My dog Tulip, de Paul y Sandra Fierlinger (2011)

My dog Tulip es un largometraje independiente de animación realizado en 2011, basado en las memorias homónimas de JR Ackerley, editor de la BBC y novelista. El libro cuenta la historia de los quince años que Ackerley  compartió con su pastor alemán Queenie, renombrado Tulip para la ocasión. Destinada al público adulto -nada que ver con las encantadoras mascotas Disney-, ha sido adaptado, dirigido y animado por Paul Fierlinger, con fondos y personajes pintados por su esposa, Sandra Fierlinger.

Christopher Plummer presta su voz a Ackerley,  viejo cascarrabias para quien Tulip, además de su incondicional amigo, es también una forma de mantener la distancia con el mundo que le rodea. El alsaciano, cuyas tres misiones principales en el mundo son comer, reproducirse y marcar su territorio,  gruñe a todo aquel que intenta acercarse demasiado, esa especie de mimetismo animal que los perros adoptan respecto al carácter de su dueño, para quien su amor incondicional le hace percibir el resto de compañía humana como una simple pequeñez. Pero la misantropía no impide un hueco en la vida de Ackerley para Tulip: hombre y bestia enfrentados al resto del mundo, pero llenos de alegría cuando comparten la compañía del otro, dando lugar a reflexiones casi rapsódicas sobre el simple acto de defecar, o un capítulo que es toda una instrospección narrativa sobre el objetivo de lograr una vida plena para Tulip, incluida, claro, la sexual. My dog Tulip funciona un poco como himno personal entre el hombre y el perro, un alegato sobre la cercanía y la distancia entre los animales y las personas, sin dejar de lado el sentido del humor, mientras su estilo visual encantador se encarga de no poner en duda que esto es verdadero arte.

La película está dividida en 14 capítulos y cubre un período de dos años y medio de la vida de los protagonistas. En el apartado técnico se incluyen varios estilos de animación: escenas renderizadas, simples dibujos, ilustraciones en blanco y negro y bocetos rápidos que parecen sacados directamente de un bloc de notas.

Sandra Fierlinger dibujó y pintó los cerca de 60.000 dibujos de la película, que cuenta con 460 escenas y alrededor de 600 pinturas de fondo individual. Incluye un total de 116.640 fotogramas, cada uno de ellos doble, que supone un total de 720 dibujos por minuto. Echando un cálculo rápido, y teniendo en cuenta que la película dura 81 minutos, nos sale la friolera de 58.320 dibujos.

French roast, de Fabrice O. Joubert

Hace tiempo que me apetecía comentar este corto, que seguramente muchos conoceréis, ya que fue uno de los candidatos finalista en la categoría de cortometraje de animación a los premios Oscar en la pasada edición. French Roast nos traslada a un típico café parisino en el que un estirado hombre de negocios descubre que ha perdido su cartera cuando se dirige a pagar la cuenta. Para ganar tiempo, mientras se le ocurre qué hacer, decide pedir otro café. A partir de aquí se suman a la acción diversos personajes y la situación comienza a parecerse a una comedia de enredos: un insistente y barbudo clochard entrando a pedir limosna, la encantadora monjita anciana aparentemente inocente, el inspecteur de la gendarmería o un garçon de siniestra estampa. El corto, de unos ocho minutos y sin diálogos, se desarrolla en un único escenario, en el que los personajes entran y salen a excepción del protagonista. Todas las situaciones están narradas de manera ocurrente, con una mezcla de hilaridad y simpatía a la que ayuda, sin duda, el acertado diseño de los personajes,  que añaden un plus de comicidad a una historia que en el fondo no es sino un drama reflexivo sobre la solidaridad y cómo las apariencias y don dinero mueven tantas veces la costumbre popular. Economía de medios, al tiempo de una cuidadísima y elegante animación, hacen de este cortometraje una delicia visual que conviene no perderse.

El título se refiere a una variedad de café tostado bastante habitual en esta zona de Francia. Dirigido por Fabrice O. Joubert,  supervisor de animación de “A monstre à Paris” y producido por Pumpkin Factory, los diseños son obra de Nicolas Marlet, uno de los diseñadores de personajes en “Kung Fu Panda“. French roast ya había acumulado una buena cantidad de premios por allá donde era presentado antes de ser finalista a los Oscar. A mí me cautivó desde que lo vi hace unos meses, tanto por la sencillez de contenido como por su esmerada presentación visual.  A ver qué os parece…

The piano, de Aidan Gibbons (2005)

Conmovedor cortometraje animado del irlandés Aidan Gibbons realizado durante su segundo año de licenciatura en animación en la University of Hertfordshire.

Nominado a la mejor animación en el Bradford Animation Festival 2005 y ganador del premio del público en el University of Hertfordshire Film Day 2005. El tema musical es “Comptine Dun Autre Ete Lapres Midi” de Yann Thiersen, que apareció en la BSO de “Amelie“.

