Plano secuencia (IV): Juan J. Campanella, El secreto de sus ojos (2009)

Imposible no comentar uno de los mejores planos secuencia que se han hecho recientemente, la escena del estadio Huracán durante el recreo del partido de futbol del Racing de Avellaneda, incluida en la película “El secreto de sus ojos“, con la que Campanella opta al Oscar en la categoría de mejor película en lengua no inglesa para la presente edición. La película, emotiva, apasionante; una historia de amor convertida en thriller, llena de intriga, ambientada en la Argentina de los 70 de la que destacaría, además de un sólido guión con vueltas muy bien trabajadas, una dirección ejemplar, una cuidada fotografía y un elenco de factura formidable, en el cabe resaltar a Ricardo Darín que se come la pantalla, y a la coprotagonista, Soledad Villamil. Y todo ello con un presupuesto que no llega a los 2 millones de euros. Merece pues la pena echar un vistazo a este plano secuencia, realizado mediante grúa para las tomas aéreas, con alguna transición en 3D, además de la ambientación del estadio lleno (parece más claro el uso de técnicas de animación en el minuto 0:48) y el resto todo cámara en mano. Hay un momento especialmente bueno, a partir del minuto 4:30, en el que la cámara sigue al protagonista cuando salta por la escalera y parece suspendida en el aire para caer con él y seguirle hasta que entra en el estadio. La música y la radiofonía acompañan esta excelente escena, que sin duda es uno de los momentos más fascinantes de la película. No es demasiado probable que salga premiada en Hollywood, pero desde aquí deseamos mucha suerte a Campanella y a todo su equipo.

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Tres recomendaciones para cerrar 2009

Se acercan fechas navideñas y este blog se toma unas mini vacaciones hasta el año nuevo, no sin antes dejar algunas recomendaciones que, por razones de tiempo, no han cabido en una reseña completa pero que en mi opinión merecen al menos esta pequeña mención.

La fiesta salvaje se distribuye como un cómic aunque no es exactamente eso. Se trata de una adaptación gráfica hecha por Art Spiegelman de un poema erótico firmado por el neoyorkino Joseph Moncure Marche en 1928. El autor también fue ensayista y columnista para New York Times y New Yorker, y es más conocido por otra de sus obras, The Set-up, un poema largo sobre boxeo que fue adaptado por Robert Wise para el cine. Tras su éxito, Moncure se trasladó a Hollywood, donde escribió y adaptó numerosos guiones, entre otros para Howard Hudges.

La fiesta salvaje es un poema largo a base de pareados, un clásico perdido que fue censurado tras su publicación en Estados Unidos por pornográfico, hecho que le llevó a convertirse en una obra de culto. No se recupera hasta 1968, año en que se publica junto a una pequeña biografía, pero en una versión censurada que elimina cualquier referencia antisemita. Esta es  su primera edición en España, a cargo de Mondadori,  y salió a la venta el pasado noviembre. Ambientado en los locales de jazz de los años 20, supone una avanzadilla del cine negro venidero de tono ciertamente pulp. Una reina del vodevil, un payaso homosexual y un escritor, Black, se entremezclan para tejer el retrato del ambiente lumpen de los tugurios musicales de la época; una época que hoy se nos presenta como baluarte del romanticismo y que ha ocupado numerosas páginas del cine y la literatura. Sexo, alcohol, violencia conyugal y prejuicios  sexuales y raciales son hilvanados por el autor en este poema en casi 100 páginas de ritmo vertiginoso, donde asoman influencias del expresionismo alemán y del incipiente cine negro norteamericano.  Las poderosas ilustraciones de Art Spiegelman a base de ángulos y curvas desgarradas pero a la vez elegantes, todas en blanco y negro, combinan a la perfección con el tono underground del trabajo.

