Alois Nebel, de Tomáš Lunák (2011)

Alois Nebel es un largometraje de animación checo dirigido por Tomáš Lunák, que adapta la novela gráfica homónima escrita por Jaroslav Rudiš con dibujos de Jaromír Švejdíka. La película está realizada en rotoscopia, técnica que consiste en animar los movimientos del dibujo plano a plano siguiendo una previa puesta en escena real. El resultado en este caso es excelente: los ochenta minutos de duración parecen fluir con asombrosa naturalidad por la pantalla hasta el punto de que el espectador olvida que se trata de una animación. Visualmente, es una delicia absoluta, y el blanco y negro combina perfectamente con el tono atmosférico de la historia.

Claramente influenciada por el cine negro clásico, y evocando también alguna de las películas checas más famosas de los años setenta (Trenes rigurosamente vigilados), Lunák teje un auténtico hechizo en torno a Alois, un empleado ferroviario de mediana edad que trabaja en una estación de tren en la región montañosa de la República Checa fronteriza con Polonia. Corre el año 1989, la radio da constantemente noticias sobre checos que intentan huir a través de los pasos fronterizos y el muro de Berlín está a punto de caer. Alois, con su monótona vida y su rostro sombrío parece estar de vuelta de todo. Pero los aires de cambio político evocan obsesivamente fantasmas del pasado al final de la Segunda Guerra Mundial. La niebla y la lluvia acompasan su tortura hasta terminar en un sanatorio. Cuando sale de allí, el mundo ha cambiado: el muro que divide Europa ha desaparecido, la revolución de terciopelo ha mandado al traste el régimen comunista y la vieja estación de Bílý Potok ha encontrado quien le sustituye.

Alois Nebel evoca cuentos clásicos e historias ancestrales: el bosque oscuro, las casas aisladas en las colinas, los trenes y las estaciones solitarias, las tormentas, la incesante lluvia, pero es absolutamente moderna en todo lo demás. La película repasa momentos cruciales de la historia europea resonantes todavía en la memoria de muchos, pero también es la historia de un hombre, de su vida cotidiana y la insidiosa realidad que le rodea. Alois se ve envuelto en una maraña de traiciones, historias de contrabando, fugitivos que huyen en la noche y el  recuerdo de una mujer de su pasado. Alois se muestra casi siempre estoico y pasivo frente al mundo exterior. A pesar de ello, la historia resulta conmovedora y hay una gran sensibilidad y empatía bajo cada escena de esta joya, destinada probablemente a convertirse en un clásico de la animación europea. Al tiempo.

El gourmet solitario, de Jiro Taniguchi y Masayuki Kusumi

A nadie se le escapa que la cultura del cómic en Japón es mucho más abundante y diversificada que en el mundo occidental. El manga es todo  un hito intrínseco al ocio nipón, y la variedad de producción dirigida a sectores concretos de la sociedad encuentra en aquel país su paradigma. En Japón, del mismo modo que se editan mangas infantiles, claramente diferenciados los orientados a niños o niñas, existe una gran producción de manga dirigido al público adulto, a la vez muy especializado, atendiendo a los diversos aspectos de la vida y sectores sociales de su cultura. La consecuencia es una diversidad editorial ingente,  mientras todos encuentran su público, ya que existe manga para casi todos los terrenos culturales, lúdicos o profesionales: los hay sobre historia, sobre economía o negocios, sobre amas de casa, sobre informática, sobre samurais, videojuegos o sobre Gon…  y un género que tiene su público específico y fiel es el manga gastronómico.

El gourmet solitario, dibujado por Jiro Taniguchi y con guión de Masayuki Kusumi, se enmarca dentro de este último sub-género. Casi todos hemos ido alguna vez a un restaurante japonés, hay que reconocer que en los últimos años este tipo de establecimientos han adquirido una dimensión considerable dentro de nuestra oferta gastronómica. A estas alturas resultaría ocioso insistir, por tanto, en la riqueza culinaria japonesa. Lo que seguramente es menos conocido es la riqueza gastronómica existente en Japón en su vertiente más popular, que es la que va degustando el protagonista de esta obra, Goro Inokashira, a lo largo de los 19 capítulos, que se corresponden con 19 ubicaciones de Tokio y provincias. Inokashira es un comerciante que se mueve de un lado a otro, siempre solo, para visitar a sus clientes. Cada día es una ocasión para conocer un nuevo lugar o  redescubrir otro que evoca recuerdos de su pasado. Con ellos su gastronomía, aquella que tiene un carácter de masas y es menos conocida en los restaurantes japoneses occidentales. Arroz en sanya, kichijoji, mamekan de asakusa, yakimanju de anguila, jetbox de sumai o arroz hayashi son algunos de los placeres culinarios que nos ofrece la lectura de este manga, junto a otros platos occidentales, o de origen chino, coreano o sub-asiático, todos convenientemente adaptados a los gustos y costumbres japoneses.

Pero también da buena cuenta de la cultura culinaria que recorre a las gentes de este país, para los que la comida va más allá de lo puramente alimenticio, constituyéndose en todo un ritual y una auténtica aventura en cada episodio. El equilibrio entre los distintos manjares es, además de  una de las claves del buen yantar , uno de los aspectos más cuidados por el trajeado Inokashira, para quien seguramente supondría toda una aberración vernos a los occidentales comer pan acompañando a unos espaguetti. Una lectura curiosa y muy agradable, porque más allá del interés puramente gastronómico, El gourmet solitario nos va ofreciendo, siempre de manera muy sutil, pequeños y exquisitos bocados de la sociedad japonesa contemporánea, junto a múltiples detalles que nos hacen ir descubriendo el carácter del protagonista (siempre de manera no explícita, casi insinuante), que hacen que este manga trascienda lo puramente gastronómico y nos permita reflexionar y comprender un poco mejor la idiosincrasia del pueblo japonés.

Gainsbourg, vie héroïque (Joann Sfar, 2010)

Primer largometraje de Joann Sfar, quien cuenta con amplio reconocimiento en el mundo del cómic por la serie El gato de rabino o La mazmorra. Se trata de un biopic del cantante Serge Gainsbourg, polémico artista icono del pop francés, subversivo y provocador que conmocionó a Francia en su día con sus temas escandalosos, estilo innovador y despreocupada alegría de vivir.

El relato de Gainsbourg, judío de origen, comienza siendo niño, durante la ocupación alemana de las calles de París, época en la que ya comienza a despuntar su precocidad y controvertido carácter. Continúa en su etapa juvenil, cuando su amor por la poesía y la pintura le movían hacia una vida bohemia con pocas perspectivas de futuro y culmina en una tercera fase, cuando abandona la pintura, dejándose embaucar por los cabarés transformistas de los años 60. Es entonces cuando comienza su carrera artística a la vez que mujeriega y provocadora.

Cuenta entre el reparto con Eric Elmosnino como Gainsbourg, de asombroso parecido con el artista, y la modelo Laetitia Casta en el papel de la mítica Brigitte Bardot, quien no lo hace nada mal para mi sorpresa, mientras Lucy Gordon interpreta a Jane Birkin, con quien Gainsbourg grabó su famoso tema “je t´aime… moi non plus”, polémico en su época por estar inspirada en la figura de Brigitte Bardot  e incluir en ella sonidos simulados de un orgasmo femenino.

La historia está narrada a modo de cuento un tanto desconcertante para el espectador que espere ver un biopic al uso. Para comenzar, la película introduce desde el primer momento un personaje animado a modo de caricatura del artista que simula la conciencia del protagonista, un alter ego, y Lucien Gansbourg, quien más tarde adoptará el nombre de Serge Gainsbourg pasa largos minutos conversando con su doble imaginario. La estética es elaborada, surrealista y por momentos evocadora del más puro estilo Jeunet en numerosos planos, cosa por otra parte comprensible si tenemos en cuenta los antecedentes de Sfar en el mundo del cómic y el gusto del dúo Jeunet-Caro por este tipo de composición.

Pero los referentes más interesantes de la película, además del estético, no son otros sino el cine francés contemporáneo al propio Gainsbourg, ya que la película encierra un radicalismo formal considerable, esa técnica tan espontánea y fresca en la que la libertad narrativa prima por encima de cualquier convencionalismo que hizo suya de modo absolutamente innovador la Nouvelle Vage. Se trata de una visión personalísima del director y guionista, basada en un cómic escrito por él mismo y no de una verdadera biografía, donde prima el naturalismo y la fantasía del personaje de Gainsbourg, que probablemente desoriente quien vaya a contemplar  un relato objetivo de la vida del personaje tal como lo encontraría en la wikipedia pero en imágenes. Tan poco convencional, por ejemplo, como en su día lo era narrar una historia policial del modo que Godard lo hacía en Pierrot le fou.

La voluntad del director es presentar la figura de Gainsbourg tal como el lo ha imaginado y nada más.

