La mitad de Óscar (Manuel Martín Cuenca, 2010)

Óscar (Rodrigo Saenz de Heredia) es un treintañero solitario que se gana la vida como vigilante de seguridad en una salina de la costa de Almería. El trabajo, la conversación con el amigo jubilado que la trae la comida cada día y acompañar a su abuelo en el hospital, enfermo terminal, constituyen su rutina. La soledad de Óscar es comparable al mudo y despoblado paisaje, mostrado siempre a base de largos planos fijos en los que Óscar aparece como parte integrante del escenario. Primera parte, hasta el día en que el abuelo empeora y llega María (Verónica Echequi). María es la hermana de Óscar, vive en Paris y no se han visto desde hace años. El reencuentro avivará viejas heridas que el tiempo y la distancia no parece haber logrado cerrar.

Con estos ingredientes, Manuel Martín Cuenca construye un film sobre la soledad y la insatisfacción personal, utilizando un tempo ralentizado, los mencionados planos fijos, fotografía siempre sobria y escasos diálogos. Sencillez sería quizás la palabra que mejor la define. La banda sonora está integrada únicamente por sonidos ambientales y por el mar. La salina, como titula el primer capítulo, nos muestra  personajes naturales, que parece que no van a ninguna parte, con una cadencia cotidiana muy cercana a lo real. La transformación sucede, casi imperceptible, exenta de adornos o sobre explicaciones, pero contundente, palpable y sin demasiadas concesiones dramáticas.

Dice Martín Cuenca que su cine debe mucho a la admiración que siempre ha sentido por John Ford, a cómo integraba perfectamente narración y personajes en el paisaje, elemento este último al que Ford daba un tratamiento de primer orden. No cabe duda de que Martín Cuenca entiende el medio como eje fundamental para el relato. Gracias a la perspectiva que ofrece la salina, al día a día de Óscar, a los momentos con el amigo jubilado o la búsqueda cada vez que llega a casa de ese correo que nunca existe, nos hacemos una idea precisa de su mundo interior, de sus frustraciones, sus temores o deseos, de los sentimientos reprimidos en lo más recóndito de sus pensamientos. El contrapunto lo añade alguna que otra escena con sabor absurdo, como la conversación con el taxista, impagable y genial Antonio de la Torre, aunque la secuencia no dura más de dos minutos.

Como conclusión, se puede afirmar que lo más interesante de este film es  el modo en el que está narrado, cómo vamos descubriendo poco a poco el universo interior de los personajes, casi siempre mediante la elipsis narrativa, con una cámara precisa que sabe en cada momento dónde colocarse y un tratamiento sutil e implícito de lo que quiere expresar en cada encuadre. Es lógico, pero también es una lástima que esté pasando tan tímidamente por la cartelera, casi ignorada por el público y, sobre todo, por la crítica. En la sala donde la proyectaban, no más de diez personas, segunda sesión de la tarde. Algún comentario desfavorecedor se oía. A mi me ha gustado, sobre todo cómo el director moldea a voluntad el silencio, ralentizando los planos hasta la exasperación para después pasar a otro que rompe y acelera el argumento a voluntad con intencionadas elipsis, todo sin perder nunca la coherencia y experimentando constantemente con la imagen como principal recurso narrativo. Reconozco que no es una película comercial y puede resultar un tanto dilatada para muchos, y dado el panorama cinematográfico actual y los visos que anda tomando el cine español, demasiado contracorriente, se podría decir que hasta suicida, en un horizonte cinematográfico que aspira a que nuestra caspa sea competitiva con la ajena y a la inmediatez del resultado de la taquilla.

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8 thoughts on “La mitad de Óscar (Manuel Martín Cuenca, 2010)

  1. Muy buen comentario. Del mismo director son estupendas “LA FLAQUEZA DEL BOLCHEVIQUE” y “MALAS TEMPORADAS”, mucho más explícitas, eso sí.