La segunda recomendación es también un libro. Ya sé que no tengo perdón, porque todavía a estas alturas no he visto la película, cosa que haré en cuanto tenga algo de tiempo y me sea posible. De cualquier  modo creo que no se ha dado suficiente importancia a la novela de Francisco Pérez Gandul, ensombrecida quizás por el éxito, seguramente justificado, de su adaptación a la pantalla. Porque además de ser un buen libro de género, Celda 211 es un relato fantásticamente narrado y con un sorprendente manejo de la voz narrativa que merece su lectura independientemente de haber visto la película. Su estructura está compuesta a base de monólogos que se alternan en sucesivos capítulos con el relato de las situaciones, todos escritos en primera persona que  a su vez corresponden  a los personajes del relato. Cada uno está  hecho con estilo literario y registro lingüístico distinto, acorde con el personaje que en cada momento vive las diversas situaciones, hecho que difícilmente puede recoger un guión de cine que, por lo que he podido leer, se ciñe al desarrollo de los hechos de manera más o menos fiel, pero que no nos traslada a la piel de cada uno de sus personajes como tan bien logra hacer el libro. Y si la película es un oasis dentro del cine patrio de género, la novela merece ser destacada en el actual panorama de la narrativa española contemporánea.

Y la última recomendación, para no perdérsela y muy acorde con las fechas es la última producción de Spike Jonze estrenada recientemente en los cines: Donde viven los monstruos. Una adaptación del clásico infantil obra de Maurice Sendak, publicado por primera vez en 1963 y que ha reeditado Alfaguara. Cuenta la historia de un niño rebelde y muy poco paciente que se escapa tras una discusión con su atareada madre y se interna en el bosque en busca de la Tierra de las Cosas Salvajes, donde poder dar rienda suelta a su imaginación y a sus travesuras. La película mezcla técnicas de animación informática con muñecos reales y se puede disfrutar en familia, aunque con reservas para el público demasiado pequeño. Tiene un toque muy poco convencional, grandes dosis de imaginería y sólo se le escapa algún tono excesivamente moralizante que desmerece el conjunto; conjunto que a pesar de todo hace merecer la entrada pagada en la sala. Una fábula sobre la infancia y el crecimiento que, además de resultar visualmente fantástica, explora sentimientos humanos con grandes dosis de realismo (de ahí que tal vez no sea demasiado recomendable para llevar a niños muy pequeños). Los personajes y sus conversaciones no solo están muy bien trabajados, sino que son de una profundidad psicológica notable. Me gustó especialmente el diálogo sobre la muerte del Sol, pero hay muchos elementos del guión que no tienen desperdicio y que van bastante más allá del simple relato del libro, pues consigue llevarnos muy de cerca a la mente de un niño hiperactivo como es el protagonista. Es un trabajo en el que guión, dirección, puesta en escena y banda sonora confluyen casi a la perfección escena tras escena, aunque quizás el excesivo perfeccionismo le resta naturalidad y credibilidad suficiente para llegar a conmover.

Felices fiestas a todos y hasta  el año venidero 😉

La Ventana (Carlos Sorín, 2008)

