La cinta blanca (Das weiße Band, Eine Deutsche Kindergeschichte) – Michael Haneke, 2009

Una cinta blanca en el brazo de un niño, recordatorio de la pureza requerida por el bunker  espiritual del lugar, el calvinismo, previo a ceremoniar la fe en la confirmación. Niños que son la cara amable de la crueldad humana en este relato subtitulado “Eine Deutsche Kindergeschichte” (Una historia de niños alemanes), escrito en los créditos con los que se abre la película, en letra cursiva Sütterlin, ortografía con la que se enseñaba a los escolares en Alemania hasta 1941.

Un hombre voz en off comienza a contar la historia de un pequeño pueblo alemán, probablemente con posterioridad a la toma del poder por los nazis y de su caída, después de la guerra. Nos remite al verano de 1913. La voz es la del joven maestro que enseña los rudimentos del conocimiento al hijo del médico, del pastor protestante, al hijo del barón y a los de los campesinos de la aldea. Pequeños delitos se suceden: el médico sufre un grave accidente en su hacienda, abusos al hijo del terrateniente, vejaciones a un retrasado, la ceguera de la partera… El bisturí de Haneke disecciona los personajes y la cámara es el terrible laboratorio donde los lanza unos contra otros para mostrarnos una vez más el lado oscuro del alma humana. El guión es exacto, preciso, denso, venenoso. Pocas palabras, las justas, pero no hay tregua ni lugar para el sosiego. La nueva generación da una vuelta de tuerca a los terribles rigores del calvinismo, a la dependencia feudal, y son los críos más peligrosos si cabe que los adultos. Es el retrato social del cambio inminente, el germen del fascismo. Años de represión y rencor grabado a fuego en su sangre, no hay paz en sus conciencias llenas de secretos, el miedo es palpable. Sin una sola escena explícita de violencia (a excepción de la conversación del médico y la partera, que solo con palabras es escalofriante), Haneke deja que la cámara llene el vacío de los silencios y el horror se hace insoportable. Los diálogos son precisos, contundentes, de todos ellos, el del tutor con el hijo de barón sobre la masturbación y la pureza banal es desgarrador. Los niños quedan impunes de sus maldades, la culpabilidad de los delitos y la cuestión de un delincuente que aparezca al final de la película es aquí trivial: la guerra siempre viene de fuera en las películas de Haneke. Aunque tal vez este hecho carece de importancia porque sabemos que muchos de los integrantes de este microcosmos en blanco y negro morirán años después, en la guerra. Los que no, son el prólogo a los horrores que depararía la primera mitad de ese recién comenzado siglo XX.

Galardonada con la Palma de Oro en el último festival de Cannes, merecidísima a mi juicio, he tenido oportunidad de verla durante las vacaciones navideñas y casi me atrevería con la afirmación de que se trata de la mejor película de Haneke hasta la fecha, quien demuestra una sólida madurez como cineasta sobre todo a la hora de retratar la violencia y la ambivalencia del ser humano y de ser capaz de ofrecer un plato terrorífico sobre hechos lamentables de nuestra historia reciente, penoso espectáculo que Haneke retrata con belleza austera, pero con imágenes de esas que quedan para siempre grabadas en la mente. Esperemos que la distribuidora cumpla su compromiso y podamos verla estrenada en España el próximo 15 de enero, sin retrasos ni dilaciones, pues ya se ha exhibido en la mayoría de países europeos, a excepción del nuestro y creo que Finlandia. De otro modo no nos quedará más remedio, con permiso de la señora ministra, que pedir prestado el DVD -a punto de salir- a algún internauta vecino, o cruzar los Pirineos para verla en pantalla grande -suena práctica de  tiempos lejanos, o quizás no tanto-.

Departures (Okuribito), de Yôjirô Takita (2008)

departures-poster-01Habida cuenta de los últimos Premios de la Academia de Hollywood, en los que obtuvo el Oscar a la Mejor Película Extranjera, venciendo a las a priori favoritas Walz con Bashir y a la ganadora de la Palma de Oro, La Clase, en la actualidad casi todo el mundo ha oído hablar de esta película japonesa, Okuribito (título original), que no ha sido todavía estrenada en España aunque ya se puede conseguir en DVD con subtítulos en inglés. Después de haberla visto creo que, en conjunto, el premio es suficientemente merecido y, aunque he de confesar que no sabía demasiado bien de qué iba antes de sentarme a verla, me sentía muy atraída por la idea de una película asiática llena de muertos, cadáveres y ataúdes que no tuviese nada que ver con una cinta de terror.

Departures desmitifica la muerte y una de las profesiones relacionadas con ésta, que en occidente equivaldría a algo así como un embalsamador, y que en el contexto japonés es el “noukan” (el que envía), la persona que tiene la responsabilidad de ayudar a las familias de los fallecidos a aliviar el dolor de la pérdida preparando meticulosamente el cadáver (vestimenta, maquillaje, etc..) antes de iniciar el viaje al crematorio o cementerio. Sin duda una profesión rechazada y malinterpretada (aquí y allí también) por las connotaciones negativas estereotipadas culturalmente y también por nuestro innato miedo a la muerte, que hace que evitemos, siempre que sea posible, todo lo relacionado con ella. Ahora bien, la película es japonesa, y como todo lo japonés, el oficio de preparar cadáveres antes de encerrarlos en el ataúd, separado funcionalmente del negocio de las funerarias, viene mostrado con un elaborado ritual de preparación y limpieza en todas sus fases, todo hecho con gran precisión, habilidad y máximo respeto por los difuntos y los miembros de las familias.vlcsnap-2393124El protagonista absoluto es Diago Koayashi (Masahiro Motoki), presente en todas las escenas del film, un chelista que sueña con viajar por todo el mundo con su esposa Mika (muy bien interpretada por Ryoko Hirosue) en la maleta, como buena esposa japonesa. Por desgracia, su orquesta se disuelve viéndose obligado a vender el costoso chelo acuciado por las deudas contraídas en su pasión por hacer de la música su oficio. Desanimado, convence a su esposa para trasladarse a su pequeña ciudad de origen, a la casa en la que dejó a su madre, con el fin de comenzar una nueva vida. A través de los anuncios de la prensa va a parar a la Agencia NK, encargada en la preparación de los difuntos para su último viaje.okuribito-photo-11La primera media parte es simplemente fantástica, cuenta con interpretaciones excelentes y la historia, aunque se presta a ello, no sólo carece de tintes melodramáticos sino que muestra un tono permanentemente irónico sobre la muerte y la vida que dinamiza el relato, a pesar de su pulso lento, ganando efectividad tanto por lo curioso de las escenas mostradas como por el negro sentido del humor de la que está impregnada. Lo que sucede es que hacia el final el film da un giro argumental y adquiere un tono cada vez más dramático (las contradicciones con su esposa que rechaza su profesión y la búsqueda de su padre que les abandonó cuando era niño, reflejado en su jefe y mentor) y termina convirtiéndose en un film dramático cargado de poesía visual. El trabajo de dirección es efectivo y cuidado en todos los detalles, técnicamente bien planteada y con algunas escenas muy logradas, que rebosan una carga emotiva importante, a las que se añade la música del chelo, melancólica y envolvente, conjunto que a mi modo de ver quiebra con un final lento y demasiado abrupto que no hace justicia a la dinámica que tan meticulosamente había construido. Eso sí, solo por las escenas del nokanshi se hace merecedora de los elogios recibidos y a pesar de no cumplir con las expectativas por ser demasiado irregular y quizás excesivamente dilatada en su segunda parte, es una película sin duda hermosa y sensible que merece la pena recomendar.