Alois Nebel, de Tomáš Lunák (2011)

Alois Nebel es un largometraje de animación checo dirigido por Tomáš Lunák, que adapta la novela gráfica homónima escrita por Jaroslav Rudiš con dibujos de Jaromír Švejdíka. La película está realizada en rotoscopia, técnica que consiste en animar los movimientos del dibujo plano a plano siguiendo una previa puesta en escena real. El resultado en este caso es excelente: los ochenta minutos de duración parecen fluir con asombrosa naturalidad por la pantalla hasta el punto de que el espectador olvida que se trata de una animación. Visualmente, es una delicia absoluta, y el blanco y negro combina perfectamente con el tono atmosférico de la historia.

Claramente influenciada por el cine negro clásico, y evocando también alguna de las películas checas más famosas de los años setenta (Trenes rigurosamente vigilados), Lunák teje un auténtico hechizo en torno a Alois, un empleado ferroviario de mediana edad que trabaja en una estación de tren en la región montañosa de la República Checa fronteriza con Polonia. Corre el año 1989, la radio da constantemente noticias sobre checos que intentan huir a través de los pasos fronterizos y el muro de Berlín está a punto de caer. Alois, con su monótona vida y su rostro sombrío parece estar de vuelta de todo. Pero los aires de cambio político evocan obsesivamente fantasmas del pasado al final de la Segunda Guerra Mundial. La niebla y la lluvia acompasan su tortura hasta terminar en un sanatorio. Cuando sale de allí, el mundo ha cambiado: el muro que divide Europa ha desaparecido, la revolución de terciopelo ha mandado al traste el régimen comunista y la vieja estación de Bílý Potok ha encontrado quien le sustituye.

Alois Nebel evoca cuentos clásicos e historias ancestrales: el bosque oscuro, las casas aisladas en las colinas, los trenes y las estaciones solitarias, las tormentas, la incesante lluvia, pero es absolutamente moderna en todo lo demás. La película repasa momentos cruciales de la historia europea resonantes todavía en la memoria de muchos, pero también es la historia de un hombre, de su vida cotidiana y la insidiosa realidad que le rodea. Alois se ve envuelto en una maraña de traiciones, historias de contrabando, fugitivos que huyen en la noche y el  recuerdo de una mujer de su pasado. Alois se muestra casi siempre estoico y pasivo frente al mundo exterior. A pesar de ello, la historia resulta conmovedora y hay una gran sensibilidad y empatía bajo cada escena de esta joya, destinada probablemente a convertirse en un clásico de la animación europea. Al tiempo.

Surviving life (theory and practice) / Sobreviviendo a la vida (teoría y práctica), de Jan Svankmajer (2011)

El pasado miércoles 18 de abril se estrenaba en la Filmoteca de València la última película realizada por el artista checo Jan Svankmajer. Svankmjer define Sobreviviendo a la vida (teoría y práctica) como una comedia psicoanalítica, pero el título podría bien ser el de un compendio del conjunto del trabajo de este artista, todo un superviviente a un mundo donde la técnica ha dejado arrinconado el cine como experiencia de los sentidos.

La película trata sobre los sueños y su protagonista es Evzen, un hombre  atrapado en un monótono trabajo de oficina que sueña de manera recurrente con una exótica mujer vestida de rojo. Cuando le confía a su médico estar perdidamente enamorado de la mujer que invade su sueño, éste le manda directo al psiquiatra. El hombre se horroriza al descubrir que la psiquiatra está tratando de ayudarle a deshacerse de su obsesión, ya que su único deseo es continuar viviendo la fantasía, y su mayor temor, que cualquier día pueda desaparecer de su inconsciente mientras duerme. En la consulta aparecen colgadas, tras el diván, las fotos de Sigmun Freud y Carl Gustav Jung, cada cual bien atento a las sesiones y reaccionando de manera diversa cuando sus teorías o las de su rival son empleadas por la psiquiatra. Personalmente, me encantaron las escenas en que los retratos de Freud y Jung se pelean. En general se trata de un film divertido y muy creativo, con un montón de gags visuales y, por otro lado, es también una de las películas más accesibles de Svankmajer, para todo tipo de público.

Svankmajer trabaja todas sus películas a base de una mezcla entre personajes reales y recortes de animación de diversos objetos como herramientas, animales, dentaduras postizas, órganos corporales o alimentos varios que cobran vida propia entre los protagonistas reales. Con todos ellos logra crear un complejo de estructuras nada convencionales, construyendo la película como si se tratara de un collage donde se superponen técnicas de acción real y animación stop-motion que tratan de aportar planos de significado distintos a lo que está viendo el espectador. De esta forma, a la vez que transcurre el argumento, los objetos que el propio director crea y anima aportan una fuerte carga metafórica sobre el mundo de los sueños y la realidad, la infancia, el erotismo y hasta la teología. Por encima de todo, el cine de Svankmajer es enormemente sensorial. La imagen resulta ser siempre más elocuente que la palabra.

Renegado de la animación por ordenador, a la que acusa de crear objetos artificiales, sin sustancia, y probablemente el único surrealista europeo militante que queda en activo, su trabajo, a pesar de haberse mantenido casi siempre fuera de los círculos comerciales, ha marcado (y es reconocido así) a directores como Terry Guilliam, los hermanos Quay o Tim Burton. Cuando el año pasado terminó el rodaje de Sobrevivir a la vida, declaraba que esta iba a ser su última película. Sin embargo, nos llegan noticias de que está trabajando en un nuevo proyecto, Hmyz (Insectos), un largometraje que quiere poder estrenar en 2015. Teniendo en cuenta que a fecha de hoy tiene 82 años cumplidos, el auténtico superviviente de la vida y del Cine será el propio Svankmajer.

El estreno de esta película abre un ciclo dedicado a la figura del director que ha preparado la Universitat Politècnica de València en colaboración con el Centro Checo de Madrid. Y, a pesar, atentos todavía a recortes presupuestarios de última hora -es lo que hay-, el ciclo tiene la intención de proyectar los seis largometrajes del director y un buen número de sus cortos en la Sala Berlanga de la Filmoteca de Valencia. La sesión inaugural incluyó también la presentación del libro recientemente publicado por Svankmajer, Para ver, cierra los ojos, editado por Pepitas de Calabaza. La retrospectiva se completa con  una exposición de los Collages de la película Sobreviviendo a la vida a cargo del Centro Checo, en la que se muestran los diversos objetos y maquetas creadas por el propio Svankmajer, así como las técnicas empleadas en el montaje de las distintas escenas. La muestra permanecerá abierta hasta el 30 de junio en la sala de exposiciones Josep Renau de la Facultat de Belles Arts Sant Carles, en la Universitat Politècnica de València.

Otros artículos sobre Jan Svankmajer en este blog:

Sileni. 2005. Largometraje

Food. 1970. Cortometraje

My dog Tulip, de Paul y Sandra Fierlinger (2011)

My dog Tulip es un largometraje independiente de animación realizado en 2011, basado en las memorias homónimas de JR Ackerley, editor de la BBC y novelista. El libro cuenta la historia de los quince años que Ackerley  compartió con su pastor alemán Queenie, renombrado Tulip para la ocasión. Destinada al público adulto -nada que ver con las encantadoras mascotas Disney-, ha sido adaptado, dirigido y animado por Paul Fierlinger, con fondos y personajes pintados por su esposa, Sandra Fierlinger.

Christopher Plummer presta su voz a Ackerley,  viejo cascarrabias para quien Tulip, además de su incondicional amigo, es también una forma de mantener la distancia con el mundo que le rodea. El alsaciano, cuyas tres misiones principales en el mundo son comer, reproducirse y marcar su territorio,  gruñe a todo aquel que intenta acercarse demasiado, esa especie de mimetismo animal que los perros adoptan respecto al carácter de su dueño, para quien su amor incondicional le hace percibir el resto de compañía humana como una simple pequeñez. Pero la misantropía no impide un hueco en la vida de Ackerley para Tulip: hombre y bestia enfrentados al resto del mundo, pero llenos de alegría cuando comparten la compañía del otro, dando lugar a reflexiones casi rapsódicas sobre el simple acto de defecar, o un capítulo que es toda una instrospección narrativa sobre el objetivo de lograr una vida plena para Tulip, incluida, claro, la sexual. My dog Tulip funciona un poco como himno personal entre el hombre y el perro, un alegato sobre la cercanía y la distancia entre los animales y las personas, sin dejar de lado el sentido del humor, mientras su estilo visual encantador se encarga de no poner en duda que esto es verdadero arte.

La película está dividida en 14 capítulos y cubre un período de dos años y medio de la vida de los protagonistas. En el apartado técnico se incluyen varios estilos de animación: escenas renderizadas, simples dibujos, ilustraciones en blanco y negro y bocetos rápidos que parecen sacados directamente de un bloc de notas.

Sandra Fierlinger dibujó y pintó los cerca de 60.000 dibujos de la película, que cuenta con 460 escenas y alrededor de 600 pinturas de fondo individual. Incluye un total de 116.640 fotogramas, cada uno de ellos doble, que supone un total de 720 dibujos por minuto. Echando un cálculo rápido, y teniendo en cuenta que la película dura 81 minutos, nos sale la friolera de 58.320 dibujos.

Kafka en el Cine (4): La Metamorfosis

Publicada en octubre de 1915 en la revista Die weissen Blätter, que dirigía René Schickele, La Metamorfosis se perfila, junto con El Proceso, como una de las piezas de mayor calado en el conjunto de la obra de Kafka.

A medio camino entre el relato existencialista y la fábula de la incomunicación, es uno de los textos que más juego ha dado en el cine, ya que cuenta con un buen puñado de adaptaciones a la pantalla aunque ninguna demasiado popular. No pretende este post abarcar todas las realizadas hasta la fecha, tan solo destacar las que, por su fidelidad al relato, su calidad plástica o su originalidad narrativa, puedan resultar de interés a la hora de acercarse a la influencia del escritor checo en el séptimo arte. De lo contrario, la nómina sería demasiado extensa y sobrepasaría el objeto de este estudio. La idea es investigar sobre aquellos films que tienen directamente como protagonista a Gregor Samsa y las adaptaciones más o menos fieles a la obra del escritor.

1.