Confieso que tenía mis reservas a la hora de  pagar una entrada para ver el nuevo film de Carlos Sorín, porque si bien “Historias mínimas” me pareció una película pequeña -como su título- pero magnífica y de la que disfruté cada minuto, el segundo trabajo que tuve oportunidad de ver, “Bombón, el perro” me decepcionó sobradamente. Pero parece que con “La ventana” ha querido dar un notable giro estilístico optando por una puesta en escena de lejos mucho más trabajada, en la que no se limita al recreo aletargado de paisajes pampeños que en Bombón daba como resultado largos y soporíferos planos fijos a base de cámara puesta sobre el trípode, hay que suponer que a fin de lograr el retrato realista de las situaciones, pero a fuerza de dimisión en el trabajo de guión e incluso actoral (Sorín trabaja con elenco no profesional) en favor de evidenciar el máximo naturalismo -o de haberse ido a echar la siesta, vaya usted a saber-. Pues bien, todo esto no tiene nada que ver con “La ventana”, película que sin abandonar el tono minimalista y personalísimo que constituye ya una seña de identidad de su cine, nos ofrece escenas mucho más elaboradas en las que la cámara se mueve cadenciosamente acercándose y alejándose de los personajes, que a su vez están trabajados con gran sensibilidad y atendiendo a los pequeños detalles que hacen atractivo un film de estas características: el piano que esconde tantos recuerdos de la infancia, la mujer buscando constantemente cobertura para su móvil a pesar de las circunstancias vividas, el afinador de pianos ayudando al anciano a ponerse las zapatillas, el plano de las manos del protagonista, la escena orinando en el campo o la conversación con el médico, por citar algunas -no todas- pequeñas joyas mediante las que va componiendo lenta y armoniosamente la película. El resultado es un film bellísimo que relata las últimas horas de un anciano cuyo único nexo con el exterior es precisamente la ventana de su habitación desde la que ve el campo, vínculo que separa la continuidad de la vida de la enfermedad que le conduce a la muerte. Mientras espera la llegada de su hijo, al que hace décadas no ve, rememora la infancia, el frágil recuerdo de sus afectos y las irremediables reflexiones sobre su soledad final. Sorín desmitifica la muerte presentándola como una parte del ciclo de la vida, nos muestra la vejez como un retorno a los buenos momentos disfrutados tantas veces fugazmente, el reencuentro con recuerdos escondidos en los pliegues  de la memoria y la necesidad de hallar en la naturaleza el impulso vital al final de una vida que se apaga.

Sin adjetivos para calificar la impresionante actuación de Antonio Larreta,  quien aporta innumerables matices al personaje. Escritor, guionista y actor uruguayo, al que debemos su colaboración en guiones de películas como “Los santos inocentes” o “Las cosas del querer”, sin participar directamente en la idea de “La ventana” -que firma solo Sorín-, se entusiasmó con el guión y aportó muchos de los pequeños detalles que fueron conformando la película. Vale la pena sentarse y dejarse llevar por el delicado conjunto que ambos nos ofrecen, en realidad parece que en los 80 minutos nada sucede y sin embargo, imagen a imagen, alternando silencios y sutiles sonidos, están continuamente contando cosas. Una película hermosa, sencilla, que se disfruta a pesar de la primera pereza que pueda dar ponerse delante de un tema tan adusto como este. Ese logro solo puede estar al alcance de cineastas con mucho talento.



Edén al Oeste (Costa-Gavras, 2009)

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De entre los miles de inmigrantes que constituyen la Francia actual, hay uno que se llama Costa-Gavras. Es cierto que a él no le ha ido del todo mal en su patria de adopción, pero también lo es que el tiempo y la tendencia es que cada vez sean más aquellos que tratan de abrirse camino en la vieja Europa a la par que  los sentimientos de sus gentes se tornan menos generosos por el miedo (alimentado por ciertos sectores políticos); miedo al desempleo, a la cultura desconocida, a otras religiones, a otros colores de piel… Sin embargo no deja de ser un fortuna (para el sistema) el engrosamiento de la cadena productiva a base de los sin nombre y sin derechos, esos que se asan 12 horas diarias en invernaderos a cambio de casi nada, hacen los trabajos más ingratos en nuestras ciudades mientras aumentan las arcas públicas (y algunas privadas), nos limpian el culo y aseguramos nuestras prestaciones sociales o nuestras pensiones para un futuro no tan lejano.

