Un borghese piccolo piccolo

Cine italiano de los 70, mezcla de comedia y cine político pero sin emitir denuncia o condena alguna, Un borghese piccolo piccolo funciona como radiografía costumbrista de una sociedad donde la recomendación, el favor debido y el comadreo mueven relaciones sociales ancladas en el más puro clientelismo. Una asombrosa Shelley Winters y un extraordinario (y desconocido) Alberto Sordi (porque su etiqueta son los papeles puramente cómicos) avalan el retrato tragicómico y oscuro de la época. Él interpreta a un modesto administrativo, funcionario ministerial; ella a su señora: aspiran a dejar en herencia el preciado puesto paterno a su único hijo, para lo que el padre no dudará en llegar a formar parte de una hermandad masónica, si es necesario, que se agota en los estrechos límites del grupo de empleados de la oficina donde trabaja, incluido el jefe, pero que garantiza un sistema cerrado de relaciones de casta que deja escasas o nulas alternativas a los excluidos.

Claro que todo se viene abajo cuando el hijo resulta accidentalmente asesinado por unos chorizos que pretenden atracar una sucursal bancaria en el preciso momento en que se dirige a presentarse a la oposición de rigor (porque lleva las preguntas en el bolsillo), y el piccolo padre-funcionario se encuentra en el brete de no poder vencer la burocracia más allá de su propia oficina, siquiera para obtener un ataúd con el que dar digna sepultura al hijo. Crecido por su propia ira se transformará de víctima en verdugo, tan inevitablemente loco como la sociedad de la que procede.

Mario Monicelli, considerado  el padre de la comedia italiana, impulsor de las carreras de algunos de los símbolos del cine en su país (Alberto Sordi, Totó, Sophia Loren, Anna Magnani o  Virna Lisi), fallecía el pasado 29 de noviembre, a los 93 años, tras lanzarse por la ventana, desde un quinto piso, del hospital de Roma donde era tratado de cáncer de próstata.

Sus personajes, siempre condenados al fracaso cómico, son seres sencillos inmersos en un mundo dirigido por fuerzas que les son hostiles e incomprensibles, frente a las que carecen de los recursos y las habilidades necesarias para enfrentarse sin ser apartados o destruidos. La película retrata con pasmosa crueldad la forma de ser y pensar de una sociedad vencida por la hipocresía institucional, sustentada por unas relaciones de base que no han terminado de romper el cordón umbilical que les une al feudalismo. Retrato grotesco, terrorífico y amargo, cuyo elemento caricaturesco no pierde nunca la referencia de lo humano pero que hace gala de una hiriente y pasmosa crueldad en escenas como la del cementerio, el secuestro o el negrísimo final. Decía Monicelli en una ocasión que “El humor a la italiana siempre tiene un poco de drama, de  melancolía. Pero el humor toscano (en referencia a su región de origen) es incluso más feroz, porque parte de la idea del aprovechamiento del prójimo  con bastante más maldad“. Lo que es indudable es que Monicelli ha logrado, a través de su Cine, que esa mirada tan italiana de la realidad, mezcla sutil y lúcida de risa y amargura, forme parte de la proyección del modo de ser italiano a nivel universal.


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7 thoughts on “Un borghese piccolo piccolo

  1. Que gran síntesis del cine de Monicelli, con el mismo estilo directo, claro y sencillo con el que diosecciona una sociedad que le entristece. No sabía las circunstancias de su muerte. Me recuerda al final de Primo Levi (se tiró por el hueco de la escalera de su casa una semana después de la muerte de su madre): una dimisión inesperada cuando estaban a punto de demostrar con su existencia que habían logrado superar el desencanto que les producía el mundo. No pudo ser. Muy buen texto, babel.

    Triste, triste, triste….

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  2. Sí, la verdad es que con esa mezcla de optimismo y oscuridad, junto a las circunstancias semejantes del final de sus vidas podrían vincularse ambos. Precisamente hace poco vi en una librería la biografía de Levi que escribió Ian Thompson.

    Saludos 😉

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  3. He de confesar, no sin cierta vergüenza, compa Babel, que no conozco nada del cine de Monicelli, pese a tratarse de uno de los grandes nombres del cine italiano (cine que, por otro lado, tampoco “manejo” en exceso…). Carencia que habrá que solventar dado el unánime reconocimiento que las bondades de la obra suscita entre la crítica de todas las latitudes (algo tendrá ese agua cuando tan bendecida es). Ah, y felicidades por tu texto: magnífico.

    Un abrazo y seguimos trasteando.

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  4. Acabo de hacerme con ella. Me gusta Monicelli, mucho. La última que he visto es “La Armada Brancaleone” , una especie de “Los Señores del Acero” en plan parodia. Buenísima. Pero es que este señor hacía muy buenas pelis, desde “Rufufú” hasta “Matias Pascal”, pasando por “La Gran Guerra”, “Los Camaradas” (entre las pelis que he visto de él, aún me faltan muchas) son todas excelentes.
    Saludos!

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  5. Manuel, pues eso hay que remediarlo. “La Gran Guerra” es una buena alternativa para empezar.

    Ethan, Monicelli es algo así como el Berlanga italiano. Estamos de acuerdo, imprescindible. El humor tiene muchas conexiones con el humor español.

    Saludos 😉

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