Por tratarse de una obra breve, la mayor parte de esas adaptaciones, más o menos libres, se han realizado en formato de corto o mediometraje. De las pocas aventuras en el terreno del largometraje, destaca Prevrashchenie -metamorfosis, en ruso-, una película con guión y dirección de Valerie Fokin.

La película se construye como metáfora de la exclusión del individuo del resto de la sociedad, utilizando los diferentes elementos narrativos para crear la imagen de aislamiento autodestructivo .

Para la transformación de Samsa no se utilizaron efectos especiales. El peso narrativo recae en la composición escénica, realizada como si de una obra de teatro de tratase, y en el impecable trabajo del protagonista principal, al que vemos ir adoptando extrañas y retorcidas posturas, a la vez que repta por el suelo para conseguir comida, emite diversos sonidos y agita las patitas y las manos tumbado boca arriba. Las reflexiones de Samsa se representan por medio de visiones oníricas del subconsciente y para distinguirlas del hilo argumental se utiliza un filtro lechoso, que le da el tono surrealista en concordancia con el espíritu de la historia.

La técnica de la película no es para nada original, porque Prevrashchenie no es sino un remake moderno de la homónima sueca comentada a continuación, con la que por otra parte resulta imposible compararla por la dificultad de encontrar copias. La película se estrenó en 2002 y no se ha comercializado en España, siquiera en DVD, aunque gracias a internet se puede conseguir sin demasiada dificultad en versión original. Como reclamo, el trailer de su estreno…

2.

Como decía, el de Fokin no es el primer largometraje que adaptaba La metamorfosis, ya que este mérito corresponde a la original del sueco Ivo Dvorák, allá por el año 1976. El intento contó con un presupuesto interesante para el cine de la época, y con uno de los actores estrella de la Suecia de entonces, Peter Schildt, en el papel de Samsa, ademas de incorporar otros más consolidados en el mundo del teatro como Ernst Günther y Gunn Wållgren en el papel de padre y madre respectivamente, actores estos que en 1982 volvería a rescatar Ingmar Bergman para Fanny y Alexander.

FörvandlingenTransformación, en sueco- parte de una escenografía teatral, como imitaría décadas después Prevrashchenie, y también carece de efectos especiales. El protagonista tampoco se transforma, sino que actúa adoptando el papel de insecto gigante que el espectador ha de imaginar, ya que ha de hacerse a la idea a base de mímica gestual acompañada de extrañas onomatopeyas insectiles realizadas con más o menos acierto. La película, sin embargo, no cumplió las expectativas esperadas y no solo no se hicieron versiones en otros idiomas sino que en la actualidad ni siquiera parece posible conseguir una copia de esta primera aventura en el largometraje. Una pena.

3.

Al margen de estos dos largometrajes, Die Verwandlung, del checo Jan Nemec, es en 1975 el primer intento cinematográfico conocido de adaptar La Metamorfosis. La película, un mediometraje de 50 minutos, es de producción alemana, y su punto fuerte consiste en que en ningún momento vemos físicamente a Gregor Samsa, tampoco su trasformación, que solo se intuye a partir de las reacciones de su familia y de la ambientación que crea el director.

¿Cómo se las ingenia entonces para llevar adelante la narración? El discurso está elaborado a base de cámara subjetiva la mayor parte del metraje, con la que nos obliga a adoptar el punto de vista del protagonista, consiguiendo crear una situación asfixiante y de desasosiego muy sugerente, que ha tenido bastante que ver en que la película se haya convertido en una obra de culto objeto de estudio e imitación técnica por parte de otros cineastas.

4.

Dos años más tarde, en 1977, la animadora estadounidense Caroline Leaf crea un corto de 6 minutos titulado The metamorphosis of Mr. Samsa. Un trabajo muy interesante, cuya técnica consiste en utilizar arena de playa sobre una placa de vidrio con fondo de luz para crear el movimiento de los personajes. Unos años más tarde, Leaf idearía otra técnica de animación sobre cristal a base de mezclar pintura con glicerina, pero esto sucedía una vez fichada por la National Film Board of Canada. La NFBD ha jugado en la última parte del siglo pasado un importante papel a la hora impulsar nuevas técnicas cinematográficas en el terreno de la animación, motivando, ensalzando y subvencionando la innovación a voluntad de los creadores que consideraba válidos, sin demasiadas restricciones formales y presupuestarias. Aquí se puede ver el cortometraje completo.

5.

En los años 80, dos son los trabajos cortos que se ruedan sobre esta obra de Kafka. El primero, en 1983, del director de televisión francés Jean-Daniel Verhaeghe, quien también se encarga de la adaptación del guión. Bajo el título La Mètamorphose, Verhaeghe trata de recuperar las formas que Nemec innovó en 1975 y tampoco nos muestra en ningún momento a Samsa, aunque sí se puede oír su voz emitiendo los extraños fonemas insectiles una vez transformado. Un telefilm que no obtuvo resonancia más allá de los márgenes televisivos de su país.

6.

La otra adaptación de la década ochentera vendría de la mano de Jim Goddard, en 1987, quien solo un año antes acababa de rodar Shanghai Surprise, película esta que a pesar de contar con Sean Penn y Madonna en el reparto, obtuvo un fracaso rotundo de crítica y taquilla. Pero los británicos no iban a ser menos, y Goddard vuelve a poner la carne en el asador jugándosela con Metamorphosis, un remake a pies juntillas de la película que Ivo Dvorák rodara una década atrás y que más tarde versionaría el ruso Valerie Fokin. Al remake calcado tratará de darle alas con la incorporación de Steven Berkoff – el Lord Ludd de Bary Lyndon– en el papel del padre de Gregor, y para encarnar al transformado Samsa se fichó nada menos que a Tim Robins, que empezaba por entonces a despuntar como actor estrella en el panorama cinematográfico británico.  Se deja ver, siempre que no se haya visto antes la rusa. Pero cada cual que saque sus propias conclusiones… Este es el trailer

7.

En 1993, el galardonado premio BAFTA y Premio de la Comedia Británica, Peter Capaldi, construye en un corto de 23 minutos un divertido juego sobre la autoría de La Metamorfosis. Lo tituló Franz Kafka’s It’s a Wonderful Life, y se llevó para su casita un Oscar al mejor cortometraje. Mientras Kafka recela y decide la forma bajo la que su personaje Gregor Samsa habrá de despertarse, es interrumpido constantemente por extraños visitantes que quieren venderle cuchillos y todo tipo de objetos, o por el jolgorio de una fiesta que surge de manera imprevista, muchachas de variada condición, gentes disfrazadas y otras extrañas visiones. Raro pero impecable, divertido y completito en tres partes:

8.

El barcelonés Carlos Atanes, escritor y cineasta independiente, rodaba en 1994, recién concluidos sus estudios La metamorfosis de Franz Kafka, una versión de 30 minutos sobre la obra que nos ocupa tan libre como controvertida. Libre porque Atanes decide no ceñirse al texto y salpimentar el film con numerosas alusiones y referencias a la vida privada y familiar de Kafka, en particular al padre y a su hermana Hermann -con quien Kafka mantuvo una relación complicada-. Buena parte de la crítica que reparó en este trabajo –que no es muy numerosa, pero sí muy sesuda- lo tachó de exceso de subjetivismo y falto de documentación. A la identificación de ambas familias -los Samsa y los Kafka- se suma un cambio de contexto histórico, que sitúa la acción en la Europa central sometida a Hitler, régimen que Kafka nunca llegó a vivir y sufrir directamente, ya que falleció en 1926, aunque posteriormente los nazis asesinaron a toda su familia. Controvertida porque la Metamorfosis de Atanes es la propia metamorfosis del checo a la vez que la del personaje de ficción, identificando en exceso a Kafka con este personaje y otorgando al guión un doble sentido que exasperó a de los sectores kafkianos más ortodoxos. El guión es de Joan Lluró y Gemma Delgado.

9.

En una línea argumental similar, Matthew Saville, desde Australia, también se atreve en 1997 con Franz & Kafka, otra versión un tanto libre de solo 6 minutos. En este caso la controversia gira en torno a un talentoso escritor al que llama Ernst Franz, esforzado en la redacción de su primer relato. Al otro lado el también talentoso, aunque egoísta, Franz Kafka, retratado como una especie de alter ego de Ernst, quedando en el aire la idea de que La metamorfosis pudiera haber sido escrita en realidad por dos personas.

10.

El cineasta gallego Fran Estevez, impulsor de la productora independiente Hipotálamo Films, rueda en 2004 Metamorfosis, corto de 20 minutos en el que personalmente se encarga de la dirección, el guión, el montaje y la música. Rodado en blanco y negro y con escasos recursos económicos, el trabajo intercala imagen real con dibujos a lápiz, y se llevó un total de 11 premios internacionales. El guión es, en principio, bastante fiel al nudo central de la historia. Estevez vuelve a utilizar el punto de vista de la filmación desde los ojos de Samsa, recurso que, aunque no era novedoso a esas alturas, es lo más logrado de la película.

11.

Metamorphosis: Gregor Samsa’s Nightmare, de 2006, es el último título conocido, a saber, que guarda cierta fidelidad con el relato original del escritor checo, aunque se podría decir que se sitúa en el punto de inflexión entre la adaptación y la referencia. El autor de este cortometraje, de algo menos de diez minutos, es el animador húngaro Peter Orban, fue su primer trabajo y lo preparó para graduarse en la Academia Húngara de Bellas Artes. Orban trata de dar una explicación de porqué Samsa se despierta una buena mañana convertido en un enorme insecto. Toma como punto de partida el relato de Kafka para añadir la idea de la fusión genética, y el resultado es una historia a medio camino entre La Metamorfosis y La Mosca. La animación utiliza tonos oscuros y dibujos con influencia gótica. La verdad es que La Mosca, de George Langelaan, tiene una deuda importante con La Metamorfosis de Franz Kafka.