Edén al Oeste es el viaje de Elías, que al igual que La Odisea comienza en algún lugar del mar Egeo, desde su Grecia natal, esta vez hasta Paris. Salvando las distancias con el protagonista, pues Costa-Gavras no es sino un inmigrante de lujo que probablemente comparta muy poco con el periplo que supone la aventura para Elías, quizás sea esta una sus películas más personales, que contiene mucha de la experiencia vivida en sus propias carnes o en la de sus compatriotas conocidos. Sin duda un exponente de la madurez actual del cineasta, cuya carrera derivó de un cine cien por cien político (“Z”, “Estado de sitio” o “Desaparecidos”) al realismo social y, sin dejar de lado esos contenidos de modo más o menos explícito, ha sabido ir puliendo el trazo grueso y la angustia de las situaciones recreadas e ir confiriéndoles ese finísimo sentido del humor que rebosa esta película, de tono eminentemente cálido, cercano a la parodia social cuando vemos a la misma persona en un primer momento excluida y abandonada medio desnuda a su suerte en medio de la nieve, cautivando a más de un mentecato (que giraba la vista ante los nuevos esclavos que el sistema económico pone a su disposición) una vez vestido con la chaqueta que le cede en herencia la viuda de algún burgués.

La interpretación de Riccardo Scamarciao se me antojó un Buster Keaton moderno capaz de mantener el papel casi sin diálogo pero con dominio absoluto de cada uno de los registros y gran expresividad corporal. Sin grandilocuencias, sin maniqueísmo, sin tragedia, podría ser el viaje de cualquiera de los que integran el colectivo de cerca de 25 millones de personas que hoy tratan de encontrar en Europa un lugar para una vida mejor. No será la mejor película de Costa-Gavras, pero se disfruta el viaje.

A Contraluz (Eduardo Chapero-Jackson, 2009)

A_contraluz-CartelUno de los valores que posee el cortometraje es la libertad con la que a priori cuenta el director para elegir el tema, la estética y el modo de narrar una historia casi siempre original. La mayoría de las veces ajeno a los intereses del mercado o perfiles acomodados a líneas narrativas repetidas hasta la saciedad en el largometraje, del que se espera, en contraposición al corto, agrade a un sector más o menos amplio de público en festivales y salas comerciales, para su posterior rentabilización en DVD, medios televisivos, etc… Como consecuencia de esta independencia de Don Dinero, debida en parte al menor coste, la película corta logra captar a menudo la parte más creativa del lenguaje narrativo expresado a golpe de cámara, lo que le convierte en un producto de incuestionable valor cinematográfico que contiene la esencia de la capacidad artística y comunicativa de su autor.

A Contraluz, estrenada en salas comerciales españolas el pasado 26 de junio, es una recopilación de tres cortometrajes del director Eduardo Chapero-Jackson; quien, de momento, sólo se ha aventurado en el lenguaje del corto pero que, a pesar de ser casi desconocido por estos lares, cuenta ya con numerosos premios nacionales e internacionales. Que tres cortometrajes se estrenen en el cine de modo independiente al pase de una película o al margen de un festival es una idea a aplaudir de antemano, teniendo en cuenta la poca fe en el género de las distribuidoras y de un sector importante de nuestros académicos, y la consecuente falta de apoyo institucional y financiero con el que cuentan quienes se aventuran a empezar en esto del cine como cualquier cineasta ha comenzado siempre. Los tres trabajos que componen la película son diferentes en su temática: no se trata pues de una trilogía propiamente dicha, aunque todos están recorridos por el nexo común de la exploración del límite de la capacidad humana en una situación determinada.

Contracuerpo1CONTRACUERPO es el trabajo más experimental de los tres, con una carga importante en la utilización de potentes imágenes que narran, a modo de metáfora, una intencionada fábula sobre la anorexia. Está protagonizado por Macarena Gómez y es el primer trabajo del director. La obsesión de una chica en lograr un cuerpo idéntico al de un maniquí le lleva a una extraña relación con el objeto, que va a ser expuesto en un prestigioso escaparate de la ciudad. Premiado como Mejor Cortometraje en el Festival Latino de Los Angeles, Mejor Corto Europeo en el Festival de Brest y Mejor Ópera Prima Europea en el Festival d’Angers. También estuvo nominado a los Goya y se estrenó en Competición Oficial en el Festival de Venecia.

