Alois Nebel, de Tomáš Lunák (2011)

Alois Nebel es un largometraje de animación checo dirigido por Tomáš Lunák, que adapta la novela gráfica homónima escrita por Jaroslav Rudiš con dibujos de Jaromír Švejdíka. La película está realizada en rotoscopia, técnica que consiste en animar los movimientos del dibujo plano a plano siguiendo una previa puesta en escena real. El resultado en este caso es excelente: los ochenta minutos de duración parecen fluir con asombrosa naturalidad por la pantalla hasta el punto de que el espectador olvida que se trata de una animación. Visualmente, es una delicia absoluta, y el blanco y negro combina perfectamente con el tono atmosférico de la historia.

Claramente influenciada por el cine negro clásico, y evocando también alguna de las películas checas más famosas de los años setenta (Trenes rigurosamente vigilados), Lunák teje un auténtico hechizo en torno a Alois, un empleado ferroviario de mediana edad que trabaja en una estación de tren en la región montañosa de la República Checa fronteriza con Polonia. Corre el año 1989, la radio da constantemente noticias sobre checos que intentan huir a través de los pasos fronterizos y el muro de Berlín está a punto de caer. Alois, con su monótona vida y su rostro sombrío parece estar de vuelta de todo. Pero los aires de cambio político evocan obsesivamente fantasmas del pasado al final de la Segunda Guerra Mundial. La niebla y la lluvia acompasan su tortura hasta terminar en un sanatorio. Cuando sale de allí, el mundo ha cambiado: el muro que divide Europa ha desaparecido, la revolución de terciopelo ha mandado al traste el régimen comunista y la vieja estación de Bílý Potok ha encontrado quien le sustituye.

Alois Nebel evoca cuentos clásicos e historias ancestrales: el bosque oscuro, las casas aisladas en las colinas, los trenes y las estaciones solitarias, las tormentas, la incesante lluvia, pero es absolutamente moderna en todo lo demás. La película repasa momentos cruciales de la historia europea resonantes todavía en la memoria de muchos, pero también es la historia de un hombre, de su vida cotidiana y la insidiosa realidad que le rodea. Alois se ve envuelto en una maraña de traiciones, historias de contrabando, fugitivos que huyen en la noche y el  recuerdo de una mujer de su pasado. Alois se muestra casi siempre estoico y pasivo frente al mundo exterior. A pesar de ello, la historia resulta conmovedora y hay una gran sensibilidad y empatía bajo cada escena de esta joya, destinada probablemente a convertirse en un clásico de la animación europea. Al tiempo.

El gourmet solitario, de Jiro Taniguchi y Masayuki Kusumi

A nadie se le escapa que la cultura del cómic en Japón es mucho más abundante y diversificada que en el mundo occidental. El manga es todo  un hito intrínseco al ocio nipón, y la variedad de producción dirigida a sectores concretos de la sociedad encuentra en aquel país su paradigma. En Japón, del mismo modo que se editan mangas infantiles, claramente diferenciados los orientados a niños o niñas, existe una gran producción de manga dirigido al público adulto, a la vez muy especializado, atendiendo a los diversos aspectos de la vida y sectores sociales de su cultura. La consecuencia es una diversidad editorial ingente,  mientras todos encuentran su público, ya que existe manga para casi todos los terrenos culturales, lúdicos o profesionales: los hay sobre historia, sobre economía o negocios, sobre amas de casa, sobre informática, sobre samurais, videojuegos o sobre Gon…  y un género que tiene su público específico y fiel es el manga gastronómico.