Cortometrajes

Una noche en una ciudad, de Jan Balej (2007)

Jedné noci v jednom městě“, título original de este largo de animación dirigido a adultos, fue el resultado de seis años de dedicación casi exclusiva del checo Jan Balej a su proyecto. Praga es algo así como la Alejandría de la animación Stop Motion, última depositaria de una técnica heredera de grandes artistas como Jiri Trnka o Jan Svankmajer, que vive en la actualidad su declive. Porque en la era de la digitalización y el 3D, no son demasiados los animadores que invierten su tiempo en algo que requiera tanta paciencia como este tipo de trabajos. Para la elaboración es preciso construir una a una todas las marionetas, crear los fondos manualmente y hacer las miles de tomas que unidas darán lugar a los movimientos de los personajes. Seis años para unos 70 minutos reales filmados: se puede decir que la determinación de Jan Balej es poco menos que infinita. En Praga, sólo queda un taller que se dedica a fabricar muñecos manipulables para este tipo de películas; ahora, el propietario está a punto de jubilarse y su trabajo tiene tan poca solicitud que está condenado irremediablemente a desaparecer. La película parece recoger a través de sus historias el tono melancólico que invade hoy a los amantes de esta técnica artesanal. Y como si el sentimiento quisiese ser transmitido al margen del idioma del posible espectador, carece de diálogo y los personajes se comunican mediante gestos, miradas u onomatopeyas. Su atmósfera se construye lentamente, entretejiendo diferentes historias cuyo nexo común es la omnipresencia de la noche. Historias que no llegan a conectarse unas con otras, cuyos personajes entran y salen del escenario del film sin el convencionalismo estricto de un guión que los una.

Todo comienza una noche con una invasión de hormigas en un edificio de viviendas, a las que acompañamos para asistir como espectadores de la extraña vida de sus habitantes. La suerte de fenómenos que se oculta detrás de las puertas es impredecible; historias plagadas de horror y humor negro que son un prodigio de la insana imaginación del autor. Todas tienen como lugar común la noche de Praga y el barrio de Zizkov, que Jaleb plaga de personajes y situaciones a cual más surrealista y extraño: hombres con cabezas deformes, uno complace su tiempo construyendo un circo de insectos muertos, otro tiene en la cocina su propio crematorio para perros, hay un cazador de osos urbanos, un ama de casa dedica su amor a un burro culto en detrimento de su familia o un pez y un árbol comparten las vacaciones navideñas… Acompañan este desconcertante festín otras historias en una ciudad, en el escenario de la calle, cuyo hilo argumentativo resulta menos agrio que las que tienen el edificio como telón de fondo, pero sin alejarse demasiado de su tono decrépito. Historias aparentemente inconexas que en conjunto ofrecen un trabajo originalísimo, cargadas de referentes literarios y plásticos (en el cine y en la pintura), que tienen como denominador común alejarse de toda amabilidad hacia el espectador, quien puede llegar a sentirse por igual fascinado e incómodo ante lo que va pasando por su retina. La historia de amor a la sombra de un café, en el que las pinturas de la pared adquieren vida en la imaginación de un hombre solitario y el modo en que mezcla deseos, recuerdos y pesadillas, evocan la angustia de los relatos de Poe, al tiempo que los escenarios rozan la decadencia de Wilde. En otro, una oreja lynchiana es hallada por un frustrado acordeonista envuelta en una hoja de periódico; oreja que, una vez pegada a su propia cabeza (automutilación incluida a lo “Lust for life” de Minnelli), le hace capaz de pintar como Van Gogh. Y alguna posee cierto aire moralizante, como la de los dos borrachos y la misteriosa botella, que no es sino una transposición del cuento de la lámpara de Aladino, cuyo genio tendrá como misión cumplir los deseos de ambos beodos. Todo conducirá a una feliniana propulsión de alimentos, alcohol, cigarrillos y fotos sexuales cuyo exceso viene a decirnos produce la disminución del apetito y de la libido, materializado como un carnaval de grandes pechos en un prostíbulo que, a modo de “tren de la bruja” se transforma en laberinto del que sólo cabe escapar por una extraña puerta…

