Edgar Neville: La torre de los siete jorobados

La torre de los siete jorobados es una película española de corte fantástico, coctel de géneros de terror, negro, comedia y misterio; un film siniestro, expresionista y con un toque gótico, realizado por Edgar Neville en 1944. Por aquellos años el país se encuentra en plena posguerra, período negro recién comenzado de la historia de España, con un panorama social marcado por el hambre, la miseria, las cartillas de racionamiento… imaginen qué situación padecía nuestro cine. La pregunta es: ¿Cómo es posible que en aquel momento alguien pudiera producir una película sin fines propagandísticos cuando, además, tanto el gobierno por activa como el mundo del cine por pasiva despreciaban el género en favor de otro tipo de planteamientos?.

Para dar una explicación razonable es necesario entender, aunque sea de manera sucinta, la figura de Edgar Neville, pues seguramente sólo un personaje de su corte reunía las condiciones necesarias para poder parir este tipo film en semejante coyuntura. Neville era un madrileño apasionado del teatro, aunque en realidad se licenció en Derecho. Hacia final de la década de los 20 comienza a interesarse por todo lo relacionado con el mundo del arte en sus diferentes facetas: novela, pintura, poesía, por supuesto el teatro y, claro, también el cine, que por entonces se encontraba en pleno boom del sonido. Poco antes del triunfo de la República y la huida de Alfonso XII a Italia, Neville es un abogado recién licenciado interesado por el ambiente cultural, por entonces en plena efervescencia en España.

Su posición social y su relación con el mundo empresarial le permite relacionarse y entablar amistad con figuras como Lorca, Dalí, Buñuel, Ortega y Gaset o Manuel de Falla. Además, su condición de miembro de una adinerada familia da alas a su carrera diplomática, lo que se traduce en viajar y conocer numerosos países durante los breves años de la República: Roma, Marruecos, Gran Bretaña y finalmente Estados Unidos, primero Washington y posteriormente Los Ángeles. En éste, su último destino como representante de la diplomacia española, se introduce en el mundillo de Hollywood y acaba colaborando como guionista para la Metro. Allí conoce a Charles Chaplin quien -según wikipedia– le otorga un pequeño papel en Luces de la Ciudad. Pero en 1936 estalla la Guerra Civil española y hay que tomar claro partido. Neville lo hará por el bando nacional, para el que pasa a trabajar como documentalista. Su toma de posición por el régimen y su ascendencia familiar será lo que le permita, una vez finalizada la guerra, cierta libertad artística, contar con el beneplácito del régimen franquista y carecer de dificultades financieras, pues sus proyectos los subvenciona la mayoría de las veces el propio Neville, Conde de Berlanga del Duero, quien en plena posguerra no padece demasiados ahogos financieros. Como quiera que el que tuvo, retuvo, el bagaje cultural y artístico acumulado en los años previos es incuestionable, por lo que Neville es, con la perspectiva que nos otorga el tiempo, una de las pocas figuras interesantes desde el punto de vista artístico de este oscuro período, a pesar de que la adscripción al régimen haya mantenido su obra en la sombra con el paso de los últimos años.

Son pocas las veces que el cine español se aventura en el género de terror hasta la aparición de los primeros trabajos de Jess Franco, allá por la década de los 60, y seguramente La torre de los siete jorobados sea la única encuadrable desde que el nuevo régimen toma el poder, momento a partir del cual en España solo se proyectan películas norteamericanas convenientemente filtradas por la censura y alguna que otra españolada de carácter propagandístico y costumbrista que, con clara intencionalidad, asientan la idea de sociedad acorde a la iglesia y al régimen. El film de Neville es, sin embargo, una rareza ajena a todo esto, pues además de tratarse de un auténtico thriller fantástico de terror, se asemeja más en su técnica y factura a las tendencias europeas más vanguardistas que al recto corte cultural patrio. Auténtica joya del cine español, cuenta con una puesta en escena realmente asombrosa que podemos ver, por ejemplo, a la hora de recrear escenarios como la torre, cuya escalera de caracol bajando hacia el interior de la tierra recuerda mucho al cine expresionista alemán de los años 20, al tiempo que recoge las primeras tendencias del cine negro norteamericano en su desarrollo argumental.

Pero por encima de todo se trata de una película fantástica, probablemente el primer largometraje de estas características en nuestro cine, que combina variados elementos sobrenaturales como fantasmas, hipnotizadores, contrabandistas o siniestros clanes de jorobados nunca exentos de un toque de humor, a mi modo de ver un tanto grueso, como la escena en la que irrumpe el espíritu del mismísimo Napoleón Bonaparte. La trama nos sitúa en el Madrid de finales del siglo XIX. Un joven arruinado por el juego (Antonio Casal) apuesta sus últimas monedas en una ruleta clandestina. A punto de perder cuanto posee, se le aparece un fantasma (Félix de Pomés), personaje escalofriante y a la vez benevolente que surge a través del espejo y solo él puede ver, para indicarle cuál será el siguiente número afortunado. A cambio de que la suerte vuelva a sonreírle, deberá proteger a su sobrina Inés (Isabel de Pomés) de un clan de malvados jorobados que habita en el subsuelo de la ciudad. Mención especial merece el personaje del Doctor Sabatino, extraña figura entre pícara y siniestra que borda Guillermo Marín. El sombrío y tenebroso mundo que se esconde bajo los adoquines de Madrid contrasta con los escenarios exteriores que no son otros sino los alrededores de la Plaza Mayor y el barrio de La Latina muy bien recreados, bajo los que se esconde un submundo de intrigas y lúgubres personajes y cuyo acceso entraña riesgos incalculables. La mezcla de atmósferas, costumbrista en la superficie y entre gótica y expresionista bajo el suelo es realmente fascinante. Y, como no, el final que nos ofrece está a la altura de semejante rareza para la época, cuando Neville decide dejar el caso abierto, crimen sin resolver y asesino sin su correspondiente castigo: todo menos convencional dado el enfoque moralista de la censura nacional-católica imperante.