El gourmet solitario, dibujado por Jiro Taniguchi y con guión de Masayuki Kusumi, se enmarca dentro de este último sub-género. Casi todos hemos ido alguna vez a un restaurante japonés, hay que reconocer que en los últimos años este tipo de establecimientos han adquirido una dimensión considerable dentro de nuestra oferta gastronómica. A estas alturas resultaría ocioso insistir, por tanto, en la riqueza culinaria japonesa. Lo que seguramente es menos conocido es la riqueza gastronómica existente en Japón en su vertiente más popular, que es la que va degustando el protagonista de esta obra, Goro Inokashira, a lo largo de los 19 capítulos, que se corresponden con 19 ubicaciones de Tokio y provincias. Inokashira es un comerciante que se mueve de un lado a otro, siempre solo, para visitar a sus clientes. Cada día es una ocasión para conocer un nuevo lugar o  redescubrir otro que evoca recuerdos de su pasado. Con ellos su gastronomía, aquella que tiene un carácter de masas y es menos conocida en los restaurantes japoneses occidentales. Arroz en sanya, kichijoji, mamekan de asakusa, yakimanju de anguila, jetbox de sumai o arroz hayashi son algunos de los placeres culinarios que nos ofrece la lectura de este manga, junto a otros platos occidentales, o de origen chino, coreano o sub-asiático, todos convenientemente adaptados a los gustos y costumbres japoneses.

Pero también da buena cuenta de la cultura culinaria que recorre a las gentes de este país, para los que la comida va más allá de lo puramente alimenticio, constituyéndose en todo un ritual y una auténtica aventura en cada episodio. El equilibrio entre los distintos manjares es, además de  una de las claves del buen yantar , uno de los aspectos más cuidados por el trajeado Inokashira, para quien seguramente supondría toda una aberración vernos a los occidentales comer pan acompañando a unos espaguetti. Una lectura curiosa y muy agradable, porque más allá del interés puramente gastronómico, El gourmet solitario nos va ofreciendo, siempre de manera muy sutil, pequeños y exquisitos bocados de la sociedad japonesa contemporánea, junto a múltiples detalles que nos hacen ir descubriendo el carácter del protagonista (siempre de manera no explícita, casi insinuante), que hacen que este manga trascienda lo puramente gastronómico y nos permita reflexionar y comprender un poco mejor la idiosincrasia del pueblo japonés.

Gainsbourg, vie héroïque (Joann Sfar, 2010)

Primer largometraje de Joann Sfar, quien cuenta con amplio reconocimiento en el mundo del cómic por la serie El gato de rabino o La mazmorra. Se trata de un biopic del cantante Serge Gainsbourg, polémico artista icono del pop francés, subversivo y provocador que conmocionó a Francia en su día con sus temas escandalosos, estilo innovador y despreocupada alegría de vivir.

El relato de Gainsbourg, judío de origen, comienza siendo niño, durante la ocupación alemana de las calles de París, época en la que ya comienza a despuntar su precocidad y controvertido carácter. Continúa en su etapa juvenil, cuando su amor por la poesía y la pintura le movían hacia una vida bohemia con pocas perspectivas de futuro y culmina en una tercera fase, cuando abandona la pintura, dejándose embaucar por los cabarés transformistas de los años 60. Es entonces cuando comienza su carrera artística a la vez que mujeriega y provocadora.

Cuenta entre el reparto con Eric Elmosnino como Gainsbourg, de asombroso parecido con el artista, y la modelo Laetitia Casta en el papel de la mítica Brigitte Bardot, quien no lo hace nada mal para mi sorpresa, mientras Lucy Gordon interpreta a Jane Birkin, con quien Gainsbourg grabó su famoso tema “je t´aime… moi non plus”, polémico en su época por estar inspirada en la figura de Brigitte Bardot  e incluir en ella sonidos simulados de un orgasmo femenino.

La historia está narrada a modo de cuento un tanto desconcertante para el espectador que espere ver un biopic al uso. Para comenzar, la película introduce desde el primer momento un personaje animado a modo de caricatura del artista que simula la conciencia del protagonista, un alter ego, y Lucien Gansbourg, quien más tarde adoptará el nombre de Serge Gainsbourg pasa largos minutos conversando con su doble imaginario. La estética es elaborada, surrealista y por momentos evocadora del más puro estilo Jeunet en numerosos planos, cosa por otra parte comprensible si tenemos en cuenta los antecedentes de Sfar en el mundo del cómic y el gusto del dúo Jeunet-Caro por este tipo de composición.