Defecto o virtud, según se mire, porque mientras pasan casi volando algunas etapas de su vida y otras son directamente suprimidas, el autor recrea convenientemente aquellas de las que puede obtener mayor filón narrativo. No son ni los momentos más conocidos por la propaganda mediática de la época (como el origen de la controvertida canción, de la que solo escuchamos hasta la segunda estrofa) ni los distintos artistas como Juliette Greco o las referencias rapidísimas a Françoise Hardy o J. Hallyday, que pasan en un plis por delante de nuestras narices, los que centran el relato, porque son presentados como si no tuviesen la menor importancia dentro de lo que Joann Sfar pretende contarnos. Staf quiere a su personaje, a su mundo, su imaginación y sus deseos por encima de todo. Y parece oponerse a contar la historia que casi todos conocemos de antemano, para él  carece de sentido relatarla de nuevo con los parámetros tradicionales de cualquier biopic. Gainsbourg, una vida heroica supone una regresión al cine francés espontáneo, a la absoluta libertad creativa, a la experimentación y, lo más importante, al cine como juego constante que se atreve a  cuestionar sus límites frente a otros medios. Nadie podrá estropearnos la película, del mismo modo que nadie puede estropearnos contemplar una obra de arte aunque conozcamos de antemano en qué consiste y todo su proceso creativo. Cine francés en estado puro y, en mi opinión, el resultado es sobresaliente..

Stitches, de David Small

Justo ayer terminé de leer esta novela gráfica que firma David Small, la primera que publica en el género y vaya manera de aterrizar: una aterradora historia de la vida, autobiográfica en este caso, que podía haber sido imaginada por el mismo Kafka. Lo mejor es no saber nada de antemano sobre la trama, por lo que os recomiendo, si tenéis intención de leerla, googleéis poco y le otorguéis un voto de confianza, porque es realmente espeluznante. Ya parece un tópico decir que la realidad supera muchas veces la ficción, pero en este caso viene al pelo la trivialidad, porque el contenido del relato es terrorífico, claustrofóbico y, para colmo, real como la vida misma. Solo diré que David Small nos concede un asiento de primera fila a su infancia, a un drama familiar gótico donde él, protagonista de esta historia, se convierte en objeto mudo e involuntario de la frustración de una siniestra familia en la que no es aceptado. El libro ilustra fenomenalmente la complejidad de la relación con sus padres, las propias frustraciones y cómo perder la voz marcará su evolución superando las dificultades hasta la propia aceptación a pesar de la traumática infancia que nos describe en la casa familiar desde los seis a los dieciséis años.

Con poco texto, el necesario a la vez que bien resuelto, el peso fundamental del relato recae sobre el dibujo en blanco y negro, realizado a lápiz a modo de boceto inconcluso. Dibujos y más dibujos cargados de silencios y desengaños en una casa donde la madre impone su particular tiranía, el padre se desahoga con un saco de boxeo en el sótano, el hermano mayor aporrea una batería y David, con solo seis años, crece completamente solo acompañado de sus pesadillas reales e imaginarias. A medida que las imágenes aparecen en el libro nos sumergimos en este drama familiar hasta llegar a la cumbre, cuando su padre le confiesa las razones por las que su infancia adquirió semejante cariz.

La escasez de narrativa formal a favor de la ilustración transmite al lector el vacío silencioso con el que transcurre la vida de David, una extraña mezcla de culpabilidad y vacio interior que va haciéndole sentir terror a la vez que desprecio para consigo mismo, proporcional al que va generando respecto a sus padres, una situación muy kafkiana. Sin embargo, al final de la novela ofrece cierta redención respecto a sus progenitores a la vez que para consigo mismo, cuando al madurar comienza a verlos como seres humanos reprimidos, tal vez miedosos y, sin justificarles, abandona en gran medida la imagen monstruosa que embargó su infancia. Una novela realmente emotiva, bien lograda artística y psicológicamente devastadora que deja al lector tan mudo como al protagonista, atrapándonos de lleno en la pesadilla de los funestos seres que rodearon la vida en directo del autor.

El apartamento, de Kang Full

Primera entrega en España de este thriller de Kang Full (Kang Do-yong), filólogo coreano que ha decidido vivir de su pluma y sus dibujos. Comenzó hace algunos años publicando historietas en su propia web y ha llegado a convertirse en un autor referente entre el comic online en su país. Uno de sus éxitos, Manhwa Sentimental fue incluso llevado al cine en 2008. Además de trabajos en la red, Kang Full es hoy un habitual de la prensa coreana, donde publica con regularidad tiras cómicas de contenido social y político.

Antes de la publicación en nuestra lengua de este manhwa (manga coreano) ya pudimos deleitarnos con otro de sus trabajos: “El Idiota”. Tras leerlo, había tomado buena nota del autor porque logró atraparme con una historia aparentemente muy simple pero que esconde reflexiones, hechas con gran sensibilidad, sobre la vida y lo que esperamos de ella. Nada que ver argumentalmente con “El apartamento“. Esta vez se trata de un apasionante thriller de terror psicológico cuyo protagonista es un joven de 29 años, periodista para más señas, quien en su insulsa existencia encuentra entretenimiento mirando por la ventana al edificio de apartamentos que hay frente a su casa. Mal pasatiempo, porque su actividad le llevará a ser testigo de una espiral de crímenes que se suceden noche tras noche al apagarse las luces y -la curiosidad mató al gato- a la búsqueda de una explicación para calmar la inquietud y desasosiego que le causa el descubrimiento. La verdad es que Kang Full logra el interés in crescendo del lector en esta historia de terror y suspense, pues una vez comenzada resulta difícil abandonar la lectura. El dibujo sencillo, casi infantil, con el que acompaña el relato, no delata a primera vista los misterios que encierra, pero me ha encantado. O tal vez la que escribe no esté demasiado habituada al cómic coreano. De cualquier modo, es el primero de cuatro más que saldrán a lo largo de los próximos meses y ya estoy deseando hacerme con el siguiente número para ver cómo continua.

Más información sobre “El apartamento” en dosier pdf

Tres recomendaciones para cerrar 2009

Se acercan fechas navideñas y este blog se toma unas mini vacaciones hasta el año nuevo, no sin antes dejar algunas recomendaciones que, por razones de tiempo, no han cabido en una reseña completa pero que en mi opinión merecen al menos esta pequeña mención.

La fiesta salvaje se distribuye como un cómic aunque no es exactamente eso. Se trata de una adaptación gráfica hecha por Art Spiegelman de un poema erótico firmado por el neoyorkino Joseph Moncure Marche en 1928. El autor también fue ensayista y columnista para New York Times y New Yorker, y es más conocido por otra de sus obras, The Set-up, un poema largo sobre boxeo que fue adaptado por Robert Wise para el cine. Tras su éxito, Moncure se trasladó a Hollywood, donde escribió y adaptó numerosos guiones, entre otros para Howard Hudges.

La fiesta salvaje es un poema largo a base de pareados, un clásico perdido que fue censurado tras su publicación en Estados Unidos por pornográfico, hecho que le llevó a convertirse en una obra de culto. No se recupera hasta 1968, año en que se publica junto a una pequeña biografía, pero en una versión censurada que elimina cualquier referencia antisemita. Esta es  su primera edición en España, a cargo de Mondadori,  y salió a la venta el pasado noviembre. Ambientado en los locales de jazz de los años 20, supone una avanzadilla del cine negro venidero de tono ciertamente pulp. Una reina del vodevil, un payaso homosexual y un escritor, Black, se entremezclan para tejer el retrato del ambiente lumpen de los tugurios musicales de la época; una época que hoy se nos presenta como baluarte del romanticismo y que ha ocupado numerosas páginas del cine y la literatura. Sexo, alcohol, violencia conyugal y prejuicios  sexuales y raciales son hilvanados por el autor en este poema en casi 100 páginas de ritmo vertiginoso, donde asoman influencias del expresionismo alemán y del incipiente cine negro norteamericano.  Las poderosas ilustraciones de Art Spiegelman a base de ángulos y curvas desgarradas pero a la vez elegantes, todas en blanco y negro, combinan a la perfección con el tono underground del trabajo.

La segunda recomendación es también un libro. Ya sé que no tengo perdón, porque todavía a estas alturas no he visto la película, cosa que haré en cuanto tenga algo de tiempo y me sea posible. De cualquier  modo creo que no se ha dado suficiente importancia a la novela de Francisco Pérez Gandul, ensombrecida quizás por el éxito, seguramente justificado, de su adaptación a la pantalla. Porque además de ser un buen libro de género, Celda 211 es un relato fantásticamente narrado y con un sorprendente manejo de la voz narrativa que merece su lectura independientemente de haber visto la película. Su estructura está compuesta a base de monólogos que se alternan en sucesivos capítulos con el relato de las situaciones, todos escritos en primera persona que  a su vez corresponden  a los personajes del relato. Cada uno está  hecho con estilo literario y registro lingüístico distinto, acorde con el personaje que en cada momento vive las diversas situaciones, hecho que difícilmente puede recoger un guión de cine que, por lo que he podido leer, se ciñe al desarrollo de los hechos de manera más o menos fiel, pero que no nos traslada a la piel de cada uno de sus personajes como tan bien logra hacer el libro. Y si la película es un oasis dentro del cine patrio de género, la novela merece ser destacada en el actual panorama de la narrativa española contemporánea.