Navegando entre el surrealismo, el absurdo, lo onírico, la acidez y lo bizarro, la película intenta hablar sobre la soledad y los sueños escondidos, sobre la amistad y sobre encontrar un lugar en el mundo y, en su combinación de poética, fantasía, humor y nostalgia, nos ofrece historias diferentes sin una trama aparente y sin que nunca lleguen a resolverse, dejando entreabierto cierto espacio para la fantasía individual de cada espectador. Personalmente, mientras unas partes de la película me parecen realmente fascinantes, otras en cambio se me antojaron poco acertadas en su contenido e incluso algunas rozan, a mi modo de ver, el límite de lo agradable. Algunas de las historias que se desarrollan dentro del edificio, que en total ocupan casi la primera media parte del film, están entre lo menos acertado, como la del exhibicionista o la amante del burro. Sin embargo, el hombre-árbol que convive con la carpa, relato que se presenta como alucinación fruto de esa dosis que ilustra el cartel, me resultó grato por lo inusual y bien llevado, a pesar del su tono surrealista, extraño y alejado de cualquier similitud al comportamiento natural en una fábula al uso. Pero son los tres últimos, que bien podrían funcionar como cortometrajes independientes del resto (estoy casi convencida de que con bastante probabilidad esa fuese la intención primera, y que después acabó sumando todos los trabajos) los que poseen una calidad técnica y narrativa incuestionable, con una ambientación entre suaves azules, tenues grises y negros muy acordes al tono del relato, a los que se añaden estudiados guiños al cine, la pintura y la literatura que solo por su disfrute merece la pena visionar la película.

Grzegorz Jonkajtys: Arka

087-arkaEl nombre del animador polaco Grzegorz Jonkajtys no es demasiado conocido, pues en toda su carrera profesional sólo ha realizado dos cortometrajes. Sin embargo, todos recordamos películas como El laberinto del fauno, Sin City, Hellboy, Gothica o La liga de los hombres extraodinarios; películas que no serían lo que son sin la intervención de Jonkajtys como animador gráfico o responsable de sus efectos visuales. Parece que trabajo no le falta, y viendo el corto animado Arka, realizado en 2007, se comprende la circunstancia, porque la animación es de una calidad superior, muy bueno gráficamente, con una ambientación fantástica que, unida a un argumento igual de bueno hace que se pasen los 8 minutos de duración en un plis, a pesar de su ritmo lento, reservando, además, un final inesperado pero, a mi juicio, realmente acertado.

El argumento recuerda la leyenda de El arca de Noé trasladada al futuro. Esta hermosa, aunque triste historia, trata sobre un virus desconocido que ha destruido la práctica totalidad de la población humana. El título hace referencia al intento de escapar de los pocos supervivientes, ajenos a la verdadera naturaleza de la enfermedad, en una flotilla de barcos, en busca de tierras deshabitadas y no contaminadas. En su éxodo para la supervivencia, encontrarán algunas sorpresas.

El corto ha obtenido diversos premios, entre ellos a la Mejor Animación en el festival de cortometrajes de Budapest, la Mención Especial en el Prix Ars Electrónica en 2007, el premio a la Mejor Película animada en el Siggraph o el Hobby-Horse de plata y premio a la Mejor Animación en el Festival de Cracovia. Fue presentado, además, en la selección oficial del Festival de Cannes el mismo año.

Título original: Ark/ País: Polonia/ Año: 2007/ Animación: Grzegorz Jonkajtys/ Guión: Grzegorz Jonkajtys/ Música: Pawel Blaszak y Tomas Mayer/ Productor ejecutivo: Marcin Kobylecki/ Duración: 8 minutos. Sin diálogos.

Osvaldo Cavandoli: La línea


La línea es una serie de dibujos animados, en capítulos de 2 a 3 minutos de duración, creada en la década de los 70 por el italiano Osvaldo Cavandoli. Aunque, en realidad, Cavandoli no comenzó como animador, sino trabajando en el diseño de automóviles allá por el 36 en Alfa Romeo. En un primer momento, el personaje de La línea fue concebido como parte de una campaña publicitaria para el empresario Massimo Lagostina pero, debido al éxito obtenido, acabó convirtiéndose en una popular serie de televisión que siguió produciéndose hasta 1988, y su autor en todo un icono del grafismo italiano.

La idea de La línea es muy simple: un hombre camina sobre una línea blanca que sirve para dibujar al propio hombre. El dibujante va a ir ofreciendo a nuestro personaje una suerte de obstáculos para que interactúe con ellos. De fondo, planos lisos van cambiando de color para expresar con mayor claridad el estado de ánimo del protagonista, aunque al principio no se utilizaba este recurso, pues el dibujo era sólo en blanco y negro. Y no hay mucho más; sin embargo, encandiló al público italiano durante unos cuantos años. La imaginación del autor, unida a la sencillez del diseño y a la calidad de este trabajo, hace reflexionar sobre si realmente son necesarios grandes y costosos presupuestos o complejos diseños para que una animación sea realmente buena o, sin ser estos factores excluyentes son, en cambio, otros aspectos los determinantes.

Os dejo dos vídeos, uno de 1976 y otro más moderno. La evolución en el tiempo es evidente, aunque conserva (en esencia) la idea original sin demasiadas modificaciones en lo principal.