Pero los referentes más interesantes de la película, además del estético, no son otros sino el cine francés contemporáneo al propio Gainsbourg, ya que la película encierra un radicalismo formal considerable, esa técnica tan espontánea y fresca en la que la libertad narrativa prima por encima de cualquier convencionalismo que hizo suya de modo absolutamente innovador la Nouvelle Vage. Se trata de una visión personalísima del director y guionista, basada en un cómic escrito por él mismo y no de una verdadera biografía, donde prima el naturalismo y la fantasía del personaje de Gainsbourg, que probablemente desoriente quien vaya a contemplar  un relato objetivo de la vida del personaje tal como lo encontraría en la wikipedia pero en imágenes. Tan poco convencional, por ejemplo, como en su día lo era narrar una historia policial del modo que Godard lo hacía en Pierrot le fou.

La voluntad del director es presentar la figura de Gainsbourg tal como el lo ha imaginado y nada más.

Defecto o virtud, según se mire, porque mientras pasan casi volando algunas etapas de su vida y otras son directamente suprimidas, el autor recrea convenientemente aquellas de las que puede obtener mayor filón narrativo. No son ni los momentos más conocidos por la propaganda mediática de la época (como el origen de la controvertida canción, de la que solo escuchamos hasta la segunda estrofa) ni los distintos artistas como Juliette Greco o las referencias rapidísimas a Françoise Hardy o J. Hallyday, que pasan en un plis por delante de nuestras narices, los que centran el relato, porque son presentados como si no tuviesen la menor importancia dentro de lo que Joann Sfar pretende contarnos. Staf quiere a su personaje, a su mundo, su imaginación y sus deseos por encima de todo. Y parece oponerse a contar la historia que casi todos conocemos de antemano, para él  carece de sentido relatarla de nuevo con los parámetros tradicionales de cualquier biopic. Gainsbourg, una vida heroica supone una regresión al cine francés espontáneo, a la absoluta libertad creativa, a la experimentación y, lo más importante, al cine como juego constante que se atreve a  cuestionar sus límites frente a otros medios. Nadie podrá estropearnos la película, del mismo modo que nadie puede estropearnos contemplar una obra de arte aunque conozcamos de antemano en qué consiste y todo su proceso creativo. Cine francés en estado puro y, en mi opinión, el resultado es sobresaliente..

Stitches, de David Small

Justo ayer terminé de leer esta novela gráfica que firma David Small, la primera que publica en el género y vaya manera de aterrizar: una aterradora historia de la vida, autobiográfica en este caso, que podía haber sido imaginada por el mismo Kafka. Lo mejor es no saber nada de antemano sobre la trama, por lo que os recomiendo, si tenéis intención de leerla, googleéis poco y le otorguéis un voto de confianza, porque es realmente espeluznante. Ya parece un tópico decir que la realidad supera muchas veces la ficción, pero en este caso viene al pelo la trivialidad, porque el contenido del relato es terrorífico, claustrofóbico y, para colmo, real como la vida misma. Solo diré que David Small nos concede un asiento de primera fila a su infancia, a un drama familiar gótico donde él, protagonista de esta historia, se convierte en objeto mudo e involuntario de la frustración de una siniestra familia en la que no es aceptado. El libro ilustra fenomenalmente la complejidad de la relación con sus padres, las propias frustraciones y cómo perder la voz marcará su evolución superando las dificultades hasta la propia aceptación a pesar de la traumática infancia que nos describe en la casa familiar desde los seis a los dieciséis años.

Con poco texto, el necesario a la vez que bien resuelto, el peso fundamental del relato recae sobre el dibujo en blanco y negro, realizado a lápiz a modo de boceto inconcluso. Dibujos y más dibujos cargados de silencios y desengaños en una casa donde la madre impone su particular tiranía, el padre se desahoga con un saco de boxeo en el sótano, el hermano mayor aporrea una batería y David, con solo seis años, crece completamente solo acompañado de sus pesadillas reales e imaginarias. A medida que las imágenes aparecen en el libro nos sumergimos en este drama familiar hasta llegar a la cumbre, cuando su padre le confiesa las razones por las que su infancia adquirió semejante cariz.

La escasez de narrativa formal a favor de la ilustración transmite al lector el vacío silencioso con el que transcurre la vida de David, una extraña mezcla de culpabilidad y vacio interior que va haciéndole sentir terror a la vez que desprecio para consigo mismo, proporcional al que va generando respecto a sus padres, una situación muy kafkiana. Sin embargo, al final de la novela ofrece cierta redención respecto a sus progenitores a la vez que para consigo mismo, cuando al madurar comienza a verlos como seres humanos reprimidos, tal vez miedosos y, sin justificarles, abandona en gran medida la imagen monstruosa que embargó su infancia. Una novela realmente emotiva, bien lograda artística y psicológicamente devastadora que deja al lector tan mudo como al protagonista, atrapándonos de lleno en la pesadilla de los funestos seres que rodearon la vida en directo del autor.

