Mad Doctors, nuevo monográfico de La Caja de Pandora

La figura del Mad Doctor es el tema monográfico de la quinta entrega de la revista digital La Caja de Pandora, publicación en la que este blog aporta su granito de arena de manera habitual. En este número se ofrece un repaso a la figura del científico loco desde su primera forma, el Doctor Frankenstein, hasta la actualidad, abordado desde la perspectiva del cine, la literatura, el cómic, la ilustración, el manga o el anime.

Para la ocasión, la revista ha contado como valor añadido con la inestimable colaboración del escritor gaditano Ángel Torres Quesada, autor de reconocida trayectoria en la ciencia ficción patria, con un relato inédito titulado La tienda de los sueños que la revista publica íntegramente.

Podéis descargarla de forma gratuita o disfrutarla on-line en este enlace:

http://cajadepandoramagazine.blogspot.com.es/2012/10/mad-doctors-descarga-del-nuevo-numero.html

Asesinos: Número 3 de La Caja de Pandora

Asesinos es el tema monográfico de la última entrega de la revista digital La Caja de Pandora, que ya va por la tercera y mejorando con cada número. 120 páginas repletas de sangre derramada por criminales en serie llevados al celuloide, pero también hay lugar para entrevistas con Borja Crespo, Daniel Mares o Justin Shady, y para la literatura y el cómic ambientados por ilustraciones a cargo de Miguel Ángel Martín, Tomás Serrano o Antonio Callau. Un auténtico crisol sanguinoliento para una desbocada edición que plagan de sangre figuras como Jack el destripador, Charles Manson, Tomas Ripley, Hannibal Lecter o Caetano Santos, intercalados entre los más clásicos del cine y la literatura: desde M, el vampiro de Dusseldorf a Justino, el asesino de la tercera edad, pasando por Haneke, Truman Capote, Patricia Highsmith o auténticos films de culto como Henry, retrato de un asesino, o imprescindibles del mundo del cómic como Alan Moore y su obra maestra From Hell.

Dentro de la línea más habitual, este blog ha colaborado para la ocasión con dos artículos de dos obras maestras cinematográficas: La película de Michael Powell, El fotógrafo del Pánico, el asesino que graba a sus víctimas mientras las mata con un cuchillo instalado en la propia cámara, y un clásico entre clásicos: Robert Mitchum, dirigido por Charles Laughton, y su mítico papel en La noche del cazador, persiguiendo a dos pequeños herederos millonarios mientras tratan de huir del terrorífico reverendo que lleva tatuado en sus nudillos las palabras L-O-V-E y H-A-T-E

La revista, de difusión gratuita, puede descargarse desde este enlace. Que la disfruten…

El extraño (Orson welles, 1946)

El Extraño (The stranger), dirigida por Orson Welles en 1946, recién terminada la Segunda Guerra Mundial, es la primera película norteamericana que alude de forma explícita los campos de concentración nazis, al asesinato planificado de miles de personas. La siguiente, Los ángeles perdidos (Lost angels), se rodaría en 1948 bajo la batuta de Fred Zinnemann, pero a partir de ese momento pocos serían los metrajes que desde Hollywood mostraran al mundo los horrores del Holocausto, ya que la atención cinematográfica pasaba de inmediato a orientar su mirada hacia la incipiente Guerra Fría.

La trama se centra en Franz Kindler, criminal de guerra nazi y uno de los cerebros del Holocausto, interpretado por el propio Welles, quien se refugia en una pequeña localidad de los Estados Unidos bajo el disfraz de profesor de Historia. El verdugo, venido a amable y carismático profesor, logra casarse con una joven del lugar, hija de un prestigioso juez del Tribunal Federal de Connecticut, que desconoce por completo el turbulento y oscuro pasado de su esposo. Edward G. Robinson encarna al agente Wilson, miembro de la Comisión Aliada contra Crímenes de Guerra, encargada de investigar e ir tras la pista de posibles nazis ocultos en Norteamérica bajo falsas identidades. Robinson acabará haciéndole caer en la trampa cuando, en una de las mejores secuencias de la película, Kindler desvela su verdadera identidad durante una conversación de sobremesa en casa del juez, empeñándose en afirmar que Karl Marx no era alemán debido a su origen judío.