Y la última recomendación, para no perdérsela y muy acorde con las fechas es la última producción de Spike Jonze estrenada recientemente en los cines: Donde viven los monstruos. Una adaptación del clásico infantil obra de Maurice Sendak, publicado por primera vez en 1963 y que ha reeditado Alfaguara. Cuenta la historia de un niño rebelde y muy poco paciente que se escapa tras una discusión con su atareada madre y se interna en el bosque en busca de la Tierra de las Cosas Salvajes, donde poder dar rienda suelta a su imaginación y a sus travesuras. La película mezcla técnicas de animación informática con muñecos reales y se puede disfrutar en familia, aunque con reservas para el público demasiado pequeño. Tiene un toque muy poco convencional, grandes dosis de imaginería y sólo se le escapa algún tono excesivamente moralizante que desmerece el conjunto; conjunto que a pesar de todo hace merecer la entrada pagada en la sala. Una fábula sobre la infancia y el crecimiento que, además de resultar visualmente fantástica, explora sentimientos humanos con grandes dosis de realismo (de ahí que tal vez no sea demasiado recomendable para llevar a niños muy pequeños). Los personajes y sus conversaciones no solo están muy bien trabajados, sino que son de una profundidad psicológica notable. Me gustó especialmente el diálogo sobre la muerte del Sol, pero hay muchos elementos del guión que no tienen desperdicio y que van bastante más allá del simple relato del libro, pues consigue llevarnos muy de cerca a la mente de un niño hiperactivo como es el protagonista. Es un trabajo en el que guión, dirección, puesta en escena y banda sonora confluyen casi a la perfección escena tras escena, aunque quizás el excesivo perfeccionismo le resta naturalidad y credibilidad suficiente para llegar a conmover.

Felices fiestas a todos y hasta  el año venidero 😉

El Arte de Volar (Antonio Altarriba/Kim)

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Mi primer contacto con este libro fue a mediados de mes, en una librería próxima a donde trabajo, y me llamó la atención por su portada y por el creador de las viñetas, Kim (Martínez el facha, única tira que se publica en El Jueves desde su inicio), ya que del autor del guión, Antonio Altarriba, no conocía prácticamente nada.  Se trataba de una primera edición, limitada a mil ejemplares, que en principio se me antojó excesivamente cara para adquirirla así, sin tener demasiada idea de qué iba aquello. Como disponía de algo de tiempo, comencé a leer allí mismo. Llegué del tirón hasta la página 39, momento en que reparé en la empleada de la tienda, observándome con ánimo de encontrar el modo de llamarme la atención, dado que llevaba algo más de media hora absorta en la lectura. ¿Le puedo ayudar en algo?, preguntó con cierto tono agresivo y cara de pez al notar que me había percatado de su presencia. No se preocupe, ya me he decidido. Y el libro se vino conmigo en dirección a la caja.elartedevolar01

Lo cierto es que el relato engancha desde la primera viñeta, tanto por el dibujo como por el texto, ambos magníficos. Antonio Altarriba narra de modo biográfico, basándose en las notas que durante años había escrito su padre, y añadiendo algunos elementos de ficción, la vida de su progenitor, que no es sino un recorrido personal por prácticamente el último siglo de la Historia de España.

“La política se apoderaba de todo y la vida se nos hacía Historia… Y la Historia hace más difícil la vida…”

Relatado en primera persona, a modo de memoria, elaborado desde el punto de vista de un hombre cuya existencia estuvo marcada por el fracaso y la frustración, a nivel personal y también en cuanto al anhelo de construir un mundo más justo, como tantos otros alguna vez soñaron, ataviados en la lucha con las alas de la confianza y el empeño, mientras la Historia les daba constantemente la espalda.

“Había una gran ebullición ideológica y todos hervíamos en la salsa agridulce de la penuria y la ilusión…”

El punto de partida es un hecho real, el suicidio de Antonio Altarriba padre, que se lanzó al vacio desde un cuarto piso de la residencia geriátrica en la que vivía voluntariamente, para poder -dijo- al fin volar libre. A partir de su muerte, Antonio Altarriba -hijo- elabora la crónica de toda una generación de españoles, relatada a través de las circunstancias y los sentimientos de su padre, quien a pesar de tratar de dirigir su destino se vio siempre arrastrado por los acontecimientos que la Historia de su país le mandó vivir.

“Supe que la guerra iba a ser larga y cruel, porque las guerras en las que interviene Dios siempre lo son…”

El padre de Altarriba, un desterrado al igual que tantos otros perdedores de la guerra, fugitivos, exiliados, prisioneros en campos como el de Arlés en la Francia del Pacto de No Intervención unos meses antes de estallar la Segunda Guerra Mundial, luchará en la resistencia francesa, regresará a la España vencida para sumirse en el multitudinario exilio interior de los miles de españoles que se quedaron, vivirá la pactada caída del régimen cuarenta años después, la restauración monárquica, la nueva democracia, sin encontrar nunca el horizonte del otro mundo por el que siempre continuó luchando. El relato, muy bien documentado, es intenso a la hora de retratar la condición humana; pero también respetuoso y sincero, y trata quizá de buscar los motivos o la coherencia a muchas de las decisiones del padre, sin entrar a juzgarlas, pero en las que a modo de espejo se representa un despiadado dibujo del siglo XX español que sin duda alguna conforma la sociedad no demasiado estable en la que vivimos actualmente y, quien sabe, si todavía tendrá algo a añadir a nuestro futuro.

p-78-eadvMención aparte merece Kim, artista grafico de esta historia, porque es simplemente espléndido, no se le puede otorgar un calificativo menor. Con trazo sencillo y sin demasiadas florituras, el dibujo es enormemente expresivo, revelador, capaz de mostrar desde las situaciones más trágicas a los sentimientos más profundos con asombrosa simplicidad, pero desbordante de la sensibilidad que caracteriza a los grandes de la historieta, dejando patente página a página su dominio absoluto de la expresividad para con la figura humana, aunando con maestría las situaciones más trágicas con un más que hábil sentido del humor. El conjunto, argumental y gráfico, dan como resultado un relato conmovedor y complejo, que eleva sin duda el nivel del cómic español y hace de esta una obra imprescindible, no sólo para los que gustan de la historieta o la novela gráfica, sino para cualquier amante de la cultura. Agotada en muchos sitios esta primera edición limitada y numerada, Ediciones Ponent ya ha sacado al mercado una segunda en formato más pequeño y económico. Yo estoy más que satisfecha de poseer el número 428 de la primera tirada, y convencida de que en lo sucesivo se hablará, y mucho, de este recomendable trabajo, porque es una joya comparable si quieren al “Maus” de Art Spiegelman, al que en mi opinión nada ha de envidiarle. Al tiempo…

Cuentos de la periferia, de Shaun Tan

cuentosdelaperiferiaDescubrí a Shaun Tan con Emigrantes, un libro sin texto, sólo con imágenes, del que quedé absolutamente prendada de todos y cada uno de sus detalles, de su dibujo, su simbología, sus tiempos y su capacidad para comunicar sensaciones a golpe de luz y colores. Ahora he encontrado este libro de cuentos breves del mismo autor, que os recomiendo porque es una pequeña maravilla que nos introduce en el mundo fantástico e irreal de la periferia de una ciudad imaginaria a través de 15 historias formidables que ofrecen una muestra del inagotable  imaginario de este autor para llevarnos a un mundo surrealista, al límite de lo común y racional.

Toda una joya en escasas 98 páginas, sahun-tan-sub_eric_study_webdonde es difícil seleccionar cuál de estas historias es mejor porque todas son diferentes y tienen su qué que las hace maravillosas. Algo parecido ocurre con las ilustraciones, porque a lo largo de estas páginas, Shaun Tan se prodiga en su capacidad para tratar diferentes técnicas, encontrando (según la historia) desde grabados que recuerdan el estilo clásico japonés, dibujos a lápiz con toques realistas, collages o otros que semejan pinceladas de acuarela de lo más surrealistas. Un libro absolutamente recomendable, de esos que se leen y releen con el paso del tiempo porque está lleno de historias sencillas y delicadas rodeadas de una belleza estética poco abundante en el mundo editorial. Un pequeño botón de muestra del comienzo de uno de estos relatos, para que empecéis a disfrutarlo…

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“¿Os habéis preguntado alguna vez qué ocurre con todos esos poemas escritos por ese tipo de gente que no deja que nadie los lea?” Quizá son demasiado privados y personales. Quizá no son bastante buenos. Quizá la perspectiva de que la expresión más sincera pueda llegar a verte como algo torpe, frívolo, trillado, sentimental, pretencioso, almibarado, poco original, tonto, absurdo, recargado, confuso, aburrido o simplemente lamentable, es suficiente para que cualquier aspirante a poeta decida ocultar su obra para siempre.
Naturalmente, muchos poemas terminan destruidos inmediatamente, quemados, hechos trizas, arrojados al vater… Alguna vez que otra han acabado doblados bajo algún mueble inestable, otros encuentran su escondite detrás de un ladrillo suelto de una tubería o acaban herméticamente encerrados tras la tapa de algún viejo despertador o entre las páginas de un libro que seguramente nadie llegará a abrir jamás. Puede que alguien llegue a encontrarlos algún día, pero también puede que no. La verdad es que la poesía que nadie ha leído estará casi siempre condenada a acabar en un vasto río invisible de residuos que sale de la periferia. Bueno, casi siempre…”