El apartamento, de Kang Full

Primera entrega en España de este thriller de Kang Full (Kang Do-yong), filólogo coreano que ha decidido vivir de su pluma y sus dibujos. Comenzó hace algunos años publicando historietas en su propia web y ha llegado a convertirse en un autor referente entre el comic online en su país. Uno de sus éxitos, Manhwa Sentimental fue incluso llevado al cine en 2008. Además de trabajos en la red, Kang Full es hoy un habitual de la prensa coreana, donde publica con regularidad tiras cómicas de contenido social y político.

Antes de la publicación en nuestra lengua de este manhwa (manga coreano) ya pudimos deleitarnos con otro de sus trabajos: “El Idiota”. Tras leerlo, había tomado buena nota del autor porque logró atraparme con una historia aparentemente muy simple pero que esconde reflexiones, hechas con gran sensibilidad, sobre la vida y lo que esperamos de ella. Nada que ver argumentalmente con “El apartamento“. Esta vez se trata de un apasionante thriller de terror psicológico cuyo protagonista es un joven de 29 años, periodista para más señas, quien en su insulsa existencia encuentra entretenimiento mirando por la ventana al edificio de apartamentos que hay frente a su casa. Mal pasatiempo, porque su actividad le llevará a ser testigo de una espiral de crímenes que se suceden noche tras noche al apagarse las luces y -la curiosidad mató al gato- a la búsqueda de una explicación para calmar la inquietud y desasosiego que le causa el descubrimiento. La verdad es que Kang Full logra el interés in crescendo del lector en esta historia de terror y suspense, pues una vez comenzada resulta difícil abandonar la lectura. El dibujo sencillo, casi infantil, con el que acompaña el relato, no delata a primera vista los misterios que encierra, pero me ha encantado. O tal vez la que escribe no esté demasiado habituada al cómic coreano. De cualquier modo, es el primero de cuatro más que saldrán a lo largo de los próximos meses y ya estoy deseando hacerme con el siguiente número para ver cómo continua.

Más información sobre “El apartamento” en dosier pdf

Tres recomendaciones para cerrar 2009

Se acercan fechas navideñas y este blog se toma unas mini vacaciones hasta el año nuevo, no sin antes dejar algunas recomendaciones que, por razones de tiempo, no han cabido en una reseña completa pero que en mi opinión merecen al menos esta pequeña mención.

La fiesta salvaje se distribuye como un cómic aunque no es exactamente eso. Se trata de una adaptación gráfica hecha por Art Spiegelman de un poema erótico firmado por el neoyorkino Joseph Moncure Marche en 1928. El autor también fue ensayista y columnista para New York Times y New Yorker, y es más conocido por otra de sus obras, The Set-up, un poema largo sobre boxeo que fue adaptado por Robert Wise para el cine. Tras su éxito, Moncure se trasladó a Hollywood, donde escribió y adaptó numerosos guiones, entre otros para Howard Hudges.

La fiesta salvaje es un poema largo a base de pareados, un clásico perdido que fue censurado tras su publicación en Estados Unidos por pornográfico, hecho que le llevó a convertirse en una obra de culto. No se recupera hasta 1968, año en que se publica junto a una pequeña biografía, pero en una versión censurada que elimina cualquier referencia antisemita. Esta es  su primera edición en España, a cargo de Mondadori,  y salió a la venta el pasado noviembre. Ambientado en los locales de jazz de los años 20, supone una avanzadilla del cine negro venidero de tono ciertamente pulp. Una reina del vodevil, un payaso homosexual y un escritor, Black, se entremezclan para tejer el retrato del ambiente lumpen de los tugurios musicales de la época; una época que hoy se nos presenta como baluarte del romanticismo y que ha ocupado numerosas páginas del cine y la literatura. Sexo, alcohol, violencia conyugal y prejuicios  sexuales y raciales son hilvanados por el autor en este poema en casi 100 páginas de ritmo vertiginoso, donde asoman influencias del expresionismo alemán y del incipiente cine negro norteamericano.  Las poderosas ilustraciones de Art Spiegelman a base de ángulos y curvas desgarradas pero a la vez elegantes, todas en blanco y negro, combinan a la perfección con el tono underground del trabajo.