La idea no es original de Neville, sino que se trata de una adaptación, aunque muy libre, de la novela escrita años antes por Emilio Carrere, una obra en la que son patentes las influencias de Conan Doyle y Edgar Allan Poe, pero que posee a la vez tintes costumbristas muy propios, ya que las referencias al Madrid más castizo y a sus personajes característicos (serenos, cupletistas o chulapas) son una constante que, además, recogería Neville en casi todos sus guiones. Me he permitido recuperar unos minutos de la película que espero sirvan para despertar el interés suficiente respecto a esta joyita, precursora de un género que tardaría algunos años en desarrollarse en España, y que lamentablemente solo podemos disfrutar en una calidad muy baja mientras nadie se decida a lanzar al mercado una edición restaurada.

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12 thoughts on “Edgar Neville: La torre de los siete jorobados

  1. Esta película la recuerdo muy bien a pesar de los años que han pasado. Lo que dices es totalmente cierto: es una rareza del cine español, como un sello mal impreso que se revaloriza precisamente por eso. Hoy día (salvando las distancias) yo la compararía con “El laberinto del fauno”.

    Nota: me gusta mucho más este diseño de blog que el anterior. Feliz estreno!!!!!

    Nos leemos!!!!!!

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  2. Otra más que no conocía. Queda anotada para un futuro visionado. Por otro lado, me gusta bastante el nuevo diseño del blog.

    Saludos 😉

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  3. Concretamente en la madrileña Plaza de la Paja es donde está ese submundo raro. Película emblemática de uno de los directores más interesantes del cine español de mediados del siglo XX. Me gustan mucho La vida en un hilo y El baile.

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  4. Sesión, ¿y esa comparación? Trato de entender a qué te refieres y supongo que va por que ambas están influenciadas por un refritillo de diversos géneros cinematográficos?. “La Torre…” tampoco tiene nada de moraleja y, caso de tenerla seguro sería bien distinta a “El laberinto…”. En serio, no la veo. Gracias por lo del diseño, a mi me gusta más pero tampoco me acaba de convencer este, pero es lo que tiene wordpress en la cara”b”, hay que ajustarse a sus plantillas o hartarse a editar css, además de pagar esas modificaciones. Si cuelgan otra que me guste más, a lo mejor la vuelvo a cambiar. En fin, todo sea por la seguridad y esas historias… Nos leemos 😉

    Fantomas, yo la he descubierto hace relativamente poco. Ahora tengo pendiente la novela. Ya me dirás tu opinón, un saludo. Gracias por la referencia al nuevo aspecto.

    Deme, algo leí de que existen en realidad estas cuevas bajo Madrid. No tengo demasiada información. Los exteriores sí son La Latina y la Plaza Mayor en el 44. Todo un regalo para los madrileños. Con la filmografía de Neville me tengo que poner un día de estos: me da cierta pereza, pero también me atrae. Hasta pronto!

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  5. Hola!!

    Permíteme presentarme soy Gillian administradora de un par de webs, visité tu portal y está interesante, tienes temas muy buenos y el diseño me gusta. me encantaría poner un link de tu web en mis sitios y así mis visitas puedan visitarlo también. si estás de acuerdo no dudes en escribirme

    Éxitos con tu blog.

    Gillian Silva
    gilixitana@hotmail.com

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  6. Yo no la recuerdo, la verdad. Tendré que repasar los clásicos porque, cada vez que paso por aquí y leo sobre uno, me quedo out. Igualmente, gracias por la recomendación, BABEL. Queda apuntada.

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  7. hola,
    sí todo pinta muy adelantado a su época, a ser una joyita de las que sentirnos orgullosos, muy interesante el peorsnaje de Neville. al final, entre unas cosas y otras, nunca la he conseguido ver,
    el tema delmundo/submundo es my Bosco..
    pues yo… de momento estoy un poco perdida con este blog-web, con tanta cosa, pero todo será acostumbrarse. Y cuando luego entro en el mío, me parece que vengo de una mansión y llego a un apartamentillo,jeje. pero esto un plantilla..?
    chao, besos

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  8. Licantropunk, merece la pena. Un saludo.

    Ethan, gracias pues. Ya te dije que andaba tras este director yo tambien.

    Gillian, sin problemas para intercambiar enlaces, siempre que tu par de webs traten de temas similares a este blog, lo que supongo.

    Jordi, esta película quizás hoy queda algo desfasada en cuanto a ambientes, pero es un joyita a recuperar, sin duda. Si la logras ver, espero te guste.

    Lapor, hablar sobre el personaje es necesario, porque el resto de su cine (el que yo he visto, al menos) tiene poco que ver con esta película. El blog, es el mismo! Solo cambia la estética. Además no hay que hacer nada, aquí en WordPress le das al clic de vista previa y cambias la plantilla si quieres, tan ricamente. Eso sí, te tienes que ajustar a las que te ofrecen, hay poco margen para la creatividad. (la plantilla es, digámoslo así, el marco decorativo). Besos y hasta pronto!

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  9. Maravillosa pelicula. Como toda la filmografia de Neville. Merece la pena revisarla entera. tanto esta como el resto de las rodadas en Madrid, transportan a una ciudad que nunca conoci, pero intui que habia sido asi muchos años despues.

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