alumbra1ALUMBRAMIENTO es quizás el más intimista, y en contraposición a lo que el título anuncia, narra como los diferentes miembros de una familia se enfrentan al final de la vida de uno de sus miembros. De soslayo, trata el tema de la eutanasia y el dilema moral de dejar morir en paz o luchar por los últimos vestigios de la vida pese a quien pese. Está protagonizado por Mariví Bilbao, quien ya ha trabajado en cortos con otros directores como Borja Cobeaga, y que aquí hace un papel excelente por el realismo que imprime a las situaciones. Además de su actuación, cabe destacar los giros inesperados del guión y el buen ritmo con el que se conduce, sobre todo en su segunda parte. Alumbramiento ha recabado más de medio centenar de galardones, algunos de la talla del Premio al Mejor Cortometraje Europeo en el Festival de Venecia, Mejor Cortometraje por la Academia Europea de Cine, Mejor Cortometraje en el Festival de Málaga, Mejor cortometraje en el concurso Version Española-SGAE y ha sido premiado en festivales internacionales como Krakovia, Puerto Rico o Dinamarca, entre otros.

THEEND1THE END es el trabajo que cierra la película y en realidad no es un corto, sino un mediometraje de 30 minutos de duración. Se creó para ser exhibido en la reciente Expo del Agua de Zaragoza. Posteriormente fue presentado por la Fundación Biodiversidad en el Congreso Nacional de Medio Ambiente y en Abril participó en el 5º Foro Mundial del Agua en Estambul. Acaba de ganar el Premio Especial del Jurado en el Festival de Medina del Campo. Narra la lucha por la supervivencia de una familia cuando el país se ve envuelto en una batalla entre comunidades fruto de una terrible sequía que obliga a recurrir a sus habitantes a lo más instintivo de sí mismos. Rodado en Almería, íntegramente en inglés, los decorados huelen a western futurista y cuenta con un extenso reparto internacional encabezado por los actores británicos Samuel Roukin (Happy-Go-Lucky de Mike Leigh) y Natalie Press (Chromophobia de Marta Fiennes), la colaboración especial de Miguel Ángel Silvestre y el apoyo de la productora de Antonio Banderas.foto2

Os dejo el enlace a la página oficial de la película, en el que además de extensa información podéis ver los tres trabajos completos. La productora, Prosopopeya Producciones, habitual en la promoción de cortometrajes, ha decidido hace unos días distribuirlos también en internet, habida cuenta del interés social de sus contenidos, además del propiamente cinematográfico, para que todo el mundo tenga acceso a ellos. La verdad es que el conjunto aborda tres temas de máximo interés pedagógico, como son la anorexia, la muerte (y la eutanasia) y el aprovechamiento y respeto a los recursos naturales. En pantalla grande sólo pueden verse en las ciudades donde hay salas comerciales UGC Cinecité (Madrid, Valencia, Valladolid y Cádiz), con quien se ha contratado la difusión.  Dos semanas después de su estreno, este interesante experimento continua en cartel (al menos en Valencia) en 8 sesiones diarias al precio reducido de 3 euros.

V.O.S. (Cesc Gay, 2009)