Kafka en el Cine

Idiots and Angels (Bill Plympton, 2009)

Bill Plympton, animador independiente norteamericano, en la línea más alejada de Disney o Pixar que puedan imaginar, es más conocido por sus cortos que por sus largometrajes, aunque Idiots and Angels no es el primero de su prolífica carrera. Largo de animación exclusivamente para público adulto, la historia es la de un hombre egoísta, reprobable en cada una de sus actitudes, siempre abusivas, que se ve obligado a actuar de un modo más positivo cuando una buena mañana descubre unas incipientes alas en su espalda. En la web oficial le llaman Ángel, aunque la película es sin diálogos y en ningún momento se cita su nombre. La eterna disyunción entre el bien y el mal, encarnada esta vez por un personaje que en principio causará poca empatía en el espectador, un ser desagradable, malhumorado, que fuma constantemente y pasa la mayor parte de su tiempo sentado en la barra de un bar oscuro donde trata de forma violenta a cualquiera que se cruce en su camino. El personaje terrible, egoísta y repugnante, que cambia su papel de agresor a agredido cuando las alas crecen y cobran vida propia mientras es objeto de las burlas de los demás por su apariencia.

Visualmente está en sintonía con trabajos anteriores de Plympton, con su singular factura técnica a base de dibujos sencillos, semi-esbozados en tonos de color suaves que parece disolverse para reaparecer en la siguiente secuencia, esa continuidad en el trazo marca de la casa que ya mostraba en su trabajo más premiado (Your Face, Oscar mejor corto de animación en 1987), llena de personajes grotescos que se mueven en un entorno deprimido, urbano, decadente, mientras la falta de diálogo demuestra no ser un obstáculo para transmitir los aspectos más emocionales y la narrativa de la historia al espectador. Cartoon-noir bastante surrealista, con abundancia de humor negro, un tanto absurdo, que funciona a modo de parábola ácida y ahumada sobre la idiotez de la condición humana por muchas alas que se le pongan. Mensaje un tanto gris, pero expresado con grandes dosis de imaginación y mucha inteligencia.

Unos minutos del principio, para ir abriendo boca.

Chico y Rita (Fernando Trueba y Javier Mariscal, 2010)

Continuando en la línea del post anterior, tocaba ver y escribir sobre otro largometraje de animación imprescindible, esta vez de factura española, dirigido por Fernando Trueba en colaboración con Javier Mariscal, pintor y diseñador responsable del dibujo y la apariencia visual del film. El tercer cineasta que ha colaborado en el proyecto es Tonio Errando, quien aporta el rodaje previo con actores reales cubanos, en la escuela de San Antonio de Baños, para después poder transformar este material en animaciones.

La historia comienza en el presente. En las primeras escenas vemos a Chico ya anciano sobreviviendo en La Habana como limpiabotas. En su casa nadie le espera, vive completamente solo y brinda consigo mismo mientras escucha su emisora de música favorita en la radio. Y suena una canción, la que le hará retrotraer cuarenta y seis años, hasta 1948, antes de que Fidel Castro liderara la revolución, en el que vemos una Habana llena de vida nocturna donde la música, particularmente el jazz latino, juega un papel importante en el pulso de las gentes de la ciudad. Es en esa época cuando Chico conoce a Rita. La película se desarrolla a la vez que el protagonista rememora la intensa y turbulenta historia de amor entre el pianista y la cantante a través de varias localizaciones, como Nueva York, Las Vegas o Paris, hasta por fin volver a La Habana. El ritmo del bolero, una banda sonora espectacular (Bebo Valdés, Nat King Cole, Charlie Parker, Dizzy Gillespie, Chano Pozo, Ben Webstero o Estrella Morente entre otros) y una sucesión de imágenes deslumbrantes subrayan el tormentoso romance que lleva a sus protagonistas a encontrarse y desencontrarse a lo largo de una década.

Los dibujos de Mariscal son muy estilizados y transmiten con gracia y originalidad los rigores dramáticos del guión. Destaca el especial énfasis en el juego de luz y sombras y la aventura con un elemento novedoso, el subrayado del lápiz negro para los contornos, algo que no suele utilizarse en la animación y que da una primera sensación de comic en movimiento, pero a medida que pasan los minutos, toda la artificiosidad que pudiera aportar este recurso se pierde y la fusión entre narración y dibujo está tan lograda que consigue que nos olvidemos de que en realidad estamos viendo una película animada.

Los personajes son cálidos y cercanos, tal vez por el logrado trazo gestual, muy definido, que nos mete completamente en ellos, a lo que se suma el realismo de los fondos, que además de estar muy bien documentados, se cuidan en el detalle de cada esquina o recoveco por oculto que pueda parecer.

La Habana, ciudad de moda para los americanos de entonces, llena de carteles publicitarios de ron, licores, tabacos o electrodoméstico y las curvas de las mujeres que marcan sus vestidos se transforma en la última parte de la película en la prosa castrista de finales del siglo XX. La Habana, y Nueva York con sus rascacielos y calles nocturnas iluminadas con miles de neones, los comercios y los primeros clubs de jazz en sótanos oscuros, llenos de humo de tabaco, son los escenarios principales de la película.

Chico y Rita está dedicado a Bebo Valdés, tal vez el músico cubano vivo más importante. Es él mismo quien toca el piano cada vez que lo hace Chico, dando buena cuenta del momento clave en que la influencia de los músicos cubanos fuera decisiva en la evolución del jazz y de como, a modo de retroalimentación, esa influencia marcó también a los isleños en la progresión hacia el latin jazz.

El ilusionista (Sylvain Chomet, 2010)

El nombre de Jacques Tati está indisolublemente ligado a la figura de su legendario personaje, Monsieur Hulot, el entrañable protagonista sus films,  genio absoluto de la inoportunidad, heredero directo de los grandes maestros del cine cómico mudo. Hulot emerge como veleidad caricaturesca en una sociedad vertiginosa en la que parece no atreverse casi a existir. Los gags físicos de Hulot son una combinación sublime de poesía y ballet, de ternura y denuncia, de optimismo y melancolía. Sus películas están estructuradas casi sin palabras, innecesarias porque cuando aparece el diálogo lo hace como mero decorado y rara vez transmite información relevante. Lo que interesa es el fondo, ese que nos recuerda que en la era moderna no podemos escapar del constante ruido de voces que en realidad nunca dicen nada importante.

Sylvain Chomet resucita el esquema básico de Hulot para El Ilusionista, que se basa en un guión tardío de Tati, una obra agridulce probablemente fruto de los remordimientos de un padre que en el ejercicio de su profesión sacrificaba la relación con su hija, a quien Tati dedica esta obra. Tati escribió “El ilusionista” en 1956, en medio de sus dos comedias más conocidas, Les vacances de Monsieur Hulot y Mon Oncle, mucho antes de su producción más comercial, Playtime (1967), pero nunca llegó a rodarse. Tatischeffel, el mago protagonista, que bien podría ser un alter ego del propio cineasta, es menos cómico que Hulot y un tanto más lacónico, pero igualmente entrañable. Sustituida la pipa por una cajetilla de cigarrillos y con movimientos algo menos fluidos, se trata de un personaje perfectamente prestado de Hulot. Tatischeff nunca está en el mismo sitio, no echa raíces en ninguna parte, es un mago que sobrevive con su espectáculo de ciudad en ciudad, viviendo en hoteles de poca monta y viajando constantemente a causa de su trabajo. De Paris a Gran Bretaña, primero Londres, más tarde remotos pueblecillos en alguna isla perdida de Escocia para terminar en Edimburgo, donde abandonado a su suerte termina ganándose la vida de lavacoches o como reclamo tras un escaparate, incapaz de adaptar su mundo de magia e ilusión al avance de los nuevos tiempos. A Tatischeff se le unirá en el camino Alice, una ingenua jovencita escocesa cuyo crecimiento personal es paralelo al declive profesional del mago, y su absoluta simpleza inicial de creer que los regalos que se le ofrecen son producto de la magia se irá transformando lentamente en un mal abuso de la generosidad de su protector.

Chomet no  consigue del todo impregnar ese especial sello tan cercano, tan familiar, que otorgaba Tati al inolvidable Monsieur Hulot. El ilusionista funciona como road-movie animada y deliciosa, en la que los trucos informáticos se combinan con exquisitos dibujos hechos a mano y elocuentes fondos de acuarela.  Dos personajes, rodeados de otros menores que nunca pierden el punto de vista afectivo sin llegar al sentimentalismo, a lo que se suman fenomenales paisajes de París, Londres, Escocia y por supuesto Edimburgo, donde finalmente termina Tatischeff, en los que la ciudad aparece representada como monstruo que devora a sus protagonistas antes de que hayan tenido tiempo a adaptarse, un lugar donde las dificultades para la comunicación y el avance de la tecnología marcan el pulso de los cambios sociales hacia finales de los años 50, cuando comienzan a aparecer los primeros televisores y los nuevos electrodomésticos. Como en los films de Tati, el escenario de la ciudad y sus símbolos de modernidad actúan a modo de espejismo, ademán ilusorio de progreso, suerte de feria donde las comodidades funcionan del mismo modo que lo hacen los trucos de magia. Esta visión deshumanizada y un tanto melancólica convive en perfecta armonía con personajes que se hacen entrañables, y que junto  a la música, la excelente galería de imágenes en tonos otoñales y suaves, y el constante guiño al mundo del teatro y el cine, convierten a “El ilusionista” en una joya de composición que nadie debería perderse.



Crac!, de Frédéric Back

Uno de los lugares míticos en el panorama de la animación independiente es sin duda la NFB (National Filkm Board) de Canadá , institución que desde poco antes de la década de los 40 ha financiado y promocionado un buen puñado de trabajos que de no ser por su labor probablemente no hubiesen llegado a realizarse ni, por supuesto,  a tener  un lugar propio en el género, ya que no se trata de productos comerciales dirigidos a un público mayoritario para generar rápidos beneficios económicos, tal como sucede con otros más conocidos,  en su mayoría de capital estadounidense o japonés. Valga pues el reconocimiento a la labor de esta institución, que ha permitido que nos lleguen, aunque con cuentagotas a lo largo de los últimos cincuenta años, trabajos impagables entre los que figuran firmas como Norman McLaren, Ishu Patel, René Jodoin, Grant Munro, Ryan Larkin, William Greaves o Frédéric Back (el que nos trae al caso), entre otros, autores  que  de otro modo jamás hubiesen contado, seguramente, con medios suficientes para iniciar su andadura y figurar hoy entre los animadores de vanguardia más prestigiosos, bien por ser demasiado experimentales o simplemente por no estar dirigidos a su rápida transformación en beneficios tangibles en una taquilla.