Los cuatro ríos (Fred Vargas y Edmond Baudoin)

La lectura de esta novela gráfica, recientemente editada por Astiberri, ha sido todo un hallazgo. Hacía tiempo que no comentaba en el blog nada sobre el género, aunque algo ha caído en mis manos, pero “Los cuatro ríos” destaca (y mucho) de lo que se viene editando en este tipo de formato, por lo que no está de más hacer un alto en la rutina de la cinefilia para recomendar el trabajo que, además de buena calidad literaria, ofrece un interesante relato capaz de enganchar al lector desde la primera página. La artífice del guión es la escritora francesa Fred Vargas a quien, tras dos décadas publicando novela negra, le llegó el éxito en 1991 cuando dio vida al inspector de policía Adamsberg en el libro “El hombre de los círculos azules“. Desde entonces, Adamsberg se ha convertido en gancho inevitable para el público francés que sigue sus novelas (5 millones de ejemplares, ahí es nada). En España, menos popular, sus trabajos se publican con regularidad por la editorial Siruela. El inspector Adamsberg y otro de sus enrevesados casos son también el hilo conductor de “Los cuatro ríos”, que no es una adaptación de un texto pre-existente, sino que se trata de un guión original especialmente creado por la escritora para esta edición ilustrada. Un trabajo conjunto con el artista francés Edmond Baudoin (El viaje, 2005; Piero, 2007), autor de las imágenes, en algo así como una especie de encuentro entre la novela negra y el cómic con un resultado altamente satisfactorio.

La novela gráfica es un tipo de literatura considerada tácitamente como género menor, producto para público joven o personas a las que se les hace pesado involucrarse en la lectura de un libro, por aquello de que las imágenes puedan sustituir gran parte del contenido narrativo y, con ello, convertirse en una lectura chica, al tratarse de un producto aparentemente más fácill y accesible. Una visión lamentablemente errónea de un género injustamente subestimado, entre otras razones, porque los cómics o la literatura gráfica son, también, literatura sin dejar de ser arte; a pesar de que la cultura emocional de las nuevas generaciones no dependa de ellos en la misma medida que dependió la mía, y a pesar de que determinadas editoriales se empeñen  (como ocurre en el mundo del cine) en promocionar novelas gráficas que abusan de modo recurrente de temas similares, algunas veces , incluso, de los mismos autores, aunque esto sería objeto de tema aparte.  Pues bien, aparentemente todo esto no tiene nada que ver con Fred Vargas ni con “Los cuatro ríos”. Sólo aparentemente porque, para empezar, el libro carece por completo de texto narrativo en sentido estricto. Todo el desarrollo se sustenta única y exclusivamente en la interactuación de los personajes mediante el diálogo, con el que la escritora va adentrándonos  en la trama y desnudando a sus personajes con fluidez y naturalidad que se agradece: lenguaje dinámico, por momentos coloquial, lleno de “gags”, sin demasiadas florituras estilísticas, pero  también cargado de sensibilidad, imaginación y, de vez en cuando, alguna que otra dosis de ironía. El resultado es un trabajo de buena calidad, muy ameno, que hace que las algo más de 200 páginas de esta historia de robos, intrigas policíacas, relaciones familiares un tanto peculiares, oscuros asesinos psicópatas, investigaciones y sospechas logren enganchar al lector desde el principio hasta el final sin mermar en ningún momento su calidad literaria.
Además, la energía del relato y la sencillez en el lenguaje no impiden a Vargas profundizar en los personajes, cuyos caracteres dibuja con sensibilidad a través de esos diálogos hasta hacernos simpatizar con su extravagante y humana singularidad: el padre empeñado en replicar la escultura de Bernini en el vertedero de los suburbios parisinos donde vive, el joven Grégoire integrado en la delincuencia menor que se va a ver envuelto sin quererlo en un homicidio, el pintoresco aprendiz de actor recitando textos clásicos en busca de su gran oportunidad o el chico formal que tiene un empleo con el que logra a duras penas mantener al resto de su familia. El trabajo se complementa muy bien con el trazo grueso y desdibujado de Edmond Baudoin quien, con sus ilustraciones diríanse minuciosamente inacabadas, como si se tratase de primitivos bocetos, perfila los personajes e imprime al texto el realismo natural del paisaje de la “banlieue” parisina, colaborando en el disfrute de la obra sin entorpecer en ningún momento la eficacia de lo narrado. Un buen ejemplo de convergencia entre novela y cómic, lugar común donde cada artista aporta la riqueza que posee con su medio de expresión y cuyo resultado es un trabajo intrigante, enérgico, ingenioso, divertido, bien construido  y  totalmente recomendable. A ver quién, después de su lectura, se atreve a afirmar que esto no es Literatura…

Siniestras Amadas, de Jack Mircala

2009 es el año conmemorativo del bicentenario del nacimiento de Edgar Allan Poe. Con motivo del acontecimiento, es más que previsible que a lo largo de los próximos meses podamos asistir a una amplia batería de exposiciones, coloquios u otros actos evocadores de su obra, al tiempo que las editoriales aprovecharán para poner a nuestro alcance una variada colección de re-ediciones, estudios o ensayos sobre el autor. Dentro de todo el dispendio de medios proyectado, me ha parecido muy interesante la obra gráfica de Jack Mircala, “Siniestras Amadas, 22 delirios necro-románticos de Edgar Allan Poe”, un libro ilustrado que reúne poemas y textos invitando a descubrir un Poe más allá de sus conocidos relatos de terror o misterio (conocimiento que se debe, en alguna medida, a la contribución del mundo del cine), y que plasma con gran belleza su universo más poético, en ocasiones melancólico o triste, otras veces eufórico y emocionado.

Jack Mircala nos brinda su particular visión de los retratos de Annabel Lee, Frances Sargent Osgood, Letitia Elizabeth Landon o Sarah Helen Whitman, junto con el de las mujeres arquetípicas más sorprendentes del universo narrativo de Poe, como Morella, Ligeia o Berenice. Esta versión-recopilación, ilustrada con un estilo expresionista bastante cercano a la estética de Tim Burton, está realizada utilizando una particular técnica de dioramas tridimensionales a base de cartulinas cuidadosamente coloreadas con lápices de colores y otros materiales convencionales, a partir de las cuales se compone un pequeño mundo de maquetas a modo de teatrillo que posteriormente  Mircala fotografía para obtener sus efectos tan característicos. El resultado es un trabajo que da una visión muy personal de esas musas femeninas, ciertamente original y apartado del paradigma estético de terror que habitualmente acompaña la obra de Poe; un trabajo hermoso, lírico y sensible, de un romanticismo idealizado siempre elegante y de asombrosa factura plástica.

A Mircala le ha llevado 6 años preparar esta obra ilustrada en la que los textos originales en inglés han sido traducidos por el propio autor, que no sólo se dedica a la ilustración sino que se prodiga como autor de cuentos y poemas dirigidos casi siempre al público joven, entre ellos “El acertijo de Valpul” (Premio Lazarillo de Ilustración 2000, editado por Ediciones Sins Entido), o “Ciudad Monstrualia” y “Gamusoides Mircalianos” (editados ambos por Hiperión). También ha colaborado con diversas editoriales españolas y realizado numerosas exposiciones, entre las que destacan sus trabajos en 2001 y 2006 para la Semana de Cine Fantástico de San Sebastián, el Festival de Cine de Terror de Cáceres en  2007 y la que actualmente le ocupa, ya que desde el 22 de enero, organizada por la editorial Sins Entido, se exponen en Madrid los retratos de las musas de Poe creados por Mircala, con las maquetas originales de cartulina utilizadas para las ilustraciones, todo ello junto a una serie limitada de las reproducciones digitales que han dado origen a este estupendo libro.

Modotti, una mujer del siglo XX (Angel de la Calle)

Tina Modotti fue, sin duda, una mujer muy adelantada a su tiempo. De origen italiano, emigra a EEUU con sólo 17 años y comienza sus trabajos en un arte todavía incipiente en 1913: la fotografía. Allí conoce a Edward Weston, con quien se traslada a México en 1922, ciudad que dará la oportunidad a Tina de codearse con la vanguardia del arte del momento y hacer amistades como Diego Rivera, Siqueiros, Blanca Brum o Frida Kalho, En 1927 ingresa en el Partido Comunista para apoyar la lucha de Sandino, y un año más tarde conoce a Julio Antonio Mella, dirigente cubano que será para ella más que una amistad, con el que colabora en la fundación del Partido Comunista cubano. En 1930, acusada de conspiración para asesinar a Pascual Ortiz Rubio, el entonces presidente Mexicano, es expulsada del país.

Alemania, la Unión Soviética y España serán sus siguientes destinos. Cuando estalla la Guerra Civil española, se alista como voluntaria en el Quinto Regimiento a través de las Brigadas Internacionales hasta el fin de la guerra, año en el que regresa a México debido a su persecución en Europa para continuar su actividad política antifascista hasta 1942, cuando fallece de un infarto.

