perdido con su cine, si uno no entiende mucho de pintura, arquitectura, matemáticas… pero yo lo disfruto igual. Un cine entre lo macarra y lo intelectual, que conjuga el mal gusto con una dedicación formal tremenda.

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  6. Antes de ayer, fui a ver “La ronda de noche” en su penúltima sesión en el Renoir Plaza de España de Madrid. La experiencia me rejuveneció: hace ya más de veinte años, me dejé fascinar por “El contrato del dibujante” precisamente en el cine de al lado, que entonces respondía al nombre de “Alphaville”. En aquella época era yo muy jovencita y muy pedante, así que me temía que la experiencia en esta ocasión no iba a ser tan positiva. No ha sido así. He de reconocer que Greenaway, con todo su desprecio a la narrativa convencional y su indudable petulancia, sigue ejerciendo sobre mí una enorme fascinación. Es la garantía de ver una forma de hacer cine que no se parece a nada, lo cual, creo yo, siempre es de agradecer. Además, “La ronda de noche” supone un despliegue de imágenes de una belleza deslumbrante. Con todos sus defectos, Greenaway me sigue interesando y sorprendiendo; mucho más de lo que se puede decir de otros cineastas “al uso”.

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  7. Irian, Estebanea, gracias por vuestros comentarios. Lo cierto es que Greenaway a mí también logra sorprenderme en cada película, lo cual no es despreciable en el panorama cinéfilo actual. La utilización de la imagen que hace este director es algo fuera de lo común; hecho que unido a su originalísimo estilo narrativo hacen que su cine resulte atractivo incluso pasados los años.

    Saludos.

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