Al margen, sin embargo, de estas necesarias consideraciones, vayamos pues a Frédéric Back, seguramente uno de los animadores más originales del panorama canadiense, dotado de un particularísimo estilo ya que su trabajo es siempre eminentemente pictórico y sus cortometrajes están realizados a base de diferentes cuadros elaborados a lápiz en tonos pastel.  Cada uno de estos dibujos, cualquiera que seleccionásemos tomado de manera aislada, podría considerarse por sí solo una auténtica obra de arte. Pero el mérito de Frédéric Back va más allá de la calidad de su trazo, porque también es capaz de ensamblar sus dibujos en una cadena con sentido de modo absolutamente coherente y natural, y dotarla de un dinamismo y soltura extraordinarios componiendo así un relato que carece de diálogos, pero aparece cargado de significados.

Crac!” (1981), toma como protagonista una mecedora de madera que sirve de instrumento para adentrarnos, en no más de 15 minutos, en un recorrido por la historia de Quebec en el último siglo. La mecedora será utilizada por miembros de diversas generaciones de una misma familia a lo largo de sus vidas, al  tiempo que se introducen diversas historias de carácter intimista al son de la música y leyendas populares. El corto se inicia con la construcción artesanal del objeto protagonista, que deja pronto de ser un simple objeto inanimado para crecer junto a los personajes y tener su propia historia que contar, de la que podemos ir intuyendo al paso de los años la erosión de la vida en los pueblos con la llegada de la industrialización, hasta finalizar con la crisis social provocada por el individualismo salvaje que coincide temporalmente con el devenir de las nuevas energías, representadas aquí por las protestas masivas frente a una planta nuclear. Una historia con connotaciones sociales, políticas, tradicionales y artísticas, narrada exclusivamente  a través de estos pequeños cuadros con cierto aire impresionista al estilo de Monet o Degas , no exenta de nostalgia y exaltación de las tradiciones de Quebec  que intentan ser barridas por la fuerza implacable del progreso y la urbanización. Crac! es el sonido de la caída de un árbol talado para construir la mecedora, pero también es el sonido de la ruptura en las vidas de las gentes macadas por cambios sociales vertiginosos. Toda una joya de la animación, homenaje a Quebec, hogar adoptivo de Frédérick Back, y a la cultura imperecedera de sus gentes, iniciadora de una andadura que unos añós después desembocaría en su obra más conocida, “El hombre que plantaba árboles“,  que le valdría a su creador el Oscar a su carrerea artística en 1988. Que lo disfruten pues.

World Builder, de Bruce Branit (2007)

Bueno gente, las ansiadas vacaciones han llegado y este blog deja en suspenso la aventura bloguera para descansar y volver en unas semanas con las ideas frescas y renovadas. Os confieso que en realidad no tengo vacaciones hasta agosto, pero los rigores del verano invitan a otros placeres como la playita o sentarse a tomar una cerveza en una terraza antes que ponerse a escribir delante de la pantalla bajo el chorro de aire acondicionado o el ventilador. Y lo más importante, a dedicar algo de tiempo a otros asuntos que últimamente tengo MUY descuidados. Pero antes de despedir la temporada con esta pausa estival, os dejo como regalito un cortometraje que hace unos meses descubrí un poco por casualidad. Con él ya van 60 los publicados en el blog desde que comenzó su andadura hace ahora dos años y medio.

World Builder tiene un guión sencillo, que se acompaña de una magnífica realización, dejando la carga emotiva para el final de la historia. Seguimos a un hombre que construye un mundo holográfico utilizando herramientas tecnológicas. El protagonista crea, literalmente de la nada, un mundo virtual para la mujer que ama. El resultado es sorprendente a la vez que hermoso. El autor de este asombroso trabajo es Bruce Branit. Lo filmó en un solo día mediante escenas reales, pero la labor de post-producción le llevó más de dos años. Impresiona su meticulosa atención al detalle y las técnicas digitales utilizadas para representar las imágenes mezcla de gráficos y efectos digitales con un resultado realmente mágico. Y es que Branit es un productor con una experiencia en secuencias de animación por ordenador y efectos visuales muy dilatada. Ha trabajado en Star Trek, por el que obtuvo varias nominaciones a los Premios Emmy, y en algunos episodios de Lost, colaborando en animaciones que crean determinados efectos, como el de la avioneta que se cae en la serie. También ha colaborado con Peter Jackson en King Kong y en otras producciones como Titanic, todo ello a través de su productora Branit VFX que elabora anuncios y animaciones para televisión y cine. Recomiendo disfrutéis de este trabajo a pantalla completa para poder apreciar todos los detalles, espero que os guste tanto como a mí. Y, por supuesto, espero y deseo poder seguir contando con vuestra visita a la vuelta de este paréntesis. Saludos y feliz verano a todos.

French roast, de Fabrice O. Joubert

Hace tiempo que me apetecía comentar este corto, que seguramente muchos conoceréis, ya que fue uno de los candidatos finalista en la categoría de cortometraje de animación a los premios Oscar en la pasada edición. French Roast nos traslada a un típico café parisino en el que un estirado hombre de negocios descubre que ha perdido su cartera cuando se dirige a pagar la cuenta. Para ganar tiempo, mientras se le ocurre qué hacer, decide pedir otro café. A partir de aquí se suman a la acción diversos personajes y la situación comienza a parecerse a una comedia de enredos: un insistente y barbudo clochard entrando a pedir limosna, la encantadora monjita anciana aparentemente inocente, el inspecteur de la gendarmería o un garçon de siniestra estampa. El corto, de unos ocho minutos y sin diálogos, se desarrolla en un único escenario, en el que los personajes entran y salen a excepción del protagonista. Todas las situaciones están narradas de manera ocurrente, con una mezcla de hilaridad y simpatía a la que ayuda, sin duda, el acertado diseño de los personajes,  que añaden un plus de comicidad a una historia que en el fondo no es sino un drama reflexivo sobre la solidaridad y cómo las apariencias y don dinero mueven tantas veces la costumbre popular. Economía de medios, al tiempo de una cuidadísima y elegante animación, hacen de este cortometraje una delicia visual que conviene no perderse.

El título se refiere a una variedad de café tostado bastante habitual en esta zona de Francia. Dirigido por Fabrice O. Joubert,  supervisor de animación de “A monstre à Paris” y producido por Pumpkin Factory, los diseños son obra de Nicolas Marlet, uno de los diseñadores de personajes en “Kung Fu Panda“. French roast ya había acumulado una buena cantidad de premios por allá donde era presentado antes de ser finalista a los Oscar. A mí me cautivó desde que lo vi hace unos meses, tanto por la sencillez de contenido como por su esmerada presentación visual.  A ver qué os parece…

El empleo, de Santiago Bou Grasso

Gracias al blog Caminante no hay camino descrubro este cortometraje y, con permiso de David, acerco hasta aquí las reflexiones que ofrece al hilo del video, que titula Trabajar cansa:

“Trabajar es ser esclavo, aunque lo hagas de eso que te gusta, la verdadera vocación la encontramos en aquello que nuestro trabajo no nos deja hacer. Es un punto de vista.”
(Eloi BLQ, enlamontanya)

“La transformación principal se ha producido en el ámbito de la organización del trabajo. El estatuto profesional de los asalariados se ha degradado. En un contexto caracterizado por el desempleo masivo, la precariedad deja de ser un “mal momento transitorio” mientras se encuentra un empleo fijo, y se convierte en un estado permanente. Lo que el sociólogo francés Robert Castel llama: el “precariado” (5), una nueva condición infrasalarial que se ha extendido por toda Europa. En Portugal, por ejemplo, un asalariado de cada cinco tiene ya un contrato llamado “recibo verde”. Aunque trabaje desde hace años en la misma oficina o la misma fábrica, con horarios fijos, su patrón es un simple cliente al que factura un servicio y quien puede, de la noche a la mañana, sin ninguna indemnización, romper el contrato.”
(Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatique)”

El autor del corto es Santiago Bou Grasso, animador 2D e ilustrador de historietas argentino. Según publica en su web ya ha acumulado 61 premios por este trabajo. Un hombre, en su rutina matutina camino al trabajo, se encuentra inmerso en un mundo donde el uso de las personas como objetos es parte de la vida cotidiana. Revelador de la alineación que sufrimos en la sociedad moderna y del escaso espíritu crítico para con aquello que nos viene impuesto, sometiéndonos a fuerza de costumbre a casi todas las reglas. La animación es muy sencilla, pero a la vez expresiva y acorde a lo que cuenta. Carece de música, lo que aumenta la sensación de frialdad que quiere transmitir.  En realidad la conclusión es bastante deprimente dado el panorama actual de degradación constante del mundo laboral, y una no sabe bien si echarse a reír o a llorar. A lo mejor, dentro de unas décadas, servirá a futuras generaciones para ver en perspectiva algunas pinceladas de la sociedad en la que vivían sus antepasados. Como sucede hoy, cuando vemos de nuevo aquellas inolvidables escenas de Modern Times, por poner un ejemplo. Significará que algo han aprendido, o tal vez todavía no, quién sabe…

Cortometraje

The piano, de Aidan Gibbons (2005)

Conmovedor cortometraje animado del irlandés Aidan Gibbons realizado durante su segundo año de licenciatura en animación en la University of Hertfordshire.

Nominado a la mejor animación en el Bradford Animation Festival 2005 y ganador del premio del público en el University of Hertfordshire Film Day 2005. El tema musical es “Comptine Dun Autre Ete Lapres Midi” de Yann Thiersen, que apareció en la BSO de “Amelie“.

Cortometrajes

El sentido de la vida por $9.99, de Tatia Rosenthal (2008)

Película en animación stop-motion basada en cuentos de Etgar Keret, escritor, guionista y director de cine israelí, productor y co-guionista de la película, y que saltó a la palestra internacional cuando en 2007 ganó el premio Cámara de Oro a la Mejor Ópera prima en el Festival de Cannes por Meduzot (Medusas).