Basado en la biografía escrita por Elena Poniatowska, el salmantino Angel de la Calle publicó en formato de novela gráfica dos entregas sobre la vida de la fotógrafa, que fueron reeditados el pasado año por Ediciones Sins Entido en un sólo volumen de tapa dura bastante cuidado. En ese tiempo, en México, se encontraban algunos de los personajes pioneros de las letras, imágenes y pasiones del mundo por venir. En el libro descubrimos una mujer insólita, con una vida intensa, bohemia, romántica, plagada de intrigas políticas, aventura y romanticismo en esa época en la que se moría y se vivía creyendo construir un mundo mejor. Modotti es una mujer apasionada que se come la vida y a su tiempo, es la fotógrafa, la estrella del cine mudo, la modelo de pintores y fotógrafos, la amante de Weston, del muralista Xavier Guerrero, de Mella o del comandante español republicano Carlos, la agente del servicio secreto soviético, la heroína antifascista en España, la amiga de Rivera, de Machado, de Neruda… y es la artista, la fotógrafa vanguardista por excelencia, profesión y pasión que forman parte de su vida con su cámara a cuestas.


El cómic de Angel de la Calle, a caballo entre el diario personal y el documental, consiguió el Premio de la Crítica en 2005 y fue nominado como mejor obra en el Salón del Cómic de Barcelona ese mismo año. No es para menos, porque además del fantástico retrato de una mujer sobre la que merece la pena entretenerse un poco y de la que muchos desconocen su paso por esta humanidad, es un recorrido sin desperdicio sobre la época y los lugares donde la vanguardia del arte se forjaba para el futuro.

A la muerte de Modotti, Pablo Neruda le dedicó este poema:

Tina Modotti, hermana no duermas, no, no duermas:
tal vez tu corazón oye crecer la rosa
de ayer, la ultima rosa de ayer, la nueva rosa.
Descansa dulcemente, hermana.
La nueva rosa es tuya, la tierra es tuya:
te has puesto un nuevo traje de semilla profunda
y tu suave silencio se llena de raíces.
No dormirás en vano, hermana.
Puro es tu dulce nombre, pura es tu frágil vida:
De abeja, sombra, fuego, nieve, silencio, espuma:
De acero, línea, polen, se construyó tu férrea
tu delgada estructura.
El chacal a la alhaja de tu cuerpo dormido
aún asoma la pluma y el alma ensangrentadas
como si tú pudieras, hermana, levantarte,
sonriendo sobre el lodo.
A mi patria te llevo para que no te toquen,
a mi patria de nieve para que a ti pureza
no llegue al asesino, ni el chacal, ni el vendido:
Allí estarás tranquila.
¿Oyes un paso, un paso lleno de pasos, algo
grande desde la estepa, desde el don desde el frío?
¿Oyes un paso de soldado firme en la nieve?
Hermana, son tus pasos.
Ya pasarán un día por tu pequeña tumba,
antes de que las rosas de ayer se desbaraten;
Ya pasarán a ver los de un día, mañana,
donde está ardiendo tu silencio.
Un mundo marcha al sitio donde tú ibas, hermana
avanza cada día los cantos de tu boca
en la boca del pueblo glorioso que tú amabas.
Tu corazón era valiente.
En las viejas cocinas de tu patria, en las rutas
polvorientas, algo se dice y pasa,
algo vuelve a la llama de tu dorado pueblo,
algo despierta y canta.
Son los tuyos, hermana: los que hoy te dicen tu nombre,
los que de todas partes del agua, de la tierra,
con tu nombre otros nombres callamos y decimos,
porque el Fuego no muere.

* Fotografías: “Las manos del tirititero” (1929)/ “Campesinos” (1926)

El libro de los conejitos suicidas

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La mayoría de veces que estos encantadores seres aparecen en alguna ilustración, lo hacen como dulces animalitos suaves, blanditos y peludos que escenifican el lado amable de la vida. Sin embargo, en esta ocasión, hartos de vivir, han decidido abandonar este mundo cruel y recrearse mostrándonos  distintas ideas para poner en práctica tal fin. Sin diálogos, su autor, el británico Andy Riley, no expone los motivos por los que sus deliciosos protagonistas han decidido suicidarse. Pero os puedo asegurar  que hacía mucho que no me reía tanto leyendo un cómic: es hilarante,  muy imaginativo y está hecho desde un negrísimo sentido del humor.

No debo ser la única que opina así, porque  en sólo un año va por su tercera entrega y no tarda demasiado en desaparecer de las librerías. Así que ya tenéis una idea para un original regalo en las fiestas que se avecinan. Eso sí, estudiad bien al destinatario, porque lo que es seguro es que, quien lo reciba, no os olvidará fácilmente; o sí, quién sabe…

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Peur(s) du Noir (2007)

Paredes que crujen en una enorme y solitaria casa vacía. Ruidos inexplicables en la soledad del bosque siniestro. Arañas cepillando con sus patas la piel desnuda. Perros a la caza de incautos en la fría noche. Agujas hipodérmicas secuestradoras de sueños. Vísceras encerradas en botellas de formol… Seis increíbles artistas del cómic y la ilustración prestan sus dibujos al celuloide para crear esta película colectiva de pesadillas oscuras sin color, sólo el blanco, el negro y el gris. Son, ni más ni menos, que Blutch, Charles Burns, Marie Caillou, Pierre Di Sciullo, Lorenzo Mattotti y Richard McGuire.

Miedo a la oscuridad no es un montaje de cortos preexistentes. Las piezas fueron creadas para este proyecto y comparten la visión y el trazo personal de cada autor al servicio de nuestros miedos más profundos, el miedo a lo que no se ve, a aquello que, sin razón, nos aterra. Tampoco es una sucesión secuencial de cada  pieza; sólo cuatro se muestran de modo ininterrumpido, completo ( son las de Burns, Caillou, Mattotti y McGuire), mientras que el trabajo del francés Blutch y el de Di Sciullo recorren todo el film introduciendo el resto de animaciones.
Incluso, alguna se presenta intercalada, no resolviéndose su final hasta los títulos de crédito, aportando cohesión al conjunto.
Un cruel aristócrata y sus perros son el hilo conductor de las demás historias: El precoz científico y sus extraños especímenes, una niña japonesa intimidada por sus fantasmas (propios y ajenos), el hombre que se refugia de una tormenta de nieve en una aterradora casa victoriana, un pueblo italiano asolado por una misteriosa bestia… Pero no quiero de ningún modo adelantar más del contenido del largometraje, lo mejor es verlo sin saber demasiado sobre su argumento. Decir, sin embargo, que lo mejor del film no es la propia narrativa, puesto que las tramas que desarrolla no son excesivamente novedosas dentro del género del terror. Lo más interesante es la calidad artística de cada una de las animaciones, todas muy diferentes y personales, en la que queda patente la variedad trasladada al plano estético de cada creador, pudiendo ver en la cinta desde líneas geométricas en singular movimiento, realismo a base de lápiz y sombras, o trazos más figurativos que van dibujando estas historias intercaladas que transcurren por distintos senderos del terror. Personalmente, me ha gustado mucho el trabajo de Mattotti, pero sobre todo el de Burns con su trazo atormentado, introspectivo, opresivo y su historia digna del mismísimo Kafka.
La película llevaba más de un año dando vueltas por circuitos festivaleros hasta su estreno el pasado 24 de octubre en Estados Unidos bajo el título de Fears of the Dark.

En Europa se presentó en 2007 en el Festival de Roma, y amén de algún pase especial en París o Londres, sigue sin estrenarse en sala comercial alguna. Y en España, pues siquiera hay noticias de un posible doblaje; así que, para los interesados, decir que lo más probable es que haya que esperar a su edición en DVD, y para los impacientes (como la que escribe)… pues, ¡bendito sea internet!