El extraño nunca ha sido considerada una de las obras mayores de Welles, a pesar de estar muy por encima de otros intentos posteriores de Hollywood sobre el nazismo. El guión, del que según Welles se encargó John Houston, aunque en los créditos aparece suscrito por Anthony Veiller, tiene su origen en un proyecto de Victor Trivas, escritor y guionista de origen ruso formado en Alemania, de donde huiría tras tomar el poder los nazis. El modo en el que está organizado el suspense evoca trazos hitchconianos, en particular al film La sombra de la duda (The shadow of doubt), estrenado unos años antes, cuando se representa al nazi tras la fachada de hombre culto y trato afable, aunque en realidad esconde un pasado reciente salpicado de crímenes horrendos que le convierte en más peligroso si cabe, otorgando ese aire vertiginoso al personaje tan recurrente en el cine de Hitchcock.

Hacia al final de la película, Wilson muestra a la incrédula y fiel esposa las pruebas fehacientes sobre el pasado de su marido. El agente, para terminar de convencer a la mujer cegada por el amor, proyecta un documental sobre la liberación de los campos, lo que acaba por hacer claudicar el empeño de la atónita esposa, hasta entonces convencida de la inocencia de su marido, que pasa a cooperar con la Comisión en el arresto del falso profesor. Es el único momento de la película en el que vemos imágenes reales de las prácticas del nazismo, de los campos de concentración y de los laboratorios desde donde se planificaba el exterminio.

Sobre este primer intento de sensibilizar al público en relación con el horror nazi, Welles afirmaba: “En principio estoy contra ese tipo de cosas: explotar la miseria, la agonía, la muerte con fines de entretenimiento. Pero cada vez que se presenta la ocasión de obligar al público a mirar las imágenes de un campo de concentración, bajo el pretexto que sea, es un paso adelante.” La película fue un fracaso rotundo de taquilla, tal vez porque 1946 fuese una época todavía temprana para mostrar al gran público los horrores de la guerra demasiado reciente en la memoria, público sobre el que pesaba el agravante de pertenecer al país que acababa de lanzar dos bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. Pero probablemente tampoco gustase nada que el verdugo nazi se presentara como un personaje normal y corriente, capaz de integrarse sin demasiados inconvenientes en la plácida existencia del ciudadano norteamericano de a pie, pasando totalmente desapercibido para la gran mayoría. Toda una confirmación del tono sutilmente provocador que siempre recorrió la filmografía de Welles.

  • Artículo originalmente publicado en la revista La caja de Pandora. Ver y descargar aquí

La revista digital “La caja de Pandora” levanta hoy el telón

Hoy, 1 de mayo, ha salido por fin el primer número de La caja de Pandora. Se trata de una revista de cine y otras artes que en principio proyecta ser cuatrimestral y monográfica, es decir, cada número tratará de un tema genérico con artículos dedicados al cine, el cómic, la música, la pintura y cualquier tipo de manifestación artística relacionada.

Este primer número que hoy ha visto la luz está dedicado al Holocausto nazi de la Segunda Guerra Mundial, y en él se pueden encontrar artículos sobre la evolución en el tratamiento por parte del cine a lo largo de los años, junto a reseñas de películas de Rosellini, Polanski, Chaplin, Claude Lanzmann, Spielberg, Orson Welles o Leni Riefenstahl, entre otros, pero también encontrarán artículos monográficos que tratan su influencia en la literatura, la fotografía, la música o la pintura.

Este blog ha colaborado con un artículo sobre la película El Extraño, dirigida por Orson Welles en 1946, el primer y único film que se hacía en Hollywood aludiendo de forma explícita los campos de concentración nazis y el exterminio de millones de personas en Europa, ya que después de su estreno, el cine norteamericano pasaría a centrar su atención en la incipiente Guerra Fría y el tema no sería retomado por la industria del cine americano hasta años más tarde.

Cuando el amigo Crowley , el artífice de todo esto, se embarcó en este proyecto de manera altruista y me propuso participar, acepté con gusto, pero no tenía demasiada idea de cual sería el desenlace. Y, la verdad, he quedado gratamente sorprendida de la calidad del resultado, desde la maquetación, que es sencillamente formidable y digna de haberse editado en papel, por no hablar de la calidad del contenido que, en el que han colaborado compañeros de la blogosfera y que, hasta ahora he podido leer, es sencillamente impresionante.