La directora de animación Tatia Rosenthal adapta al largometraje tres de los relatos cortos de Keret, considerado hoy un exponente de la narrativa moderna en hebreo, unificándolos en un solo guión y trasladando a sus muñecos de plastilina y silicona animados –fotograma a fotograma– estas historias de la vida cotidiana llenas de humor negro y surrealismo grotesco. Una película animada para el público adulto, sorprendente desde todo punto de vista, cuyo conjunto forma un explosivo coctel: seis historias distintas que se desarrollan en una comunidad de vecinos y que se encuentran cuando uno de ellos parece descubrir el verdadero sentido de la vida al comprar un libro que afirma tener las respuestas que todos necesitan.

Un viudo preso de la monotonía laboral, un recaudador de impuestos enamorado de una supermodelo, un joven en busca de empleo que hace estupendos pasteles de queso, un vagabundo redentor, los sueños del niño que guarda cada moneda en el cerdito para alcanzar sus deseos, o el jubilado que vive a expensas de quien quiera escuchar sus viejas historias. Todas ellas entrelazadas forman la base coral desde la que la animadora desarrolla, sutilmente unidas por la recurrencia visual, el humor y lo fantástico, su poesía gris de la vida cotidiana. Los personajes nos muestran el miedo a la soledad, la ansiedad, el temor a no ser amado, a quedarse sin trabajo y, por supuesto, el miedo a la muerte que acecha en muchos momentos. Y también la búsqueda de aquello que les es esencial: el afecto, el amor, el reconocimiento o la atención, una nueva juventud, la madurez, el bienestar material, la seguridad, los sueños… todas y cada una de las pequeñeces que dan sentido a la existencia del hombre moderno en la época que nos ha tocado vivir. Cada uno de ellos, por separado, puede dar lugar a su propia historia, pero colocados en conjunto resultan de una densidad extraña y a la vez emocionante, probablemente porque nos hablan de cuestiones tan interesantes como universales.

Como defectos, tal vez en algunos momentos el ritmo decae (hay que decir que se trata del primer largometraje de la animadora), y que personalmente, el desenlace me produjo cierta decepción, envuelto en una especie de apoteosis apocalíptica y surrealismo que se desvía de la línea realista y de humor absurdo que hasta ese momento impregnaba la narración, haciendo que el conjunto resulte un poco desigual. Pero salvando este punto,  merece la pena, porque es una maravilla en cuanto a diseño visual, llena de detalles muy elaborados y con un trabajo de artesanía nada desdeñable. Desde la piel de los personajes, cuyo tratamiento en silicona da la sensación de epidermis real, hasta las expresiones faciales, particularmente de los ojos de cada personaje, capaces de proyectar un amplio espectro de emociones. La directora adapta magníficamente, además, los espacios interiores para el personaje que lo habita, derrochando buen hacer en los detalles más nimios.

Y, obviamente, aunque el sentido de la vida por 9,99 dólares no resuelve la compleja cuestión del significado de la vida, sí invita a una reflexión llena de sabiduría: disfrutar de la vida y de lo que ofrece sabiendo mantener el buen humor ante cualquier circunstancia. Interesante el mensaje personificado por el niño con su cerdito hucha explicando, ante la perplejidad de la maestra, cómo cuando llega a su habitación el dichoso cerdito sonríe, cuando  le echa una moneda en el lomo también sonríe, pero cuando no le introduce nada porque no lo ha ganado bebiendo su vaso de leche, resulta que igualmente sonríe. En definitiva, siempre está contento con lo que tiene y es capaz así de ser feliz. Y lo cierto es que tiene un a sonrisa verdaderamente contagiosa.

Animación

La dama y la muerte, de Javier Recio (2009)

Hace unos días publicaba aquí uno de los cortometrajes nominados a la presente edición de los Goya: Alma, de Rodrigo Blaas. No es que la que escribe confíe demasiado en que el estar nominado a algún premio importante sea sinónimo necesario de calidad, pero sin duda es una forma de reconocer el trabajo que, a veces durante años, realizan jóvenes artistas y que de otro modo pasaría para la mayor parte del público inadvertido, como es el caso de la animación fuera del ámbito estadounidense y mucho más si nos referimos a su formato en cortometraje.

Ayer conocíamos la noticia de la nominación de un trabajo español a los premios de la academia norteamericana, que también compite a los próximos Goya en su categoría. Se trata de “La dama y la muerte“, un trabajo de poco más de ocho minutos cuyo proyecto ha costado más de dos años  y que es el primer film de este tipo realizado con técnicas de 3D en España. Dirigido por el granadino Javier Recio Gracia y apadrinado por Antonio Banderas en la producción, nos ofrece una dinámica muy bien ambientada y realizada en clave humorística. Dejo una copia, pero podéis ver el corto si lo deseáis en su página con mayor calidad de resolución, así como el making of y abundante información gráfica en el enlace al blog oficial de la película. Desde aquí deseamos a todo el equipo mucha suerte en las próximas galas de los premios a los que opta.

The Werepig y Encarna, de Samuel Ortí Martí (Sam)

Hace ya algún tiempo quería dedicar una entrada a los trabajos de la productora valenciana Conflictivos Productions, que viene desarrollando una labor metódica desde 2003 en el terreno de la animacion stop-motion de nuestro país. A pesar de contar con muy poco presupuesto y escasas subvenciones (el tema de las subvenciones y la macarronería que las envuelve en el caso de la C. Valenciana daría para un blog completo) han conseguido colocar algunos de sus cortos en el palmarés de algún festival nacional. Es el caso de “The Werepig”, un cortometraje realizado íntegramente en plastilina que ha sido preseleccionado para los Goya de este año, aunque desafortunadamente no ha conseguido colarse en la final. “The Werepig” ha tardado dos años en completarse, desde la primera idea hasta su estreno, y es algo así como un remake de “Un hombre lobo americano en Londres”, aunque ambientado en España. Su autor es Sam (Samuel Ortí Martí, 1971), una interesante personalidad dentro del panorama del stop-motion español actual y uno de los padres de Confllictivos Productions, junto al también valenciano José Atienza. Varios son ya los cortometrajes que llevan su sello: “Encarna” (2003), “Hermético” (2004), “Semántica” (2005) o “El ataque de los Kriters asesinos” (2007), a los que imprime su sentido del humor para la comedia de terror tan particular y con los que ya ha conquistado varios premios internacionales. Sus cortometrajes suelen reunir conceptos cinematográficos de lo más variados, aunque en todos destila un gusto especial por el cine fantástico de los 80, entremezclado siempre con personajes muy cercanos al costumbrismo español, lo que les convierte en un buen medio para la sátira y la parodia social. Desde aquí les animamos a seguir en su empeño para con este hijo huérfano del cine que es hoy día la artesanía en la animación.

The Werepig, 2009

Encarna, 2003

Alma, de Rodrigo Blaas

Alma es uno de los cortometrajes de animación candidato este año a los premios Goya en su categoría. Su creador es Rodrigo Blaas, animador granadino que trabaja desde 2002 en California, concretamente en la factoría Pixar, donde ha colaborado en el equipo creador de películas tan taquilleras como “Buscando a Nemo“, “Los increíbles” o “Cars“, por citar algunos ejemplos. Esta es la primera vez que se aventura en un proyecto independiente y en solitario, después de su reciente colaboración para Planet 51.

Cuenta la historia de una niña que se aventura en una tienda de juguetes y… no cuento más. Sí diré que bajo la apariencia delicada de la niña, invierno dulzón y tonos pastel se esconde una historia que poco tiene que ver con la idea de tierno cuento navideño con el que se está publicitando en la red. La factura técnica es impecable y los encuadres de cada plano están muy logrados, aunque quizás sus cinco minutos de duración resultan un tanto escasos.

Alma ya tiene en su palmarés algún que otro premio, como en Italia, donde ha obtenido el galardón Mejor Opera Prima en el festival Il Castelli Animati. No he visto aún todos los cortos nominados, pero le intuyo muchas opciones al Goya, a ver que os parece.

A disfrutarlo!

Mary and Max, de Adam Elliot (2009)

Adam Elliot, director australiano de animación premiado en diversos festivales por su corto Harvie Krumpet , regresa con sus figuras de arcilla esta vez con un largometraje, su primera película. Mérito no le falta pues son muy pocas las productoras que se animan en la actualidad con el laborioso stop-motion,  corren tiempos donde los trabajos de animación sucumben a novedosos placeres informáticos y los colocan en clara extinción, así que no se puede sino aplaudir  y reconocer el trabajo personalísimo que implica y las grandes dosis de  cariño y horas de trabajo necesarias para crear y dar vida a cada una de estas figurillas y escenarios. Personalísimo porque la verdadera estrella de todo esto es Adam Elliot, su maravillosa imaginación y su casi infinita paciencia: los personajes se hicieron uno a uno, los interiores y paisajes de Australia y Nueva York son maquetas de escenarios reales y la película cuenta con alrededor de 132.480 meticulosos fotogramas montados secuencialmente.

Mary and Max nos cuenta la historia de una niña de 8 años que vive en Australia. Para escapar de su soledad inicia una amistad por correspondencia con un desconocido de Nueva York que padece síndrome de Asperger. Entre ambos surge gradualmente una fuerte y sincera amistad que se consolida a lo largo de los años. Al hilo de esta relación vemos cómo ambos van evolucionando y hacen frente de manera muy distinta cada uno a su propia realidad. Hay que decir que, al igual que sus anteriores trabajos, es una animación orientada para adultos. El rechazo social, el suicidio, la depresión, el alcoholismo, la agorafobia, distintas patologías psicóticas, la orientación sexual o las creencias religiosas son algunos de los temas que aborda la película.

De particular interés es la estética,  utilizada aquí por Elliot como elemento narrativo de primer orden. Es un trabajo casi monocromático, en el que como contraposición al mundo de la niña, al que dota siempre de una paleta de tonos marrones, encontramos los grises de la ciudad donde vive el adulto y el color rojo, que aparece circunstancialmente para poner de relieve los elementos más importantes y simbólicos. Todo utilizado siempre sin abuso de estridencias  y manteniendo una estética lo más minimalista posible, acompañando y enfatizando a los personajes de modo absolutamente eficaz. En cambio la música es utilizada con mayor moderación y sirve más como cambio de ubicación entre las distintas escenas que para representar un estado de ánimo  o enfatizar el guión. La narración se desarrolla por acumulación de distintos matices y rarezas de cada uno de los personajes más que por la propia acción. Prestan su voz destacados actores como Philip S. Hoffman, Toni Collette o Eric Bana, hecho que rompe la tónica de los trabajos anteriores de Elliot en los que no existía el diálogo y la voz en off del narrador era el vehículo de conexión entre la imagen y el espectador. Hoffman me gustó especialmente, en mi opinión el más convincente con su peculiar voz interpretando a ese hombre deprimido y sin esperanza, y aunque sólo podemos escucharlo, su aportación al papel es innegable.