  • Trailer del reciente estreno en Estados Unidos:

Bajo el aire (Osamu Tezuka)

No es lo que más abunda entre la literatura gráfica de mi pequeña colección, y mucho menos me considero una otaku, pero de vez en cuando me gusta leer algún manga, y si vienen firmados por el 漫画の神様 (manga no kamisara, dios del manga, en japonés) y son de la calidad de “Bajo el aire”, pues me quedo profundamente satisfecha de mi adquisición. Porque Osamu Tezuka (Osaka, 1928-1989) es el autor más importante de la historia del cómic de Japón, ya que, gracias a él solito y a sus aportaciones, el manga es hoy tal como lo conocemos, tanto a nivel narrativo como gráfico; incluso, comercial. Con 19 añitos ya revolucionó completamente el mundo de la historieta en su país, que hasta entonces consistía en tiras de cuatro o cinco viñetas que se publicaban en la prensa, sacándose de la manga (nunca mejor reiteración) una historia de casi 200 páginas: “Shin Takarajima” (La nueva Isla del Tesoro). Posteriormente vinieron trabajos más famosos, como “Astroboy” o “La princesa caballero“.
Tras este exitoso período, Tezuka monta su propia productora para hacer anime de sus propias obras, en capítulos semanales de 20 y 25 minutos, aunque este intento independiente fracasó, y volvió a dedicarse completamente al manga.
Su éxito, especialmente en lo que a historietas infantiles y juveniles se refiere, fue en aumento, y la influencia de sus obras perdura hoy entre los autores japoneses. Sus cómics han sido traducidos a decenas de idiomas, y en su haber cuenta con unos 700 mangas, más de 1.500 páginas y cerca de 60 películas en sus 35 años de trayectoria. Este impacto no se limita sólo a Japón: Stanley Kubrick le ofreció la dirección artística de “2001, una odisea en el espacio” (oferta que rechazó), y la influencia recíproca en productoras como Disney es innegable: “Astroboy” tiene bastante de Mickey Mouse; “El rey León”, muchísimo de “Kimba, el león blanco”.
Pero entre la dilatadísima producción de manga de Tezuka no sólo hay cómics infantiles. Entre los 70 y los 80, cuando sus primeros seguidores ya han dejado de ser adolescentes, Tezuka sabe ofrecer, inteligentemente, una serie de relatos a la medida de las nuevas exigencias de su público. Títulos como Adolf (sobre tres hombres llamados Adolf, entre ellos Hitler), “Buda“, o “Black Jack” figuran, desde mi punto de vista, entre sus mejores producciones de esta línea para adultos de Tezuka. Entre 1971 y 1972, la ya desaparecida editorial japonesa Asahi Sonorama publica, en dos volúmenes, una serie de relatos que, desde una perspectiva cercana a la ciencia ficción, nos abre los ojos a las miserias humanas más bajas, desde los horrorosos crímenes nazis a la mendicidad personal más cruel y realista. Esta colección es la que ha editado en castellano Dolmen con el título de “Bajo el aire“.
Un total de 16 historietas cortas, de unas 20 páginas cada una, donde hay de todo un poco, pero cuyo denominador común es el enfrentamiento del bien y el mal, muchas veces representado por el blanco y el negro o por la exageración en el trazo del dibujo. Ese límite en la mente del ser humano que le puede llevar a cometer actos fuera de lo establecido, algo que la sociedad considere tabú, o delictivo, o simplemente contracorriente, a sabiendas de que no es lo correcto pero que, sin embargo, algunas veces se hace, todo ello narrado con una perfecta argumentación, sin dejar cabos sueltos. A partir de aquí, historias muy diversas, todas tratadas con un hábil y negro sentido del humor: desde el genocidio nazi hasta el racismo individual más intrínseco, la ridiculización del machismo en la sociedad japonesa, el incesto, el fanatismo religioso, la mafia, el destino, los secretos industriales, los medios de comunicación, la expansión de la energía nuclear… La mayoría son relatos hijos de su tiempo; otros, historias de pura ciencia-ficción, en los que se describe un nuevo inicio de la humanidad asistido por máquinas o personas que quieren renacer en pájaros. Si tuviese que elegir (difícil elección, por cierto), yo me quedaría con tres de estas historias que son las que más me han conmovido: “El hombre que buscaba a Joe“, lo más antirracista que jamás he leído; “La sangre del gato“, muy al estilo de Poe; y “La grieta“, no sólo porque trata el género negro, que me gusta especialmente, sino por el contundente mensaje intrínseco que conlleva: los personajes se encuentran en un mundo cíclico, en el que parecen destinados a hacer constantemente lo mismo, aunque siempre es posible encontrar una “grieta” en el sistema, donde cualquiera puede tener su lado bueno, incluso en las situaciones más críticas, tan sólo hay que saber encontrarla. Haceos con él porque es de lo mejorcito que se ha publicado en manga últimamente. No tiene desperdicio.

Carmilla, la mujer vampiro

Estas imágenes corresponden a mi último hallazgo en la tienda de cómics: la adaptación gráfica titulada “Carmilla” que ha hecho el fotógrafo granadino Gustavo López Mañas de la obra homónima del siglo XIX escrita por Joseph Sheridan Le Fanu; una particular visión de esta novela en la que la narración viene arropada con 50 fotografías a página completa que no me cansaría de elogiar porque son un escándalo. Las tomas están realizadas con modelos reales, retocadas e informatizadas a posteriori con herramientas de la ilustración digital. Imágenes extraordinarias e impactantes, de inusual belleza, llenas de fuerza, que desbordan creatividad y talento a raudales.


El texto que acompaña las ilustraciones consiste en una selección de fragmentos transcritos de la versión original, con su correspondiente traducción al castellano página a página, todo sobre fondo negro y papel satinado, que acompaña perfectamente al tono oscuro, decadente, romántico y terrorífico de la obra.

Mucho se ha hablado sobre los verdaderos referentes que aproximaron a Bram Stoker al mundo de los vampiros. Pero no caben demasiadas dudas de que una parte importante de la inspiración para la creación de “Drácula” proviene de su compatriota Sheridan Le Fanu y, en particular, de “Carmilla“, una novela corta que se publica por primera vez en “The Dark Blue” en cuatro números, entre enero y abril de 1872.

Carmilla es una joven que, tras sufrir un accidente en la provincia austriaca de Estiria, junto a la frontera de Hungría, se refugia en un apartado y solitario schloss (semejante a un castillo) donde deberá permanecer por algún tiempo. Allí viven, solos, Laura y su padre. Entre Laura y la joven vampira Carmilla se establecerá muy pronto una relación de amistad y, al tiempo, atracción física. Mientras, en los alrededores, comienzan a circular rumores de una extraña enfermedad que hace de la sangre humana una necesidad. Estética gótica, gran contenido erótico y todos los conceptos contradictorios de la literatura del género se encuentran presentes en este relato: Amor/muerte, juventud/enfermedad, ternura/melancolía, belleza/cadáver…

En la segunda mitad del siglo XIX, con una Europa en pleno desarrollo industrial, no es un hecho casual el éxito de este tipo de literatura y que numerosos autores se hiciesen eco del fenómeno del vampiro (La novia de Corinto de Goethe, Vampirismo de Hoffman, El Vampiro de Polidori, Berenice de Poe, el mismo Stoker…), que no es otra cosa sino la caricaturización de esa aristocracia rancia y en clara decadencia que ha dominado durante siglos la vieja Europa observada desde el punto de vista del nuevo orden económico y social que, la todavía joven burguesía, tendrá que consolidar. Castillos y posesiones, antaño temibles, se presentarán ahora casi derruidos, sumidos en las tinieblas y cubiertos de naturaleza salvaje. Y el relato de los paisajes, antes espléndidos y fértiles, pasará a descubrir bosques lúgubres plagados de caminos malditos y seres fantasmagóricos…

Pero Le Fanu incorpora un elemento novedoso a la literatura del género, ya que uno de los rasgos diferenciadores del personaje de Carmilla es que se trata de una vampira independiente de la figura masculina; es decir, no está sometida a ningún patriarca vampiro, sino que actúa con autonomía, con instinto propio. Se trata de un relato ciertamente transgresor, que supone un claro cuestionamiento del rol femenino en la época victoriana, en la que la conversión a vampiro es una de las pocas maneras en que la sexualidad femenina pueda aparecer públicamente relatada. Este rasgo sí es característico e innovador de la novela de Le Fanu, y no se va a dar en otros autores, donde la figura femenina vendrá siempre supeditada al rol masculino del vampiro protagonista.

(…) En ocasiones, me despierto sobresaltada, porque creo haber escuchado los ligeros pasos de Camilla junto a la puerta de mi habitación“. Así que, si os decidís por ella, vigilad bien vuestros cuellos…

Fun home. Una família tragicómica.

Fun Home es una novela gráfica y autobiográfica de la autora norteamericana Alison Bechdel, basada en sus propios diarios, recientemente publicada en España por Reservoir Books (Mondadori), y que ya tiene en su haber varias menciones internacionales.

El padre de Alison, la protagonista, es un profesor de inglés autoritario y exigente, cuyo hobby es coleccionar antiguedades y la restauración, al que le gusta aplica hasta lo obsesivo estas aficiones para restaurar su casa victoriana, que es a la vez negocio familiar: una funeraria. Es un padre distante y nunca ha hecho pública su inclinación sexual, claramente homosexual. A través de esta narrativa visual, cómica y desoladora al tiempo, nos acercamos a la lucha en soledad de Alison por encontrar un lugar en el mundo, a sus miedos, a sus complejos, y al descubrimiento, al igual que el padre, de su propia homosexualidad.

A pesar del caracter de historieta, lo más destacable no son sus dibujos sino la tremenda narrativa de la que hace gala la autora. Una prosa simplemente brillante, estimulante de leer, llena de reflexiones conmovedoras que resultan una delicia, y plagada de numerosas referencias al arte y la literatura. A pesar de tratar temas como la muerte, la depresión, la orientación sexual o la determinante relación con su padre, la autora se apunta el mérito de no explicitar en exceso las emociones, ofreciéndolas en el relato a modo de matices contenidos, a veces elusivos, que le permiten revelar emociones si cabe todavía más profundas.
La lectura adquiere el tono de inteligente desafío, ya que no abusa del chantaje emotivo fácil y recurrente para justificar la distancia (cercana) para con un padre con el que comparte más cosas de las que desea. En la cadencia, desdramatizada y resuelta, la historia logra la desvinculación necesaria con el lector para permitir la propia reflexión, porque no intenta en ningún momento acercarnos a causa alguna, sino más bien mostrar estados de ánimo o situaciones a partir de lo que le es cotidiano.

