Cristian Nemescu: California Dreamin

Cristian Nemescu nació en Bucarest el 31 de marzo de 1979. En 1999 comienza sus estudios en la Escuela de Cine y Teatro de la capital rumana y se gradúa en 2003. Durante esta época ya apuntaba un prometedor futuro como director: Mihai and Cristina, su primer cortometraje, gana el premio al mejor realizador novel en el Festival de San Petesburgo en 2001; C Block Story, su proyecto fin de carrera, es de nuevo primer premio en el Festival de Berlín de 2003 y premio European Short Films en 2004. Terminados sus estudios, aborda la dirección de su primer proyecto independiente, Marilena de la P7, un drama en formato mediometraje que trata la historia de un adolescente de 13 años que vive en las afueras de Bucarest, y que un día decide robar un autobús para impresionar a Marilena, una prostituta de la que se ha enamorado. La cinta es recibida en Cannes con gran entusiasmo por la crítica y el público.

Estamos a finales de 2005; la guerra en los Balcanes es todavía reciente en la memoria y un viaje a Croacia, en el que al joven director le llama la atenciónla expectativa que crea la presencia de soldados norteamericanos en las muchachas de un pueblo, dan la idea a Nemescu para preparar el guión de su primer largometraje, California Dreamin: El capitán de la marina estadounidense Jones recibe el encargo de escoltar un tren que transporta equipamiento estratégico hacia Yugoslavia, durante la guerra de Kosovo. Doiaru, el jefe de estación de un pequeño pueblo, ordena la detención del convoy por falta de algunos papeles. El capitán al cargo, interpretado por el rocoso Armand Assante, establece una batalla de poder, y de ego, con el reaccionario y corrupto jefe de estación local. El embargo supone el desembarco de una manada de soldados borrachos de testosterona ávidos de juerga con las lugareñas de la región. Mientras, la comunidad se esfuerza de manera ridícula en agasajar a los soldados americanos con la esperanza de que todo ello redunde en mejoras económicas y progreso en sus tristes y monótonas vidas. Los soldados se dejan seducir por los habitantes del pueblo, incluso la hija del propio Doiaru tiene una aventura con el sargento McLaren. Cansado de esperar la ayuda de sus superiores, el capitán Jones decide arreglar el asunto por sus medios. A medida que se relaciona con la gente del pueblo, salen a la luz antiguos problemas y entenderá que la razón por la cual Doiaru retiene su tren es algo personal. Tras cinco intensos días, el tren acaba su viaje dejando atrás corazones rotos, sueños incumplidos y al pequeño pueblo sumido en una guerra civil.

La película es una mezcla de géneros muy equilibrada, cargada de fuertes dosis de humor a pesar del tono dramático del guión, y que muestra una realidad sin caer en el cine explicativo, dogmático o maniqueo. Hay que tener en cuenta que en Rumanía, hasta 1989, el Estado subvenciona el cine como una industria que, amén de su calidad y variedad temática, era utilizada sin tapujos como instrumento propagandístico del régimen. Con la caída de la dictadura, es un hecho cierto que el cine rumano pasa a estar de moda por reflejar diferentes aspectos de la sociedad rumana actual en los que se muestran las consecuencias de décadas de régimen totalitario, las diferencias sociales y las frustraciones. Pero no es menos cierto que muchas de sus películas arrastran ese dogmatismo argumental heredado de la vieja escuela (The rest is silence, de Nae Caranfil), o cierta aplicación si cabe mecánica de algunas técnicas del cine dogma que hoy son referente de los jóvenes cineastas del este (4 meses, 3 semanas, 2 días, de Cristian Mungiu), o un excesivo abuso del un ultrarrealismo social que merma la calidad artística que a toda película, como arte que es, cabe exigirle (12:08 East of Bucarest, de Corneliu Porumboiu). Sin embargo, en Califonia Dreamin, Nemescu se distancia de casi todos estos nuevos vicios (a pesar de que su cámara inquieta no deja de perseguir a los protagonistas) y sabe elaborar un film que, si bien se mueve en ese pozo de amargura que es el paisaje de la nueva Rumanía, lo hace desde la fachada de la comedia, echando toneladas de ácido contra todo lo que se mueve. Por la pantalla van desfilando personajes tratados de modo entrañable: el jefe de estación, su hija, los compañeros de colegio, y el alcalde, un hombre que ha pasado toda su vida esperando la llegada de los norteamericanos (desde pequeño, cuando entran los nazis en Bucarest y se llevan a sus padres, escenas en blanco y negro a modo de flashbacks; americanos que nunca aparecieron, convirtiéndose ésta en su gran oportunidad), hasta el capitán americano resulta tierno en este film, y sus conversaciones con el terco jefe de la estación de tren, lo mejor sin duda de la película.