vos-cartelNo es la primera vez que Cesc Gay adapta para el cine una obra de teatro (Krámpack, 2000), lo que sí es una primicia es el hecho de que se aventure en el terreno de la comedia pura y dura. V.O.S. es el remake cinematográfico de la obra de teatro homónima que en 2005 estrenaba en el Teatre Lliure de Barcelona  Carol López. Propone un juego entre cuatro personajes, dos hombres, dos mujeres, y sus miradas distintas a una misma realidad. La diferente forma en que cada uno vive sus relaciones personales, el amor y la amistad son la trama de esta historia. Una historia contada mil veces en el teatro y también en el cine, quizás por eso Cesc Gay le da la vuelta completamente a cualquier cosa que el espectador espere ver y juega, de modo más que arriesgado, a que su relato tenga la menor credibilidad posible. Como oyen: se trata precisamente de que nada parezca real, de mentirnos constantemente, de que aquello que nos parezca verosímil quede sutilmente desmontado en la escena siguiente. Asistimos como espectadores al rodaje de la creación de un novelista que escribe la obra que estamos viendo. Los personajes son ellos mismos, cuatro amigos que rompen sus parejas, una traición por amor, el miedo al compromiso. Cesc Gay manipula al espectador. Su ficción en directo logra descolocarnos de tal modo que no sabemos cuando estamos asistiendo a lo que escribe el protagonista o a la realidad de sus relaciones personales. Nada es lo que parece, cada uno podemos inventar aquello que queramos entender, porque lo que se busca es ser lo menos verosímil posible, y porque en definitiva quiso contarnos la mentira misma que implica contar una historia, borrando la frontera que separa lo que vemos de lo que en verdad sucede en la trama. Puesta en escena con carpintería a la vista, como si del plató del rodaje de una película se tratase, donde los personajes se mueven entre bambalinas a sabiendas que todo es mentira mientras nos hacen creer su historia simulando con la realidad. Los cuatro actores, Vicenta Ngondo, Ágata Roca, Paul Berrondo y Andrés Herrera son los mismos que protagonizaron la obra de teatro, y aunque partían de un guión que la adptaba al cine, han participado en la transformación del resultado con su aportación, basada en el conocimiento de la obra, y con sus improvisaciones. El resultado es un film tremendamente original, repleto de excelentes diálogos llenos de inteligente ironía, juegos elípticos sobre lo cotidiano y humor, mucho humor, por momentos cruel, otras veces ácidamente romántico, que hacen que su encanto resida en cómo se cuenta más que en lo que propiamente pretende narrarnos. vos_des

Mereció la pena verla, cuesta levantarse de la butaca cuando la escena del principio vuelve a aparecer en la pantalla presagiando el final inmediato. Sólo 86 minutos, que además pasaron volando. Queda la grata sensación de que la comedia española actual no está limitada a los  esperpentos estrenados ultimamente en las salas. Que tenemos directores capaces de contar una historia entretenida e inteligente sin tener que recurrir a los consabidos diálogos tan tórridos como toscos  tan de moda en estos tiempos para con las comedias patrias, que parece no se conciben sin sexo adolescente en primer plano o fluidos varios derivándose por la pantalla. Tal vez V.O.S. no es un film perfecto, siquiera de los mejores de Cesc Gay; lo que no se puede negar es que, además de arriesgado, por su puesta en escena y por su intencionada falta de credibilidad, estamos ante uno de los cineastas más interesantes e imaginativos con los que cuenta en la actualidad nuestra cantera cinematográfica y hace pensar, y mucho, sobre el apoyo institucional y el destino del presupuesto público para la proyección mediática de supuestos éxitos taquilleros carentes de interés artístico,  por los que se apuesta incondicionalmente a riesgo de socavar las perspectivas de futuro de nuestro cine, al menos a corto plazo.

Tetro (Francis Ford Coppola, 2009)

tetro-poster-5Coppola estrena la que quizás sea, a sus 70 años, la película más personal que ha logrado escribir, producir y rodar: una epopeya en blanco y negro sobre conflictos familiares ambientada en La Boca de Buenos Aires. Los conocedores del cine de Coppola reconocerán en ella algunos de los temas que ya vimos en The Rain People, La Conversación o El Padrino, aunque los asesinatos y venganzas hayan sido convenientemente sustituidos por la violencia psicológica y una mayor interiorización de los personajes. Coppola dice que no es autobiográfica, pero hay mucho terreno personal expuesto en la película, deliberadamente simbólica, no sólo por el tipo de familia que refiere (el padre de Coppola también era músico y director de orquesta), sino por la arriesgada aventura de un guión original después de muchos años de carrera adaptando textos escritos por otros. Tetro es un film enormemente teatral, del mismo modo que en el teatro fueron los comienzos del cineasta, quien nos zambulle en una extraña combinación de tragedia shakesperiana y drama freudiano: el eterno y contradictorio diálogo sobre el amor y la rivalidad entre dos hermanos subyugados a la figura de un opresivo y tiránico padre. Los vínculos que les unen son, en cambio, los del talento artístico inherente a la familia.