El trazo sencillo de las viñetas acompaña un relato que no necesitaría de ellas para obtener idéntico resultado, pero que permiten a la autora, si cabe, reflejar mejor todo aquello que opta por no hacer evidente, haciendo que nos paremos en el dibujo para descubrir detalles sugerentes que de otro modo tal vez pasaran desapercibidos.

Alison Bechdel consigue un libro honesto y gratificante, cargado de significado y sensibilidad, de enorme calildad narrativa, que no en vano ha sido nombrado como uno de los mejores libros del año por numerosas fuentes, entre ellas The New York Times, Time Magazine (número 1 en ventas del año), Amazon.com, The Times de Londres, Publishers Weekly, Nueva York Magazine, y Entertainment Weekly.

Dinero: Revista de Poética Financiera e Intercambio Espiritual

Hace escasos días descubrí en una tienda de cómics un volumen recién salido del horno (edición abril 2008), que recopila los 5 numeros completos de la revista “Dinero” editados y agotados entre 2001 y 2005, 14 páginas de material extra e inédito, y que además incluye un prodigioso prólogo a cargo de Santiago Alba Rico titulado “Walt Disney y los terroristas suicidas”.

El autor de “Dinero” es el sevillano Miguel Brieva (1974), que tuvo que autogestionarse él solito los primeros números de su revista y dejarlos directamente en el kiosco (según afirma en entrevistas). Su éxito le ha llevado posteriormente a colaborar en El Jueves, La Vanguardia, El País, Rolling Stone, Cinemanía, Ajoblanco, etc…
La idea es más o menos la siguiente: Dios ha decidido que la Tierra ya no es rentable, y por tanto la pone en venta. Todo en la Tierra tiene precio, pero lo grave es que siempre hay álguien dispuesto a pagarlo para obtener lo que desea. Los deseos a su vez son fruto de una necesidad creada, nunca natural, cuyo creador rentabiliza con su “venta”.
Mientras todo ello sucede, Bambi y Mickey han aislado en un laboratorio a la condición humana y supervisan la guerra contra la guerrilla de la resistencia a la decisión divina de poner a la Humanidad en liquidación total. A partir de esta idea, trata innumerables temas de actualidad sumergiéndolos en esta perspectiva: la política, el futuro, la guerra, el mundo empresarial, la familia, la juventud, la ciencia, la filosofía, la literatura, los medios de comunicación, etc…

Mordaz, muy ingenioso, ácido, fascinante y capaz de hacer reir a mandíbula abierta, sus viñetas, textos de reflexión, historietas y tiras de humor que componen esta recopilación, nos abren la puerta, en clave de humor, a la reconsideración de muchas de las cosas que hacemos día a día o que simplemente están a nuestro alrededor. El dibujo, de gran calidad y contundencia, que recuerda al cómic de los años 50, critica con cinismo despiadado y humor salvaje la clase media europea, la hipocresía social y el consumismo feroz imperante en nuestros días. Sin mensajes morales ni enseñanzas para la conciencia; simplemente un retrato de cómo el dinero y el afán de consumo se ha convertido en el sinsentido de nuestras vidas, donde todo está movido por éste y nada tiene razón de ser sin él, como un boomerang que vuelve hacia quien le creó para traicionarle.

La cáustica sinrazón del mundo, pero también desde un punto de vista positivo, sin derrotismos -a pesar de su crueldad irónica- y encarando, si cabe, de modo más decidido la sociedad que nos ha tocado vivir. Divertido, para pensar y muy recomendable.

Trazo de tiza

Anoche me dormí leyendo este cómic. Es una de esas joyitas que he rescatado dedicando parte de estas vacaciones de Semana Santa a reorganizar algunas cajas que tenía aparcadas en mi casa, además de a poner al día este blog. Estaba convencida que lo había prestado a álgun amigo de esos que luego tardan en devolverlo, y reencontrarme con él ha sido una grata sorpresa. Es un cómic muy particular al que le tengo especial cariño, porque es necesario leerlo al menos dos veces para comenzar a comprender el sentido completo de lo que está contando. Requiere, además, poner mucha atención al observar el detalle de cada viñeta para captar la historia, y aún así, se pueden descubrir nuevos giros cada vez vuelves sobre él, siempre que se esté dispuesto a exprimirle hasta la última gota.

La impresión que deja la primera vez es la de un relato ciertamente sugerente, aunque no demasiado complicado: Una isla casi desierta que no figura en los mapas de navegación, cuyos dos habitantes (madre e hijo) regentan la única construcción que posee (un lugar que es tienda, posada o lo que haga falta), dos visitantes que llegan por caminos distintos y que a su vez interactúan sumergidos en su propia isla individual, un viejo faro abandonado que no funciona, una remota leyenda, sospechas, supersticiones, y el mar y sus tormentas como elemento envolvente de una historia que, a medida que avanza, se convierte en un puzle en el que no encajan las piezas, en el que no se sabe porqué los pesonajes actúan de modo muchas veces ilógico, todo ello intercaldo de hermosas citas literarias que aparentemente no vienen a cuento.. Así, poco a poco, la atmósfera creada se va alimentando de sus propios elementos hasta tornarse claustrofóbica, y necesitas salir de allí avanzando rápidamente hacia el final del libro para ver qué sucede, sin poder soltarlo.

El primer final que ofrece es magnífico.. Y digo bien “primer final” porque en este punto el autor propone un juego de complicidad al lector, volviendo sobre el relato para ofrecer otra pauta de lectura menos lineal, donde cobran sentido los fragmentos vanales de la primera parada, los pasajes literarios que no sabías muy bien para qué estaban ahí, los detalles dibujados en las viñetas que habían pasado desapercibidos, y que ahora ofrecen una historia bien distinta a la primera, mejor si cabe que esta. La originalidad y el buen saber hacer de Miguelanxo Prado queda patente en este cómic, una obra realmente singular y de gran calidad que no decepciona. Y por si su genialidad no resultara suficiente, las últimas páginas están dedicadas al maestro Hugo Pratt, con una bonita y tierna propuesta para el uso del faro abandonado de la isla…

Emigrantes

¿Qué es lo que lleva a tanta gente a dejarlo todo atrás para viajar hacia un país desconocido, un lugar en el que no tienen familia ni amigos, donde nada tiene nombre y el futuro es una incógnita? Esta novela gráfica sin palabras es la historia de cualquier emigrante, refugiado, desplazado, y un homenaje a todos los que han realizado el viaje.
El título original del libro es “Arrival”. No contiene texto, sólo el dibujo cuenta la historia de esta familia que, si bien está situada a principios del siglo XX, podría tratarse de cualquiera en la actualidad. Lo realmente impactante es el lenguaje visual, con imágenes en gris y sepia, llenas de lirismo, donde todo queda a la interpretación del lector pero donde nada se pierde, ya que el autor confiere a través del dibujo un pulso narrativo casi mágico.


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, sobre “Emigrantes”, en junio de 2006:

EMIGRANTES es un libro ilustrado sin palabras, una novela gráfica silenciosa. A través de una serie de imágenes conectadas, cuenta la historia de un emigrante anónimo que deja su país natal en penosas circunstancias, cruza un océano hasta una nueva ciudad y aprende cómo vivir en ella.

La historia podría haber ocurrido en torno al año 1900, coincidiendo con las grandes corrientes migratorias de Europa hacia países como Australia y Estados Unidos. La mayor parte de mi investigación inicial se basó en historias autobiográficas recogidas por emigrantes tanto en este periodo como más recientemente; sin embargo, el mundo del libro surge, en última instancia, de referencias directas: mi interés como artista ha sido desplazar al lector con el fin de explorar mejor la idea de ser un inmigrante dentro de una cultura ajena. La ciudad donde se ilustran la mayoría de los sucesos es imaginaria; en ella, aspectos fundamentales como el idioma, el transporte, la comida, la vivienda y el trabajo son bastante extraños y, a menudo, surrealistas.

Una de las razones fundamentales por las que decidí prescindir del texto fue destacar este principio: el protagonista no puede leer ni comprender nada, así que el lector tampoco debería poder. Además, hay una lógica interna en la que todos los detalles que pueden apreciarse a medida que la historia progresa (cómo funcionan las cosas, etc.) y la ausencia de narrativa escrita parecen invitar a una lectura visual más cercana y mucho más pausada. El misterio de ese mundo se mantiene también por la ausencia de explicaciones y sugiere un viaje irreal, que es lo que he tratado de encontrar: un equivalente ficticio a la realidad a la que se enfrentan muchos inmigrantes, tanto los de otra época como nuestros contemporáneos.