Con influencias tanto del cine de Berlanga como de Kusturika, Nemescu dibuja el fracaso, el anclaje, la incapacidad de seguir adelante de un pueblo cercado por sus propias barreras culturales y por otras que le vienen impuestas (las económicas) hacia el progreso. Sus gentes ven el mundo a través de un escaparate en el que desfilan los marines como auténticos reyes magos; las chicas los observan como héroes y depositan sus esperanzas para de salir de allí, como en las películas del cine en las que el chico se lleva a la guapa, mientras las gentes del pueblo sueñan con el cambio por la simple presencia de esos soldados que representan el progreso y los sueños a los que jamás accederán y que confían ahora a la quimera americana. Convertir estas tristes historias en una simpática comedia sublime es algo sólo al alcance de los grandes; y no cabe duda, después de este trabajo que Cristian Nemescu lo hubiese sido (o lo es, ya), porque supo encontrar el modo perfecto de transformar estas historias mínimas en una feroz y amarga crítica al aislacionismo producto de la dictadura, al culto a las apariencias y a los falsos sueños que suscitan en las personas del lugar la vana esperanza de la ayuda extranjera.

En verano de 2006 el rodaje de la película había finalizado con tres horas de metraje. Faltaba por concluir el trabajo de montaje, eliminación de escenas e inclusión de la música. La película todavía no tenía título definitivo. Pero el 25 de agosto, Cristian Nemescu fallece en un accidente de tráfico en las calles de Bucarest junto a su técnico de sonido, Andrei Toncu. Se dirigían en un taxi hacia los estudios de producción cuando fueron abordados en el Puente Eroilor de Bucarest por un Porsche Cayenne conducido por un británico borracho que se saltó un semáforo en rojo. Los peritos establecieron que la velocidad a la que iba el Porsche era de 113 Km/h (63 Km/h por encima de la permitida), mientras que el taxi iba tan solo a 42 Km/h. El trágico evento truncó una de las carreras más prometedoras del nuevo cine rumano. Pocos días antes del accidente, Nemescu había realizado unas declaraciones en una emisora de radio contestando a un periodista interesado en saber la fecha de estreno de su película, que estaba causando fuertes expectativas:

Creo que cuando el rodaje está a punto de finalizar, no puedes estar tranquilo en absoluto, ya que lo que quieres es ver como encajan todas las piezas, y eso resulta todavía más duro para ti que lo que acostumbra a ser antes de empezar.”

Pero el joven director no pudo ver cómo se hacían encajar todas esas piezas de su primer largometraje. Y la película se presentó con sus casi tres horas de metraje, sin retocar ni cortar demasiado, e introduciendo uno de los temas musicales preferidos y sugerido por Nemescu como parte de la banda sonora del film, California Dreamin, de The Mamas and the Papas, que posteriormente ha dado título internacional a su película, aunque en su versión original el título que le dio el equipo fue Nesfarsit, que significa “Inacabada“, tal como está, sin finalizar. Por ello, quizá resulte larga o se pueda criticar lo innecesario de muchas de las escenas; si bien el hecho de presentarse así no es más que un homenaje póstumo al trabajo del director y guionista que no pudo concluir lo que seguramente se convierta en una película de culto, una parábola política y social que desnuda el choque entre el occidente más fruslero y la Europa  más profunda,  caciquil y conservadora.

4 luni, 3 saptamani si 2 zile


4 MESES, 3
SEMANAS Y 2 DÍAS
de Cristian Mungiu (2007)


Otilia y Gabita comparten habitación en una residencia de estudiantes. Ambas van a la universidad en una pequeña ciudad de Rumanía durante los últimos días del comunismo. Otilia alquila una habitación en un hotel barato. Han quedado con un tal Sr. Bebe por la tarde. Gabita está embarazada, el aborto es ilegal y ninguna ha tenido que enfrentarse a algo así antes.
Ambientada en 1989, últimos días de la dictadura en Rumanía, la película está en la línea del cine Dogma claramente. Rodada cámara en mano, las escenas transcurren en tiempo real practicamente, sin música, sin iluminación artificial. Reconozco que la película tiene su mérito y es de buena calidad, pero a mí me ha dejado un sabor amargo de boca, supongo que por la temática que trata. Dura, pero muy dura. Destaca la interpretación de Anamaria Marinca, en el papel de Otilia; mientras que el trabajo de Laura Vasiliu, su compañera, resulta bastante plano. Lo mejorcito, la escena de Otilia en el cumpleaños en casa de sus suegros, muy lograda. La família se reune por el cumpleaños de la madre del él y Otilia está allí de rebote.. en la conversación se suman todos los temas políticos de la actualidad Rumana, perfecto retrato del perfil conservador de unos y progresista de otros; mientras, Otilia está fuera de juego con la mirada perdida y el rostro inexpresivo, y el novio subyugado a la situación cual títere de las circunstancias. Cuando Otilia pide un cigarrillo es el éxtasis de la escena.. simplemente sensacional.
En general, buenas actuaciones y buen tono narrativo, aunque resulta un tanto excesivo el movimiento de la cámara en las escenas exteriores. Mucho énfasis en los perfiles de los personajes, y muy densa en ese sentido.. supongo que va a gustos. A mí me lo ha dejado bastante agrio -el gusto, digo-, y en el pensamiento pues la suerte que en ciertas ocasiones de la vida tienen los varones de haber nacido eso, hombres. Se llevó la Palma de oro en Cannes.