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  2. Es así, exactamente como lo cuentas. Estas películas nunca o muy raramente llegarán al gran público. Le elipsis no vende, se quiere todo mascado y explicado: encima que pago 8 euros no voy a tener que ponerme a pensar.
    Cuando yo recomiendo a la gente (los que están a un par de pasos de Kevin Bacon) películas que se pueden considerar “de reflexión”, aunque sea muy pequeño el esfuerzo a realizar, me miran como a un bicho raro y el paso siguiente será que me partan las piernas en un callejón oscuro.
    De este director me gustó “La flaqueza del bolchevique”. Y el libro de Lorenzo Silva, también.
    Saludos.

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  3. La película La flaqueza del bolchevique no la he visto, pero la novela de Lorenzo Silva sí la conozco. Si he de ser sincera, comencé a leerla y me atrapó completamente, pero a partir de la mitad se desinflaron todas mis espectativas. No me convenció el giro argumental para algo que comenzaba tan intrigante y … negro. Tomo nota de la otra de Martín Cuenca.

    Gracias y saludos

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  4. hola.
    pues lo que has comentadode la nvela me ha llamado la atemicon, deat Babel.. No he visto la peli pero conociendo el extraño paisaje, algo inhóspito, de Almería creo que puedo hacerme una idea. Por el tipo de tratamiento me ha recordado una peli de un chico que se va estudiar a una casa en el campo y así medio supervisa el proceso de construcción de la casa de su padre. y todo es anodino.. hasta que éste el padre le cierra el grifo y le dice que se centre de una vez yhaga algo.. sabes cuál es? te suena? creo que es uruguaya o argentina, no consigo recordar- o parece, al menos lo que leo, tener algún aire a Kim-Ki Duk que sin llegarme nunca a cautivar me parece buno en dejarlo todo en un ‘halo’ .. chao,un beso

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  5. La película que dices, así a bote pronto, no me suena. Si es cine latino, estoy bastante pez, es una de mis asignaturas pendientes, a excepción de lo que se estrena o lo que he ido buscando desde que tengo este blog. La mitad de Oscar es una película que creo que te gustará si la ves. No le veo yo referencia a Kim Ki-duk, pero para que te hagas una idea, sí la compararía con las maneras y el tempo de Raygadas. Algo de Martel, también. En cualquier caso, es un film en el que se nota a) que el diretor ha hecho la película que quería hacer, sin concesiones mediáticas y b) le ha puesto mimo y cuidado a cada escena y a cada encuadre, es lenta pero todo tiene su significado, no es un cine ensimismado que pase del espectador, que de ese también hay. Merece la pena.

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  6. Le tenía muchas ganas, compa Babel, y hace unos días, gracias a la presteza en su puesta a disposición por Filmin (por cierto, ¿conoces este invento? Supongo que sí…) -ya que a la cartelera de mi pueblo no llega un producto así ni por equivocación…-, tuve, por fin, ocasión de verla. Y, he de confesarlo, me decepcionó bastante. Conste que a mí me gusta, en general, el cine de tempo narrativo demorado, de silencios largos, introspectivo; me gustan las pelis (las que he visto, al menos) de Rosales y Guerín, por ejemplo. Por otro lado, el paisaje en el que se desarrolla la trama, el del Cabo de Gata, es uno de mis particulares caprichos (me encanta). Pero la peli no llegó a tocarme la fibra -salvo la secuencia, genial, del diálogo con el taxista De la Torre-, me dejó bastante frío, no empaticé en ningún momento con los personajes. No sé, igual tengo que darle otra oportunidad (a la peli). O darme otra oportunidad (a mí). En fin, ya veremos…

    Un abrazo y buena semana.

    P.S. ah, que conste también, tu reseña es fabulosa, muy buena: más allá de la personalísima apreciación (esa que toca a la “tripa”), su contenido y enfoque creo que recogen con mucha precisión la esencia de la peli. Chapó…

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  7. Manuel, gracias. Lo de Filmin es muy interesante, quiero ver Dispongo de barcos, me la han recomendado, ¿la has visto tú?
    Lo que comentas sobre esta película, ya sabes que a mi en conjunto sí me gusto, aunque también hay escenas que me parecen estan de más: la parte primera de la enfermedad del abuelo, no en sentido mojigato de no querer ver el lado más abyecto de la enfermedad, es que me parece que no aporta nada a lo que está contando. Eso sí, estoy contigo en que lo mejor de la película es la última parte, en particular la conversación con el taxista y cómo termina el viaje, uf!

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