La segunda recomendación es también un libro. Ya sé que no tengo perdón, porque todavía a estas alturas no he visto la película, cosa que haré en cuanto tenga algo de tiempo y me sea posible. De cualquier  modo creo que no se ha dado suficiente importancia a la novela de Francisco Pérez Gandul, ensombrecida quizás por el éxito, seguramente justificado, de su adaptación a la pantalla. Porque además de ser un buen libro de género, Celda 211 es un relato fantásticamente narrado y con un sorprendente manejo de la voz narrativa que merece su lectura independientemente de haber visto la película. Su estructura está compuesta a base de monólogos que se alternan en sucesivos capítulos con el relato de las situaciones, todos escritos en primera persona que  a su vez corresponden  a los personajes del relato. Cada uno está  hecho con estilo literario y registro lingüístico distinto, acorde con el personaje que en cada momento vive las diversas situaciones, hecho que difícilmente puede recoger un guión de cine que, por lo que he podido leer, se ciñe al desarrollo de los hechos de manera más o menos fiel, pero que no nos traslada a la piel de cada uno de sus personajes como tan bien logra hacer el libro. Y si la película es un oasis dentro del cine patrio de género, la novela merece ser destacada en el actual panorama de la narrativa española contemporánea.

Y la última recomendación, para no perdérsela y muy acorde con las fechas es la última producción de Spike Jonze estrenada recientemente en los cines: Donde viven los monstruos. Una adaptación del clásico infantil obra de Maurice Sendak, publicado por primera vez en 1963 y que ha reeditado Alfaguara. Cuenta la historia de un niño rebelde y muy poco paciente que se escapa tras una discusión con su atareada madre y se interna en el bosque en busca de la Tierra de las Cosas Salvajes, donde poder dar rienda suelta a su imaginación y a sus travesuras. La película mezcla técnicas de animación informática con muñecos reales y se puede disfrutar en familia, aunque con reservas para el público demasiado pequeño. Tiene un toque muy poco convencional, grandes dosis de imaginería y sólo se le escapa algún tono excesivamente moralizante que desmerece el conjunto; conjunto que a pesar de todo hace merecer la entrada pagada en la sala. Una fábula sobre la infancia y el crecimiento que, además de resultar visualmente fantástica, explora sentimientos humanos con grandes dosis de realismo (de ahí que tal vez no sea demasiado recomendable para llevar a niños muy pequeños). Los personajes y sus conversaciones no solo están muy bien trabajados, sino que son de una profundidad psicológica notable. Me gustó especialmente el diálogo sobre la muerte del Sol, pero hay muchos elementos del guión que no tienen desperdicio y que van bastante más allá del simple relato del libro, pues consigue llevarnos muy de cerca a la mente de un niño hiperactivo como es el protagonista. Es un trabajo en el que guión, dirección, puesta en escena y banda sonora confluyen casi a la perfección escena tras escena, aunque quizás el excesivo perfeccionismo le resta naturalidad y credibilidad suficiente para llegar a conmover.

Felices fiestas a todos y hasta  el año venidero 😉

El Arte de Volar (Antonio Altarriba/Kim)

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Mi primer contacto con este libro fue a mediados de mes, en una librería próxima a donde trabajo, y me llamó la atención por su portada y por el creador de las viñetas, Kim (Martínez el facha, única tira que se publica en El Jueves desde su inicio), ya que del autor del guión, Antonio Altarriba, no conocía prácticamente nada.  Se trataba de una primera edición, limitada a mil ejemplares, que en principio se me antojó excesivamente cara para adquirirla así, sin tener demasiada idea de qué iba aquello. Como disponía de algo de tiempo, comencé a leer allí mismo. Llegué del tirón hasta la página 39, momento en que reparé en la empleada de la tienda, observándome con ánimo de encontrar el modo de llamarme la atención, dado que llevaba algo más de media hora absorta en la lectura. ¿Le puedo ayudar en algo?, preguntó con cierto tono agresivo y cara de pez al notar que me había percatado de su presencia. No se preocupe, ya me he decidido. Y el libro se vino conmigo en dirección a la caja.elartedevolar01