La película se presentó en Sundance con muy buena acogida. Desconozco si algún día será posible verla en España o habrá edición en DVD en nuestro idioma, pero merece la pena conseguirla (se ponga como se ponga nuestra señora Ministra) porque es una de esas joyas imperdibles de esta técnica en extinción de modo lamentable. Es un placer visual que recomiendo no perderse, porque además de ser encantadora, irónica y conmovedora casi a partes iguales, cada uno de los personajes, con sus imperfecciones y casi siempre al borde de la autodestrucción, están tratados con esa inspiración y cariño especiales que se palpa en todas las escenas, y seguramente sea esto y no sus particularidades lo que hace que la película resulte realmente conmovedora.

This Way Up (Adam Foulkes y Alan Smith, 2008)

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This Way Up es un fantástico corto animado creado por los publicistas británicos Adam Foulkes y Alan Smith para el Sundance Film Festival. El corto gustó tanto que fue uno de los nominados a los Oscar del 2009, aunque finalmente no consiguió hacerse con la estatuilla.

Con un humor negrísimo y muy británico, narra las peripecias en las que se ven envueltos dos enterradores para dar digna sepultura a una clienta, 563723828_VS2w2-X3construido a modo de repertorio de gags, a cual más macabro, y extrañas cadenas de peligros, incluyendo un épico viaje de ida y vuelta al infierno. Su tono oscuro y surrealista quizá fuese una desventaja a la hora de optar al premio, pero después de haber visto los que fueron nominados, a mí es el que más gusta, con diferencia.

Adam Foulkes y Alan Smith no cuentan todavía con demasiado currículum a sus espaldas; pero seguro que, de seguir así, en adelante se oirá hablar de ellos. 563652393_wACii-X3Foulkes, guionista y codirector, sólo había trabajado hasta la fecha en el mundo de la publicidad. Smith, quien sólo dirige, sí cuenta con alguna experiencia, sobre todo en la televisión británica, pues participó en algunos capítulos de la serie de animación “Monkey Dust” en 2003 y ha hecho algunos pinitos en el cine, teniendo a su cargo secuencias animada de la película “Una serie de catastróficas desdichas” (suyo es el pequeño elfo) y algunos títulos de crédito para diversos films juveniles.

Una noche en una ciudad, de Jan Balej (2007)

Jedné noci v jednom městě“, título original de este largo de animación dirigido a adultos, fue el resultado de seis años de dedicación casi exclusiva del checo Jan Balej a su proyecto. Praga es algo así como la Alejandría de la animación Stop Motion, última depositaria de una técnica heredera de grandes artistas como Jiri Trnka o Jan Svankmajer, que vive en la actualidad su declive. Porque en la era de la digitalización y el 3D, no son demasiados los animadores que invierten su tiempo en algo que requiera tanta paciencia como este tipo de trabajos. Para la elaboración es preciso construir una a una todas las marionetas, crear los fondos manualmente y hacer las miles de tomas que unidas darán lugar a los movimientos de los personajes. Seis años para unos 70 minutos reales filmados: se puede decir que la determinación de Jan Balej es poco menos que infinita. En Praga, sólo queda un taller que se dedica a fabricar muñecos manipulables para este tipo de películas; ahora, el propietario está a punto de jubilarse y su trabajo tiene tan poca solicitud que está condenado irremediablemente a desaparecer. La película parece recoger a través de sus historias el tono melancólico que invade hoy a los amantes de esta técnica artesanal. Y como si el sentimiento quisiese ser transmitido al margen del idioma del posible espectador, carece de diálogo y los personajes se comunican mediante gestos, miradas u onomatopeyas. Su atmósfera se construye lentamente, entretejiendo diferentes historias cuyo nexo común es la omnipresencia de la noche. Historias que no llegan a conectarse unas con otras, cuyos personajes entran y salen del escenario del film sin el convencionalismo estricto de un guión que los una.

Todo comienza una noche con una invasión de hormigas en un edificio de viviendas, a las que acompañamos para asistir como espectadores de la extraña vida de sus habitantes. La suerte de fenómenos que se oculta detrás de las puertas es impredecible; historias plagadas de horror y humor negro que son un prodigio de la insana imaginación del autor. Todas tienen como lugar común la noche de Praga y el barrio de Zizkov, que Jaleb plaga de personajes y situaciones a cual más surrealista y extraño: hombres con cabezas deformes, uno complace su tiempo construyendo un circo de insectos muertos, otro tiene en la cocina su propio crematorio para perros, hay un cazador de osos urbanos, un ama de casa dedica su amor a un burro culto en detrimento de su familia o un pez y un árbol comparten las vacaciones navideñas… Acompañan este desconcertante festín otras historias en una ciudad, en el escenario de la calle, cuyo hilo argumentativo resulta menos agrio que las que tienen el edificio como telón de fondo, pero sin alejarse demasiado de su tono decrépito. Historias aparentemente inconexas que en conjunto ofrecen un trabajo originalísimo, cargadas de referentes literarios y plásticos (en el cine y en la pintura), que tienen como denominador común alejarse de toda amabilidad hacia el espectador, quien puede llegar a sentirse por igual fascinado e incómodo ante lo que va pasando por su retina. La historia de amor a la sombra de un café, en el que las pinturas de la pared adquieren vida en la imaginación de un hombre solitario y el modo en que mezcla deseos, recuerdos y pesadillas, evocan la angustia de los relatos de Poe, al tiempo que los escenarios rozan la decadencia de Wilde. En otro, una oreja lynchiana es hallada por un frustrado acordeonista envuelta en una hoja de periódico; oreja que, una vez pegada a su propia cabeza (automutilación incluida a lo “Lust for life” de Minnelli), le hace capaz de pintar como Van Gogh. Y alguna posee cierto aire moralizante, como la de los dos borrachos y la misteriosa botella, que no es sino una transposición del cuento de la lámpara de Aladino, cuyo genio tendrá como misión cumplir los deseos de ambos beodos. Todo conducirá a una feliniana propulsión de alimentos, alcohol, cigarrillos y fotos sexuales cuyo exceso viene a decirnos produce la disminución del apetito y de la libido, materializado como un carnaval de grandes pechos en un prostíbulo que, a modo de “tren de la bruja” se transforma en laberinto del que sólo cabe escapar por una extraña puerta…

Navegando entre el surrealismo, el absurdo, lo onírico, la acidez y lo bizarro, la película intenta hablar sobre la soledad y los sueños escondidos, sobre la amistad y sobre encontrar un lugar en el mundo y, en su combinación de poética, fantasía, humor y nostalgia, nos ofrece historias diferentes sin una trama aparente y sin que nunca lleguen a resolverse, dejando entreabierto cierto espacio para la fantasía individual de cada espectador. Personalmente, mientras unas partes de la película me parecen realmente fascinantes, otras en cambio se me antojaron poco acertadas en su contenido e incluso algunas rozan, a mi modo de ver, el límite de lo agradable. Algunas de las historias que se desarrollan dentro del edificio, que en total ocupan casi la primera media parte del film, están entre lo menos acertado, como la del exhibicionista o la amante del burro. Sin embargo, el hombre-árbol que convive con la carpa, relato que se presenta como alucinación fruto de esa dosis que ilustra el cartel, me resultó grato por lo inusual y bien llevado, a pesar del su tono surrealista, extraño y alejado de cualquier similitud al comportamiento natural en una fábula al uso. Pero son los tres últimos, que bien podrían funcionar como cortometrajes independientes del resto (estoy casi convencida de que con bastante probabilidad esa fuese la intención primera, y que después acabó sumando todos los trabajos) los que poseen una calidad técnica y narrativa incuestionable, con una ambientación entre suaves azules, tenues grises y negros muy acordes al tono del relato, a los que se añaden estudiados guiños al cine, la pintura y la literatura que solo por su disfrute merece la pena visionar la película.

Vals con Bashir, de Ari Folman (2008)

Resulta bastante complicado comentar esta película; un documental animado realizado por el director israelí Ari Folman basado en las masacres de Sabra y Shatila ocurridas en 1982, en las que murieron miles de civiles (todos libaneses) y cuyas responsabilidades a día de hoy todavía no han sido depuradas. La dificultad reside en que la cinta, como animación arriesgadísima en su apartado técnico, me ha parecido lo mejor que he visto en muchos años y, sin embargo, tras verla, queda un cierto sabor amargo sobre los posicionamientos y alguna que otra justificación repartida a lo largo del metraje. He leído más de una crítica que aclama el valor de la película centrándose en su contenido humano o testimonial. En mi opinión, es precisamente este contenido el que no se puede sino observar desde un punto de vista muy, pero que muy crítico, dados (además) los últimos acontecimientos y el cariz que están tomando los asuntos en la región.