La creación de lo que es, en realidad, una fantasía “social-realista” también resulta valiosa al aprovechar la naturaleza universal de todas las historias sobre migraciones, que comparten hilos comunes en los que no importan ni los lugares ni las épocas concretas, donde los individuos son de donde vienen y adonde van. Además de no necesitar traducción, considero que el material gráfico debería ser igualmente comprensible para lectores de diferentes procedencias, careciendo por sí mismo de cualquier referencia cultural. Esto fue probablemente mi mayor desafío al diseñar el libro, que tiene un sencillo formato de novela gráfica: cómo hacer que las cosas estén claras y llenas de significado, pero sean reconocibles sólo marginalmente y estén abiertas a múltiples interpretaciones.

El estilo de las ilustraciones surge sobre todo de esas viejas fotografías color sepia, auténticos documentos de la vida social de los siglos xix y principios del xx, y de algún modo el libro se comporta como una película muda, silenciosa. Mis dibujos están hechos todos a lápiz y son bastante “fotorrealistas”; intentan crear un mundo convincente de personas, animales, edificios, objetos domésticos, vehículos y paisajes naturales, todos ellos imaginarios. Una de mis primeras ideas fue hacer que el libro se pareciera a un extraño álbum de fotografías, pues me parecía que ese tipo de álbumes eran como libros ilustrados y silenciosos.

Confío en que mi libro se “lea” en parte, como una novela sobre inmigración, pero también que vaya más allá de cualquier cuestión social: que se entienda cómo las circunstancias pueden cambiar inevitablemente en la vida de todos nosotros, y cómo las personas aprenden a adaptarse y a aceptar las nuevas situaciones, sin importarles lo extraño o desconcertante que parecen al principio. Shaun Tan nació en Australia en 1974, y es licenciado en Literatura Inglesa y Bellas Artes. Empezó a publicar sus dibujos siendo adolescente en la revista australiana “Aurealis”, y sus últimos trabajos han sido “La cosa perdida” y “El árbol rojo”, ambos galardonados con premios internacionales.

Lo que el viento trae

“Lo que el viento trae” es el último trabajo de Jaime Martín. En esta ocasión se trata de una muy buena historia de terror ambientada en una aldea de la Rusia prerrevolucinaria . Corre el año 1905, la sociedad está muy agitada, los zares cada vez más debilitados y la revolución es inminente. En medio de este panorama, un estudiante de medicina es enviado por razones políticas a un hospital perdido en los Urales, donde el anciano doctor de la localidad ha fallecido en extrañas circunstancias, y donde las supersticiones, fantasmas y demás creencias chocan con la ciencia, la medicina y los inicios de la cirujía. Un relato que atrapa desde el principio, que deja impactado en cada página. Además de la historia en sí misma, poderosa como lo fuera en su día “Sangre de Barrio” (aunque de su primera edición hace casi 20 años..!!), el dibujo, el cuidado en los detalles y el color, hacen de éste un trabajo magnífico. Los tonos grises y azulados de la mayoría del libro resultan muy acertados para describir el miedo, el frio, la desesperación de los personajes. Y sus mezclas con rojos grisáceos cuando define escenas del pasado que ayudan a entender el argumento, así como los sentimientos de dolor y angustia de los protagonistas. Las escenas que representan el viento y la muerte las ilustra con un blanco grisáceo decadente, en perfecta consonancia con el dibujo.
El álbum incluye unos contenidos extras de siete páginas, donde el autor relata cómo surgió su pasión por el mundo del cómic, algunas técnicas que usó para escribir el guión, la inspiración en Harold Lloyd del personaje principal del libro, cómo para la documentación gráfica recurrió a pintores rusos (Perov, Korovin o Bogoliubov..), el material que emplea para realizar los dibujos y las técnicas de tinta, color e impresión que más utiliza.
Pues eso, un libro con el que he disfrutado mucho, un trabajo espectacular y muy recomendable.

Shenzhen

Este cómic retrata en primera persona la experiencia del autor en la ciudad china de Shenzhen, ciudad que fue una de las elegidas por Deng Xiao Ping como banco de pruebas de la llamada economía socialista de mercado, y que desde 1980, ha pasado de los 30.000 habitantes a los casi 10 millones que tiene en la actualidad.
Guy Delise ejerció allí durante un mes como director de un equipo de animadores en un proyecto para una serie de dibujos animados. Un tiempo lleno de fallidas tentativas de comunicación con unos, malentendidos con otros, soledad, reflexiones, choque cultural, descubrimientos culinarios no siempre agradables y fines de semana surrealistas. El autor, mediante un trazo sencillo y difuminado, dotado de una habilidad creativa excepcional y un irónico sentido del humor, es capaz de transmitir con alto grado de sensibilidad las experiencias de un occidental en la vorágine de una ciudad en pleno desarrollo capitalista, muy cerca de Hong Kong. Una narracion de experiencias personales desde un punto de vista subjetivo, muy personal; y, a la vez, un retrato en parte del desarrollo de la China actual, del las diferencias de modo de vida de unas ciudades a otras, y de la realidad social a pie de calle, aunque el autor no entra en ningún momento en valoraciones políticas o sociales al respecto. Abundan además los referentes literarios, musicales y cinematogáficos, que confieren a la obra un carácter nostálgico e inteligente, y que incrementa el tono meláncólico del relato. En definitiva, una história lúcida y enérgica, a la vez que modesta y respetuosa con la cultura que da a conocer, a veces delicada y otras mordáz, para mostrarnos su vivencia aportartando su particular visión de esta metrópolis china. Recomendable, a pesar de que creo que no llega al dinamismo de su publicación anterior “Pyongyang”, un relato de su estancia en Corea con el que me divertí mucho más, y que escribió después de Shenzhen, aunque en España se ha publicado este último a posteriori. Se nota que Delisle va mejorando con el tiempo, habrá que estar atentos.

Píldoras Azules

PÍLDORAS AZULES
Frederick Peeters

Lo compré hace poco y es otro de los que me he leído del tirón. Frederik Peeters cuenta con una prosa conmovedora, llena de humor y genialidad, la relación de un dibujante de tebeos con Kati, seropositiva como lo es también su hijo de tres años. Y lo cuenta sin ningún atisbo de sentimentalismo, autocompasión o paternalismo, tan al uso en este tipo de historias. Su relación está llena de ansiedad, a la vez que admiración hacia ella.. por su coraje y por sus ganas de vivr. El resultado es una historia encarada con valentía, una historia en blanco y negro sobre la búsqueda de la felicidad y un impresionante testimonio humano. El dibujo, tremendamente expresivo, y la calidad del trazo hacen de este comic un conjunto redondo y muy recomendable.

  • Premio Jules Töpfeer de la Villa de Ginebra 2001
  • Nominado al premio Alph´Art al mejor álbum del Salón del Comic de Angoulême 2002
  • Nominado a la mejor obra extranjera en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona 2005


Maus

MAUS, de Art Spiegelman

Apasionante.. Una historia que, desde el momento que comienzas a leerla, no puedes dejar sobre la mesa hasta que no te la has comido toda. Maus es la historia de un superviviente de Auschwitz, Vladek Spiegelman narrada a su hijo Art, el autor del libro. Pero no sólo es eso; en Maus el autor hace un retrato de la relación personal con su padre, ya que va desarrollando el relato a medida que se entrevista con éste y le va contando a su hijo sus vivencias en Polonia durante el holocausto. Y no sé qué supera a qué.. si la propia narración del padre superviviente o la propia historia de Art y la relación con su padre. Lo cierto es que están perfectamente equilibrada, ambas resultan igual de interesantes, en ambas hay tantas lágrimas como risas, ambas te atrapan desde el principio al final del libro, hipnotizan a la perfección. Consigue reconstruir dos épocas y dos generaciones distintas de un modo magistral, con una calidad narrativa envidiable.. con razón se llevo el premio Pulitzer en 1992, y es la primera vez que se otorga un premio de estas características a un comic. Ratones judíos y gatos nazis, desafíos cotidianos, la reconstrucción del lenguaje del padre, humor, sufrimmiento.. logran sobradamente que, cuando acabas de leerlo, te sientas triste por dejar de estar dentro de su mundo. Chapeau.

Persépolis

PERSÉPOLIS,
de Marjane Satrapi


Este cómic es impresionante y os lo recomiendo, una obra de un gran valor humano.
Narra la conmovedora historia autobiográfica de una niña iraní en pleno fundamentalismo islámico, desde la revolución islámica hasta nuestros días.Cuando los fundamentalistas toman el poder forzando a las mujeres a llevar velo y encarcelando a miles de personas, Marjane descubre nuevas inquietudes mientras vive el terror de la persecución del nuevo gobierno y la guerra de Irán e Irak. Como adolescente la envían a Europa, donde por fin puede comparar otras culturas con el fundamentalismo religioso del que escapó. Eventualmente la protagonista se adapta bien a su nueva vida, pero no soporta la soledad y vuelve con su familia, aunque eso signifique ponerse el velo y sentirse sometida a una sociedad tiránica. Narrada con un sentido del humor excepcional, la historia no cae en absoluto en el lamento o el victimismo; tampoco en el sentimentalismo, recurso en el que hubiese sido fácil caer por su contenido. Además nos permite conocer mejor cuan ignorantes somos todavía sobre algunas culturas, y a la vez es una denuncia a la intolerancia y la represión. Un cómic con trasfondo social que ho hay que perserse.