Plano secuencia (14): Angelopoulos, La mirada de Ulises

Como esta semana no hay ningún estreno que haya llamado especialmente mi atención, parece un buen momento para retomar el monográfico sobre planos secuencia, iniciado hace unos meses en este blog e interrumpido por las vacaciones veraniegas. No podía faltar en esta colección alguna referencia al cineasta griego Theo Angelopoulos, uno de los directores europeos proclives a la utilización de la técnica sin cortes, entre otras. Por lo que se deduce de declaraciones y entrevistas varias, Angelopoulos considera La mirada de Ulises una de sus obras más prominentes, a pesar de no compartir este punto de vista la crítica en general, ya que gran parte vio en la película un ejercicio supremo de pedantería intelectual y cinematográfica, mientras el griego estallaba en explícito berrinche en aquel Festival de Cannes donde se llevaba el gato al agua Underground, de su colega serbio Emir Kusturica, mientras Ulises tenía que conformarse con el Premio Especial del Jurado, que no es otra cosa que el segundo puesto.

El argumento básico sigue a un hombre, el cineasta griego exiliado en los Estados Unidos (Harvey Keitel) conocido como “A” en los créditos del DVD, aunque en ninguna parte de la película se menciona el nombre del personaje que, después de treinta y cinco años, regresa a los Balcanes en busca de tres bobinas perdidas de material cinematográfico que datan de 1905, filmadas por los primeros cineastas griegos conocidos, los hermanos Yannakis y Miltos Manakis. Keitel se embarca en un viaje, como Ulises, a través de diversos países balcánicos en el que vamos descubriendo las razones personales que le mueven en la búsqueda. El itinerario hace atravesar al protagonista por los lugares que a final del siglo XX representan de manera emblemática el desmantelamiento de las utopías, y el comienzo del viaje y su final se encuentran inmersos en un punto de vista que invita a revisar el rol del artista como mirada del momento histórico que le ha tocado vivir. Angelopoulos deja claro también cómo la técnica, por simple (los movimientos de la cámara son lentos y generalmente en horizontal), puede mostrar en cambio una compleja historia, y que ni siquiera se necesitan grandes diálogos (muchas veces en manos de una voz en off, la del propio Angelopoulos, imprescindible la versión original) como elemento necesario para la conexión y coherencia de cuanto se quiere transmitir.

La escena que hay a continuación es la que da comienzo a la película. Se trata de un plano secuencia que empieza tras unas imágenes de la cinta griega “Las hilanderas“, rodada en 1905, para después iniciarnos con el protagonista en la búsqueda de los originales del film y alguno de los motivos que le acompañarán en el largo viaje, motivos que irá desvelando el guión a lo largo de las tres horas que dura la película. Hay que reconocerle a Angelopoulos una capacidad enorme para la poesía cinematográfica, que se plasma en esta secuencia y en otras tantas, pero también la exquisita fotografía a cargo de Yorgos Arvanitis y una banda sonora majestuosa, obra de Eleni Karaindrou. En realidad el film es una sinopsis de la historia de Grecia, su propia historia, que abarca todo un siglo a través de este drama, sutil en miradas furtivas, de largos silencios cuando no hay nada que decir, de esquinas de la pantalla o excelsos planos que acompañan las sesenta escenas con las que está montada, muchas de ellas planos secuencia quizás demasiadas veces injustificados.

A pesar de que la película se hace por momentos bastante larga, de que hay numerosos espacios vacios que carecen de valor argumental y solo están ahí como elemento contemplativo de la riqueza visual del educado ojo del cineasta, estamos en condiciones de afirmar, quince años después de su estreno que, si no es de sus mejores películas, sí conviene rescatar por ser un excelente trabajo en el que los elementos tiempo, símbolos e Historia nos invitan a un mirada hacia ese lado de Europa que hoy trata de abrazar el carro de la modernidad pero en la que todavía tiene un peso importante el pasado reciente. La mirada que nos ofrece Angelopoulos es la del observador instrospectivo que contempla el curso histórico a través de sus gentes, como en 1905 lo hicieran los hermanos Manakis, que pasan a ser en tiempo presente objeto de otra mirada. Junto a la locura de la guerra (impecable momento: los enfermos mentales huyendo del hospital tras el bombardeo, uno de las más logrados de la película), el apogeo y fin del comunismo (la secuencia de la estatua de Lenin postrada en el remolcador paseando por el Danubio para ser trasladada, mientras las gentes se arrodillan y santiguan todavía a su paso), el viaje al pasado de “A” (cuando encuentra a su madre en el tren y revive varios momentos históricos desde su punto de vista siendo niño, a modo de flashback que transcurre en una única fiesta de fin de año), el interminable brindis con el amigo o esa escena cercana al final, un enorme fuera de campo, porque la secuencia está envuelta casi por completo en la niebla y solo podemos oír los sonidos que se cierran con la misteriosa música que proviene de una orquesta de muchachos, de varias nacionalidades balcánicas, mientras intuimos el paso sigiloso de la muerte.

Cuando regrese, lo haré con las ropas de otro, con el nombre de otro. Nadie me esperará“. Son las palabras finales de “A” tras llegar a su meta y convencerse de que el peor exilio es cargar con su propia máscara, de la que nunca podrá liberarse. El viaje, pues, no ha terminado, porque la vida es el propio camino y es imprescindible continuar.  La vida, dice Angelopoulos, es un concurso visto desde la distancia, donde podemos discernir sus contornos, su significado mayor, su patetismo insoportable y heroico.