Aún a riesgo de extenderme demasiado, conviene repasar un poco de historia previa para abordar los sucesos que trata la película. Al margen del conflicto general entre Líbano e Israel, cabe recordar que Bashir Gemayel era el líder de la fracción de los autodenominados falangistas cristianos libaneses (F.L.F., leales y dispuestos para con el gobierno de Israel) que disfrutaban del poder en el gobierno tripartito; gobierno que trataba de mantenerse, desde hacía muchos años, en el frágil equilibrio entre cristianos, la OLP y los radicales islámicos (actualmente en mayoría). El asesinato de Bashir en 1982 provocó la réplica de los falangistas quienes, tras acusar del atentado a la OLP (que siempre negó tales hechos), perpetraron su venganza en lo que fue una de las mayores masacres contra civiles de la conocida Guerra del Líbano. La carnicería comenzó la noche del 16 de septiembre del 82 con la suelta de una manada de perros salvajes en un campo de refugiados de Sabra, y se prolongó durante los dos días siguientes con el ataque constante por parte las fuerzas gubernamentales. Hoy se sabe que horas antes hubo una reunión en los cuarteles de las F.L.F. en Karantina y que, entre otros, participaron Ariel Sharon, Amir Druri y Eli Hubaiqa (jefe del aparato de seguridad de las F.L.F.) donde se acordó facilitar la entrada de grupos armados de la seguridad en el campamento de Shatila. Poco después, se vio como se agrupaban estas fuerzas en el aeropuerto de Beirut preparándose para la hora del ataque y, en cuanto la noche cubrió el campamento y sus alrededores, el ejercito sionista israelí comenzó a iluminar con bengalas el escenario de operaciones, donde los falangistas libaneses iban atacando a la población mientras dormía. Los carros de combate israelíes cerraron todas las salidas de socorro de los campamentos, impidiendo la huida  de sus habitantes y , bajo amenaza de abrir fuego, les obligaban a retroceder. Observadores y fotógrafos extranjeros, trabajadores de la Media Luna Roja e instituciones internacionales, coincidieron con el periodista sionista Amnon Kapilock en sus declaraciones: “La matanza comenzó rápidamente y continuó sin interrupción durante cuarenta horas. Miles de personas, inocentes y desarmadas, fueron asesinadas. Durante las primeras horas, las milicias falangistas masacraron a centenares de personas, disparaban contra todo lo que se movía en los callejones bajo la consigna de “eliminar terroristas”, matando casa por casa a familias enteras mientras estaban simplemente cenando”.  Debido al eco internacional que tuvo la matanza, el estado hebreo, cuyo ejercito invasor ocupaba ya Beirut, tuvo que constituir una comisión para investigar los hechos, bajo la presidencia de Isaac Kahana, presidente del Tribunal Supremo. La investigación se limitó a culpar a las F.L.F. haciéndolas responsables de la masacre, eludiendo la participación sionista en los hechos, así como la de de las fuerzas armadas leales a Israel procedentes del sur del Libáno de Saád Haddad, limitando la responsabilidad de Israel tan solo a la negligencia y su mala estimación de la situación en aquellos momentos. Por supuesto, la supuesta responsabilidad de Ariel Sharon y Amir Druri (jefe del área norte de operaciones del ejército israelí), se acotó sólo a su participación en reuniones, donde se discutía la entrada de elementos de la falange a los dos campamentos, dentro del marco de una operación de participación falangista para dominar Beirut oeste.

Pues bien, el director Ari Folman realiza sobre estos acontecimientos un documental animado a partir de su experiencia personal como soldado israelí destinado en los alrededores de estos campamentos. 20 años después de los hechos, el soldado sufre una especie de amnesia provocada por el horror de lo vivido. Además, es preso de una pesadilla recurrente en la que una jauría de perros le persigue o corre amenazante al ataque de gentes que desconoce, en otras ocasiones aparecen soldados israelís tiroteados por francotiradores o se ve a sí mismo como un zombie vagando en el aeropuerto de Beirut ahora desierto de gente. Ya no puede más y decide buscar a antiguos compañeros que estuvieron con él en la batalla para que testimonien y den sentido a su pesadilla, pretendiendo con esto esclarecer cuáles fueron esas vivencias que no recuerda y arrancar de su mente la tormenta.
La animación es muy arriesgada, con figuras estilizadas a la vez que realistas, casi siempre monocromáticas rotas por tonos tenues, amarillos y rojizos, acordes a la noche iluminada por bengalas y a los sentimientos de horror e impotencia. A pesar de ser bastante explícita en los detalles de los episodios de violencia (mostrados siempre ajenos al ejército israelí, hay que decirlo), las escenas se centran principalmente en el recuerdo del trauma individual del soldado. Las entrevistas fueron grabadas en vídeo y los animadores se basaron en ellas para confeccionar los dibujos. Destilan cierta megalomanía en planos como la del tanque israelí aplastando vehículos en su avance, u otra en la que el soldado recuerda escapar de un ataque gracias a una mujer gigante que surge desnuda de la playa y le permite flotar postrado sobre su cuerpo. O cómo sobrevive a una emboscada acurrucado en cuclillas tras una roca durante horas, al amparo de la oscuridad y es felizmente encontrado por el regimiento que él mismo abandonó.
Es una película dirigida sin duda al público israelí, que no pretende justificar las masacres de Sabra y Shatila (es más, las denuncia claramente) aunque sí dejar constancia de la escasa o nula vinculación de Israel en ellas, a pesar de que tácitamente lo permitiera, del mismo modo que lo hace el sueño de Folman, que se presenta como una sucesión de realidades que él cree que ha reprimido concluyendo al final en que en verdad nunca las ha experimentado. Folman, en su recorrido en formato de entrevistas, fusiona convenientemente el Líbano de 1982 con la realidad actual, pero también con los recuerdos de la Segunda Guerra Mundial de su anterior generación, vinculando los sueños referidos a la masacre de los palestinos con la experiencia narrada por los padres del propio Folman en Auschwitz, cuando su amigo le dice aquello de “la masacre ha estado contigo desde que tenías seis años; en realidad tú no participaste en ella, pero te persigue y te hace sentir culpable”. La frasecilla tiene su qué… Alguna explicación, auto-justificativa si cabe, habrían de darle, y la película, además de técnicamente buena, sí muestra el drama real de uno de los hechos más vergonzosos de la historia reciente, a pesar de situar a sus soldados como meros espectadores cuya responsabilidad fue únicamente “dejar que ocurriera” sin hacer absolutamente nada para impedirlo… Existiera alianza o fuera un sólo “dejar hacer”, no viene mal recordar que sí ocurrió, por aquello de la memoria histórica; aunque la historia, como la memoria, sufran demasiadas veces del enroque al servicio de la interesada propaganda.

Algunos Números sobre Sabra y Shatila:

Fuerzas: Israel – Falange:  Falange Libanesa con apoyo logístico del Ejército Israelí /Refugiados Palestinos: Inexistentes

Muertos: Israel – Falange: 2/Refugiados Palestinos: Entre 700 (cifra israelí) y 6000 (incluyendo desaparecidos)

Combatientes: Israel – Falange: 150 dentro de los campos/Refugiados Palestinos: Población civil desarmada

Comandantes a cargo: Israel – Falange: Ariel Sharon y Elia Hobeika/Refugiados Palestinos: Sin dirección militar

Harvie Krumpet, de Adam Elliot

“Algunas personas nacen grandes, otras consiguen la grandeza a empujones y… luego están todos los demás”. Así comienza este trabajo que le valió a su autor, el australiano Adam Elliot, el Oscar en el año 2004 al mejor corto animado junto a otros 17 premios, y que narra la simple pero a la vez extraña vida de Harvie Krumpet: la biografía de un hombre corriente al que parece perseguirle la mala suerte. Nacido con el síndrome de “Tourette” (impulso irrefrenable de tocar con su dedo índice la punta de la nariz a la gente) dentro de una precaria y marginal existencia como europeo medio, la única constante en toda su vida es un libro de “Hechos“, los cuales va sumando y conservando colgado al cuello. Tras una trágica infancia emigra a Australia, donde consigue trabajos de poca monta y finalmente se retira a la soledad de su hogar. Mientras tanto le suceden una cadena de calamidades, entre otras cosas, tener que llevar una chapa de acero en su cráneo que hace de imán.

Cuando se ven películas aclamadísimas, que a duras penas pueden contar la historia de un personaje en un par o tres de horas, no se puede sino alabar la capacidad de Adam Elliot para, en escasos 20 minutos, narrar la vida completa de Harvie junto a una sucesión significativa de hechos de modo que esos 20 minutos parezcan en realidad cinco. Y, además, hacerlo con un sentido del humor fino donde los haya (“El problema de bailar desnudo es que no todo deja de moverse cuando la música termina“), al límite del absurdo (“El alcohol puede causar borrachera y desnudez“), negro por momentos, y decididamente alejado de cualquier pretensión moralizante (“La vida es como un cigarrillo, fúmalo hasta la colilla“). Eso sí, hay que verlo sin tomarlo demasiado en serio, porque es tragicómico en el sentido más estricto de la palabra, y hay que saber encajar algunas de las situaciones en las que se verá envuelto Harvie a lo largo de su vida, como ser llamado en los periódicos “inmigrante retrasado“, sobre todo si el autor sabe hacerlo de modo que, en vez de provocar lástima, nos riamos sanamente de ello. Algo tendrá que ver el hecho de que Adam Elliot sea de los pocos animadores que existen con temblor de manos congénito; todo un ejemplo de superación personal porque probablemente se las habrá visto de todos los colores para llegar donde está, quizá por ello Harvie tiene tan claro que la vida es ni más ni menos que lo que hacemos de ella. Otro tema distinto sería hacia dónde quiso Harvie dirigirla… A disfrutarlo!

Título original: Harvie Krumpet/ País: Australia/ Año: 2003/ Director: Adam Elliot/ Animación: Adam Elliot/ Guión: Adam Elliot/ Intérpretes: (Voces) Geoffrey Rush, Julie Forsyth, Kamahl, John Flaus/  Productor ejecutivo: Bill Murphy/ Duración: 20 minutos. Versión Original con subtítulos en castellano.

Grzegorz Jonkajtys: Arka

087-arkaEl nombre del animador polaco Grzegorz Jonkajtys no es demasiado conocido, pues en toda su carrera profesional sólo ha realizado dos cortometrajes. Sin embargo, todos recordamos películas como El laberinto del fauno, Sin City, Hellboy, Gothica o La liga de los hombres extraodinarios; películas que no serían lo que son sin la intervención de Jonkajtys como animador gráfico o responsable de sus efectos visuales. Parece que trabajo no le falta, y viendo el corto animado Arka, realizado en 2007, se comprende la circunstancia, porque la animación es de una calidad superior, muy bueno gráficamente, con una ambientación fantástica que, unida a un argumento igual de bueno hace que se pasen los 8 minutos de duración en un plis, a pesar de su ritmo lento, reservando, además, un final inesperado pero, a mi juicio, realmente acertado.

El argumento recuerda la leyenda de El arca de Noé trasladada al futuro. Esta hermosa, aunque triste historia, trata sobre un virus desconocido que ha destruido la práctica totalidad de la población humana. El título hace referencia al intento de escapar de los pocos supervivientes, ajenos a la verdadera naturaleza de la enfermedad, en una flotilla de barcos, en busca de tierras deshabitadas y no contaminadas. En su éxodo para la supervivencia, encontrarán algunas sorpresas.