Lo cierto es que el relato engancha desde la primera viñeta, tanto por el dibujo como por el texto, ambos magníficos. Antonio Altarriba narra de modo biográfico, basándose en las notas que durante años había escrito su padre, y añadiendo algunos elementos de ficción, la vida de su progenitor, que no es sino un recorrido personal por prácticamente el último siglo de la Historia de España.

“La política se apoderaba de todo y la vida se nos hacía Historia… Y la Historia hace más difícil la vida…”

Relatado en primera persona, a modo de memoria, elaborado desde el punto de vista de un hombre cuya existencia estuvo marcada por el fracaso y la frustración, a nivel personal y también en cuanto al anhelo de construir un mundo más justo, como tantos otros alguna vez soñaron, ataviados en la lucha con las alas de la confianza y el empeño, mientras la Historia les daba constantemente la espalda.

“Había una gran ebullición ideológica y todos hervíamos en la salsa agridulce de la penuria y la ilusión…”

El punto de partida es un hecho real, el suicidio de Antonio Altarriba padre, que se lanzó al vacio desde un cuarto piso de la residencia geriátrica en la que vivía voluntariamente, para poder -dijo- al fin volar libre. A partir de su muerte, Antonio Altarriba -hijo- elabora la crónica de toda una generación de españoles, relatada a través de las circunstancias y los sentimientos de su padre, quien a pesar de tratar de dirigir su destino se vio siempre arrastrado por los acontecimientos que la Historia de su país le mandó vivir.

“Supe que la guerra iba a ser larga y cruel, porque las guerras en las que interviene Dios siempre lo son…”

El padre de Altarriba, un desterrado al igual que tantos otros perdedores de la guerra, fugitivos, exiliados, prisioneros en campos como el de Arlés en la Francia del Pacto de No Intervención unos meses antes de estallar la Segunda Guerra Mundial, luchará en la resistencia francesa, regresará a la España vencida para sumirse en el multitudinario exilio interior de los miles de españoles que se quedaron, vivirá la pactada caída del régimen cuarenta años después, la restauración monárquica, la nueva democracia, sin encontrar nunca el horizonte del otro mundo por el que siempre continuó luchando. El relato, muy bien documentado, es intenso a la hora de retratar la condición humana; pero también respetuoso y sincero, y trata quizá de buscar los motivos o la coherencia a muchas de las decisiones del padre, sin entrar a juzgarlas, pero en las que a modo de espejo se representa un despiadado dibujo del siglo XX español que sin duda alguna conforma la sociedad no demasiado estable en la que vivimos actualmente y, quien sabe, si todavía tendrá algo a añadir a nuestro futuro.

p-78-eadvMención aparte merece Kim, artista grafico de esta historia, porque es simplemente espléndido, no se le puede otorgar un calificativo menor. Con trazo sencillo y sin demasiadas florituras, el dibujo es enormemente expresivo, revelador, capaz de mostrar desde las situaciones más trágicas a los sentimientos más profundos con asombrosa simplicidad, pero desbordante de la sensibilidad que caracteriza a los grandes de la historieta, dejando patente página a página su dominio absoluto de la expresividad para con la figura humana, aunando con maestría las situaciones más trágicas con un más que hábil sentido del humor. El conjunto, argumental y gráfico, dan como resultado un relato conmovedor y complejo, que eleva sin duda el nivel del cómic español y hace de esta una obra imprescindible, no sólo para los que gustan de la historieta o la novela gráfica, sino para cualquier amante de la cultura. Agotada en muchos sitios esta primera edición limitada y numerada, Ediciones Ponent ya ha sacado al mercado una segunda en formato más pequeño y económico. Yo estoy más que satisfecha de poseer el número 428 de la primera tirada, y convencida de que en lo sucesivo se hablará, y mucho, de este recomendable trabajo, porque es una joya comparable si quieren al “Maus” de Art Spiegelman, al que en mi opinión nada ha de envidiarle. Al tiempo…