Vincent Gallo es Tetro, un escritor frustrado que representa los valores del artista solitario y romántico: la esencial necesidad de crear, el permanente sentimiento de exclusión de la sociedad, una personalidad caótica y desordenada o la imposibilidad de separar con claridad su vida personal de su obra artística. En cierto modo, Tetro sería algo así como un alter ego del propio autor, un autorretrato barroco al que incorpora los aspectos estéticos y temáticos que le interesan y que emergen aquí cargados de alegorías, referencias y homenajes al cine y a su propio cine, a la música y a la literatura. Y del mismo modo que en Juventud sin Juventud, film que también escribió, la película cuenta con la rendida sensibilidad e inocencia del un joven actor, Alden Ehrenreich en el papel de Bennie, al encuentro del hermano desaparecido. Y con una entregada amante, Miranda, interpretada por la soberbia y muy bien dirigida Maribel Verdú, a la que exprime y de la que obtiene una de las mejores interpretaciones que hasta la fecha he podido ver. Hasta Carmen Maura, en un papel acribillado por la crítica para mí injustamente, porque siendo cierto que el personaje de Alone no se presta a demasiados agradecimientos, la Maura y sus poderes bordan lo que no es sino un tirón de orejas a la pamplina del mundo festivalero, aunque en la película la referencia explícita sea al teatro.

tetro07Planos fijos de una plasticidad asombrosa y estudiada iluminación envuelven cada encuentro entre los tres personajes principales; teatro, música, danza, incluso ópera intercalan la acción a modo de flashbacks y sueños saturados de color (en clara contraposición al blanco y negro base del film) simbolizando los deseos, los miedos, las frustraciones, lo onírico, los viejos recuerdos no reconciliados. Trazos que mezclan géneros cinematográficos y artísticos, diálogos que nos conducen a evocar sus primeras películas, recortes que recuerdan a Fellini, Chinatown, Malle, Rosellini e incluso Almodovar magnifican los momentos más trágicos del relato, los celos, venganzas, traiciones y desengaños mil veces contados en el cine, pero que nadie se engañe: la trama tiene un interés narrativo, pero ese interés es limitado, porque lo que cuenta no agota la sustancia del film, que reside en cómo está narrado, puro cine, cuya complejidad requiere, probablemente, de más de un visionado. Por eso, ante una obra de tamaña envergadura, calificarla de manida o previsible es una solemne tontería, porque a Coppola no le importa demasiado, ya lo sabe de antemano. El cine y sus posibilidades narrativas, las imágenes que nos llevan por sí solas (a quienes se dejen llevar) al alma misma de los personajes, la música, envolvente, sincronizada, la fotografía, la iluminación y cierto esteticismo, son las armas con las que cuenta Coppola para convertir en una obra de arte lo que en manos de otros no habría pasado de un culebrón de sobremesa. Pero Coppola es Coppola,  por algo le avalan 5 Premios Oscar, 4 Globos de Oro, 2 Palmas en Cannes… Mirada en perspectiva hacia los puertos a los que ha ido llegando su carrera. También se puede leer cierto juicio crítico sobre qué es y como es hoy el mundo del cine, del arte en general, de sus intereses, de hacia dónde se dirige. Quizás sea la película que siempre quiso hacer y nunca hasta ahora encontró la ocasión (o el dinero) para rodar. Lo que es seguro es que todo Coppola, creador y maestro, está aquí, haciendo lo que le da la gana, sin que nadie le haya dicho qué resultado y que números en la taquilla espera obtener. Y claro, unos lo tomamos y otros  lo dejan, sin más vueltas.