El corto ha obtenido diversos premios, entre ellos a la Mejor Animación en el festival de cortometrajes de Budapest, la Mención Especial en el Prix Ars Electrónica en 2007, el premio a la Mejor Película animada en el Siggraph o el Hobby-Horse de plata y premio a la Mejor Animación en el Festival de Cracovia. Fue presentado, además, en la selección oficial del Festival de Cannes el mismo año.

Título original: Ark/ País: Polonia/ Año: 2007/ Animación: Grzegorz Jonkajtys/ Guión: Grzegorz Jonkajtys/ Música: Pawel Blaszak y Tomas Mayer/ Productor ejecutivo: Marcin Kobylecki/ Duración: 8 minutos. Sin diálogos.

Un médico rural, de Koji Yamamura (sobre el relato de Franz Kafka)

kafkaflyermainfq7Koji Yamamura es uno de los actuales referentes en la animación experimental e independiente nipona. Este  cortometraje  es una adaptación del relato “Un médico rural” escrito por Franz Kafka en 1918 (según se data), que cuenta la historia de un médico al que llaman durante una noche de tormenta, en medio de una fuerte nevada, para visitar a un joven paciente gravemente enfermo. Venciendo extraños obstáculos, logra acudir a la llamada, pero es incapaz de ayudar al enfermo; punto este en el que comienza a dudar si realmente no sabe curarle o está siendo víctima de un engaño. Para justificar su impotencia, opta por sentirse traicionado por la llamada de la falsa campanilla nocturna, e intenta recapitular los hechos ocurridos tratando de averiguar dónde exactamente cometió el “error” que le hace imposible volver atrás, extrayendo como conclusión algo similar a una moraleja que, de haber conocido antes del sonar de la campanilla, hubiese permitido evitar el error fatal.

Kafka escribió este relato durante una convalecencia pasada en el campo en la que, además, se data el comienzo del primer capitulo de “Das Schloss” (El castillo). Un año más tarde, aborda un tema similar en El Proceso cuando narra la odisea de José K. detenido por una acusación que nunca se le precisa y para la que él tampoco demuestra demasiado interés o deseo de hacer precisar. La soledad, la frustración y la angustia ante la sensación de culpabilidad que es capaz de experimentar el individuo cuando se siente amenazado por fuerzas desconocidas, que escapan a su control o no es capaz de comprender, son temas recurrentes en la obra de Kafka.

Yamamura recrea en la animación no sólo el texto, sino ese estilo irónico con su trazo exagerado en el que fantasía y realidad se combinan con asombrosa naturalidad y que proporcionan a este trabajo ese aire tan kafkiano en el que se mezcla la lucidez con el denso ambiente de lo onírico. Y lo cierto es que consigue recrear muy bien la sensación fantasmal y claustrofóbica de la que está impregnada la obra original, a caballo entre el surrealismo y el expresionismo, que es algo así como el alma del relato de Kafka.

Título original: Kafka Inaka Isha / País: Japón / Año: 2007/ Animación: Koji Yamamura/ Sonido: Koji Kasamatsu/ Música: Hitomi Shimizu/ Montaje: Koji Yamamura/ Producción: Mariko Seto, Fumi Teranishi/ Estudio: Shochiku.
Duración: 20 minutos. Versión original subtitulada.

Peur(s) du Noir (2007)

Paredes que crujen en una enorme y solitaria casa vacía. Ruidos inexplicables en la soledad del bosque siniestro. Arañas cepillando con sus patas la piel desnuda. Perros a la caza de incautos en la fría noche. Agujas hipodérmicas secuestradoras de sueños. Vísceras encerradas en botellas de formol… Seis increíbles artistas del cómic y la ilustración prestan sus dibujos al celuloide para crear esta película colectiva de pesadillas oscuras sin color, sólo el blanco, el negro y el gris. Son, ni más ni menos, que Blutch, Charles Burns, Marie Caillou, Pierre Di Sciullo, Lorenzo Mattotti y Richard McGuire.

Miedo a la oscuridad no es un montaje de cortos preexistentes. Las piezas fueron creadas para este proyecto y comparten la visión y el trazo personal de cada autor al servicio de nuestros miedos más profundos, el miedo a lo que no se ve, a aquello que, sin razón, nos aterra. Tampoco es una sucesión secuencial de cada  pieza; sólo cuatro se muestran de modo ininterrumpido, completo ( son las de Burns, Caillou, Mattotti y McGuire), mientras que el trabajo del francés Blutch y el de Di Sciullo recorren todo el film introduciendo el resto de animaciones.
Incluso, alguna se presenta intercalada, no resolviéndose su final hasta los títulos de crédito, aportando cohesión al conjunto.
Un cruel aristócrata y sus perros son el hilo conductor de las demás historias: El precoz científico y sus extraños especímenes, una niña japonesa intimidada por sus fantasmas (propios y ajenos), el hombre que se refugia de una tormenta de nieve en una aterradora casa victoriana, un pueblo italiano asolado por una misteriosa bestia… Pero no quiero de ningún modo adelantar más del contenido del largometraje, lo mejor es verlo sin saber demasiado sobre su argumento. Decir, sin embargo, que lo mejor del film no es la propia narrativa, puesto que las tramas que desarrolla no son excesivamente novedosas dentro del género del terror. Lo más interesante es la calidad artística de cada una de las animaciones, todas muy diferentes y personales, en la que queda patente la variedad trasladada al plano estético de cada creador, pudiendo ver en la cinta desde líneas geométricas en singular movimiento, realismo a base de lápiz y sombras, o trazos más figurativos que van dibujando estas historias intercaladas que transcurren por distintos senderos del terror. Personalmente, me ha gustado mucho el trabajo de Mattotti, pero sobre todo el de Burns con su trazo atormentado, introspectivo, opresivo y su historia digna del mismísimo Kafka.
La película llevaba más de un año dando vueltas por circuitos festivaleros hasta su estreno el pasado 24 de octubre en Estados Unidos bajo el título de Fears of the Dark.

En Europa se presentó en 2007 en el Festival de Roma, y amén de algún pase especial en París o Londres, sigue sin estrenarse en sala comercial alguna. Y en España, pues siquiera hay noticias de un posible doblaje; así que, para los interesados, decir que lo más probable es que haya que esperar a su edición en DVD, y para los impacientes (como la que escribe)… pues, ¡bendito sea internet!

  • Trailer del reciente estreno en Estados Unidos:

Sílení, de Jan Svankmajer (2005)

Sileni es el largometraje más reciente del infatigable director surrealista checo Jan Svankmajer. La película, de “terror filosófico” (como el mismo director la define), ambientada en Francia, finales del XVIII, es un extraño cuento, una parábola llena de alegorías sobre la libertad y la represión que combina relatos del Marqués de Sade y Edgar Allan Poe con sus lenguas y sesos animados, que constituyen casi una marca registrada del director. Lo cierto es que ambos autores ya habían figurado en obras anteriores de Svankmajer, en cuya trayectoria encontramos cortometrajes basados en relatos como “La caída de la casa Usher” o “El pozo y el péndulo”; incluso obras que rinden claro homenaje a Sade, como sería el caso de “Los conspiradores del placer ( Spiklenci Slasti, 1996) en su descarada y subversiva retórica plagada de fetichismo. En esta ocasión, “El entierro prematuro” y “El Sistema del Dr Tarr y el profesor Fether” son quienes proporciona la base narrativa a gran parte del guión, en el que el protagonista, un joven con numerosos conflictos emocionales tropieza con el inimaginable mundo de un Marqués (figura directamente inspirada en Sade, cita en la película discursos literales de sus obras), amigo de oscuras orgías sadomasoquistas y terapéuticos enterramientos para curar el miedo a la catalepsia en un extraño y grotesco sanatorio en el que el citado marqués ejercerá de guía del joven, al que somete a una perturbadora  terapia purgante para la cura de todos sus temores a cambio de depositar en él su confianza.

Svankmajer deja a un lado en esta ocasión la representación del hombre como títere de la sociedad que le ha tocado vivir (animaciones de marionetas que utiliza simbólicamente en sus anteriores películas) para construir, esta vez, una parábola sobre los mismos pilares en los que se sustentan la ética de la sociedad y las imposiciones del sistema. A modo de microcosmos de esa sociedad, presenta un sanatorio mental donde los pacientes se rigen por la disciplina autoritaria y la violencia, y en la que cualquier anormalidad mental es reprimida a través del castigo físico. El mundo del marqués tiene, como contrapartida, la visión del lado opuesto, el de la condena de la razón y las costumbres de la moral; es el mundo de los deseos reprimidos liberados, la blasfemia, la búsqueda desenfrenada del deseo y las fantasías sexuales. Svankmajer disecciona el totalitarismo y la autocracia, probablemente representando el régimen anterior checo, y el western social que supuso la llegada de la nueva democracia a través de los unos pacientes del sanatorio a los que, de manos del marqués, se les permite absoluta libertad para satisfacer sus deseos. Mientras el film desarrolla su trama, trozos de carne, celebro, ojos y lenguas son liberadas y animan el decorado paseándose por los escenarios, retozándose en el barro o bailando al son de la música. Pero la carne termina como producto de consumo, en bandeja y precintado, respirando a través del plástico en la estantería de un supermercado. Su libertad sacrificada al consumo de la demanda, sugiriendo de forma más que evidente que esa aparente libertad de mercado no tiene necesariamente como consecuencia la libertad real, sino más bien una nueva forma de comercialización de la imaginación y del deseo.

Destaca una sólida labor interpretativa por parte de todo el reparto actoral, en especial la figura del marqués interpretado por Jan Triska, asombroso trabajo que me recordó en numerosas ocasiones pasajes de “La vía Láctea” de Buñuel. Es un film que seguramente, debido a lo grotesco y surrealista de su desarrollo, resultará difícil de ver a mucha gente, pero que contiene muchos matices que, si somos capaces de entrar en su juego, promete un rato muy entretenido no sólo por lo que respecta a su argumento (hay que decir en su contra que el final resulta más que previsible), sino por su diversidad creativa, su punto de vista lúdico y su blasfemo humor negro que logra ese ambiente insano que recorre toda la película y que deja la sensación de haber visto un film único, realmente irrepetible.