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10 thoughts on “Plano secuencia (14): Angelopoulos, La mirada de Ulises

  1. Se me hizo un poco larga cuando la ví. Está protagonizada por uno de mis actores preferidos de esa época, Harvey Keitel. Creo que la tengo en VHS. Un beso, BABEL. Y sí, como dice Gemma, tu blog es muy bueno.-

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  2. Cierto, los planos largos, los planos secuencia son sello de identidad de este buen director griego. Hoy he visto (casualidad) “Reconstrucción” y ya se adivina su estilo. Hay que tener paciencia con Angelopoulos, su cine es premeditadamente lento. Hoy he visto un plano final de una puerta, encuadre fijo y sin música y plano larguísimo. Espectacular porque el espectador sabe perfectamente (se ha ido diciendo a lo largo de la peli) lo que está sucediendo tras esa puerta. Recomiendo esta mirada de Ulises, y también esa primera película que hoy he tenido el placer de ver.
    Como siempre estupendo post, me encanta esta sección tuya.
    Un abrazo.

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  3. Le doy la razón al jurado de Cannes: a mi también me gustó más “Underground”. Pero el cine de Angelopoulus me encanta: el gran poeta cinematográfico, como apuntas. “Paisaje en la niebla” me dejo destrozado cuando la vi, me llegó a lo más hondo. Planos panorámicos que devoran el horizonte y un acompañamiento musical de un lirismo extraordinario. En cuanto a “La mirada de Ulises”, la larguísima secuencia en la que (creo recordar) la estatua de Lenin viaja en un barco, estuvo a punto de hacerme viajar a mi también, pero al mundo de los ronquidos. Es bueno tomarse un café antes de ver este cine, je, je.
    Saludos.

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  4. He de reconocer que me aburrió bastante y me gusta mucho más “Paisaje en la niebla”, aunque no es un cineasta que acabe de atraparme. Aún así, estupendo el post, que hace que uno se interese por algo que a priori no le llamaba la atención demasiado.
    Un saludo

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  5. Gemma, moltes gràcies per deixar-te caure de tant en tant per aquí, m’han fet molta il.lusió les teues paraules. Un petó 🙂

    Jordi, compartimos el gusto por Harvey Keitel, y yo también la tengo en VHS, he tenido que bajarla para revisarla antes de hacer el post!

    Ethan, “Reconstrucción” es una de las que no he visto. Otra que tengo pendiente y me apetece es “Eleni”. La utilización de los fuera de campo me encanta, me parece un recurso muy interesante que daría para un monográfico completo, aunque mucho más complejo que este. Y gracias por esa fidelidad a esta sección!

    Licantropunk, a mi “Underground” no me parece de las mejores de Kusturica, y me gusta más esta. Claro que si hubiese competido con “Tiempo de Gitanos”, por ejemplo, ahí te daría la razón… El café y Angelopulos deberían servirlos juntos, je, je, pero al final merece la pena.

    Crowley, “La eternidad y un día” o “El paso de la cigueña” me gustaron más que “Paisaje en la niebla”. Ulises tiene otro tipo de significado, es cuestión de gustos, claro 😉

    Saludos y gracias a todos.

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  6. hola!! bueno esto es cine en bruto. como todo lo que no está más modelado o es más “comestible”, “digerible” gusta o disgusta. El cien de autor es tal vez la excepción pero tmb tiene propuestas que son demasiado poco inteligibles. Si se trata de profundizar y entrar en temas abstractos, Tarkovsky, por ejemplo, es un genio porque lo trabaja a todos los niveles, es un trabajo de metáfora constante -sobre el tiempo, la naturaleza, metafísica que comparte con Angelopoulos, sin duda- cuyo resultado es una poética visual extraordinaria pero que incluso parece que esté mucho más cargada de significado y llegue y emocione mucho más al espectador.
    Esta película es una maravilla, en cuanto al cine dentro del cine, (captar) esa extraña sensación de pérdida esa nostalgia de la que es difícil hablar -cinematográfica, histórica…-, es todo un acierto que sea a través de un viaje y de la figura del mismo Ulises. Como no, Keitel brillando como el gran actor que es, esta vez casi desubicado en ese paisaje y cultura profundamente europea, así que tiene cosas buenísimas peor es verdad que el metraje y el tratamiento hacen que a mucha gente no le llegue y que parezca más teórica que práctica cinematográfica… Y esto no se si es provocación, búsqueda de un cine minoritario y culto, si es que reivindica el cine de arte y ensayo,. no lo sé.. personalmente esta película me parece una joya, que toda persona que no quiera ser ajena al cine de autor debería ver.
    chao, besotes

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  7. Hola Lapor. Estamos de acuerdo en el valor de esta película, aún a falta de tijera, aunque esa disociación entre cine “de masas” y cine culto o gafapastil no acabaré nunca de entenderla del todo. El cine, como toda manifestación artística, tiene su componente subjetivo y su aceptación casi siempre está influenciada por la cultura, entendida como la dominante, no me refiero al nivel cultural de cada individuo. Sería muy largo (y muy interesate) el debate. Dentro de 30 años lo que ahora pasa desapercibido o se relega a ciertos sectores intelectualoides será quizás una obra maestra digna de estudio y culto. O, por contra, otras más vanagloriadas ahora se olviden para siempre. El tiempo suele poner las cosas en su sitio, lo ha demostrado. Lapor, me encanta leer tus reflexiones.

    Besos!

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  8. Para mi esta es una de las tres películas mas brillantes de la historia. Junto con 2001 de Kubrick, y Sacrificio de Tarkovsky.

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