La revista es de difusión digital, y podéis visitar el blog proyectado para el lanzamiento en este enlace, desde donde tendréis oportunidad de leerla on line o de descargarla en formato PDF de forma totalmente gratuita. Me siento muy agradecida, muy contenta y orgullosa de haber participado, aunque de manera muy pequeña, en este proyecto que ha desbordado mis primeras expectativas. Por mi parte, un primer vistazo solo al formato y he quedado impresionada, ahora toca leer detenidamente su contenido, agradeciendo de antemano a todos el esfuerzo y deseando desde ya empezar a colaborar en el siguiente número. La caja de pandora levanta hoy el telón y queda a disposición de todos los lectores, felicidades pues al equipo que la ha hecho posible. Ahora solo queda que se atrevan a abrir la caja.

La Caja de Pandora (Yesim Ustaoglu, 2008)

La caja de PandoraLa caja de Pandora, quinto film de la cineasta turca Yesim Ustaoglu, galardonado con la Concha de Oro en el pasado Festival de San Sebastián, destapa la caja de los truenos cuando la vida de tres hermanos que ya no cumplen los cuarenta se ve momentáneamente alterada por la desaparición de su anciana madre, enferma de alzhéimer, y tienen que partir en su búsqueda hacia su pueblo natal, en la costa montañosa del Mar Negro. Un viaje físico donde se destaparán viejas rencillas, diferencias en cuanto a modos de abordar el presente o el futuro, incluso el pasado; una prueba de la vida en la que deseos, miedos y frustraciones saldrán necesariamente a la luz cuando, por fuerza, la nueva situación hace necesario aunar esfuerzos y relajar diferencias para lograr salir airosos adelante. Pero también es un viaje hacia el interior de las relaciones humanas, hacia como se afronta la incómoda realidad de la vejez, la enfermedad, los prejuicios acompañantes y, en definitiva, la soledad que acarrea casi siempre la cara b de la vida, esa parte menos grata que de vez en cuando a casi todos, de un modo u otro, nos toca afrontar.

Relato contundente, radiografía dura y demoledora que no incurre en el melodrama lacrimógeno, hecha con ritmo pausado pero con suficiente sensibilidad, logra adentrarse en cada uno de los personajes y transmitir de forma más que correcta sus contradicciones y sus sentimientos. Y al tiempo que lo hace, nos ofrece un buen retrato de algún que otro asunto latente en la sociedad contemporánea, de la hipocresía, insolidaridad e individualismo frente a los débiles o enfermos cuando ya no cumplen un papel social activo, de los grandes contrastes todavía existentes entre el medio urbano industrializado y el rural y, como no, de la relaciones generacionales siempre conflictivas que, en este caso, se resuelven mediante un extraña pero positiva sintonía entre la abuela, excelentemente interpretada por la francesa Tsila Chelton, papel que le valió la Concha de Plata a la Mejor Actriz, y el nieto, un adolescente que todavía no ha encontrado su rumbo, a cargo del joven actor Onur Unsal , con una interpretación menos brillante, aunque aceptable.

Hasta aquí los aspectos más interesantes y destacables, porque la película  fracasa a la hora de abordar los temas con pulso y  ritmo narrativo suficientes. No se trata de que sea excesivamente dilatada, que lo es, ni de que abunden o no los largos silencios; el cine está lleno de ejemplos con construcciones en la que solo intervienen determinadas miradas o gestos cargados de contenido y significado, y se pueden construir magníficas secuencias basadas únicamente en  imágenes,  precisamente el mejor arma del lenguaje del cine. Lo que sucede es que la película insiste machaconamente durante casi dos horas en la misma idea, a base de hacer pasar a la abuela por la casa de los tres hermanos y posteriormente regresándola al pueblo con el nieto, para decir una y otra vez lo mismo, sin avanzar hacia ninguna parte. Y lo que durante la primera media hora resulta interesante, decae en la segunda; hacia mitad del film miradas al reloj y cambios de postura en la butaca porque no se nos ha contado absolutamente nada desde hace demasiado tiempo y no se ha ofrecido otra cosa que reiterarse en los aspectos más grises de la realidad humana. Y la sensación que queda es la de haber asistido a una buena radiografía de personajes, tal vez demasiado apagados, intrincados, ásperos, y a un retrato de la vejez que no por su obstinada sensibilidad deja de caer en el exceso enfático sobre un mundo observado desde cierta óptica exageradamente triste  y  amarga.