Norman McLaren - Neighbours

Norman McLaren es uno de esos nombres que muchas veces no aparece en los roles de los mejores de la Historia del Cine, probablemente porque nunca dirigió un largometraje, sino que se dedicó únicamente a la animación y al cortometraje experimental, hecho que motiva con toda probabilidad que muy poca gente le conozca. Sin embargo, se trata de uno de los mejores artistas del pasado siglo, del hombre que fundó el National Film Board of Canada y que aportó técnicas a la animación utilizadas posteriormente por numerosos directores del género, tal vez más renombrados.

Vecinos es un alegato contra la violencia y la guerra que data de 1952. McLaren rueda esta película con sólo dos actores -uno de los protagonistas es Grant Munro, otro gran animador-, manipulando después la cinta de modo que parecen caricaturas. La novedosa técnica que aporta McLaren se llama pixillation, a la que incorpora un sonido sintético que él mismo creó a base de rayar con un punzón el sonido real de la cinta.

Neighbours ganó la Palma de Oro al mejor cortometraje y el Oscar de animación en 1952. Animado, experimental, extraodinario y una obra única en el cine de animación.

Blogueando..

Un poco de autobombo nunca viene mal, y este viene acompañado de estrellitas… Esta estrella en el paseo de los blogs cinéfilos me la ha otorgado el amigo José Ángel Garrido nominándome desde su blog Sesión Discontínua. Desde aquí quiero agradecerle el gesto, por el que me siento muy alagada y agradecida, pues Sesión Discontínua fue de los primeros que me enlazaron contribuyendo con ello al inicio de mi andadura por este mundillo de los blogs (en el que llevo poco más de tres meses) y que seguro ha servido para que la Puerta de Babel se conozca un poquito.

Para continuar la cadena, y como corresponde en este caso, aquí van mis cinco nominados para que también consigan su estrella bloguera.

El baño del Papa

Los hechos de esta historia son en esencia reales, y sólo el azar impidió que sucedieran como en la película se cuentan. Melo; pequeño pueblo del Uruguay rural y profundo, a escasos kilómetros de la frontera brasileña. 1988; un acontecimiento trastorna la vida de sus habitantes: el Papa visitará Melo. Según dicen, vendrán al menos 50.000 personas de Brasil. Sus gentes empeñan cuanto poseen para montar unos tenderetes con los que ofrecer comida, empanadas, tortas, souvenirs.. que les permitirá salir de su mala racha. Como si del cuento de la lechera se tratase, Beto construirá un baño público, esperando le reporte los pesos necesarios para comprar la moto que a la vez duplicará su capacidad para el contrabando (gracias al cual sobreviven la mayoría de los lugareños ).
El Papa llegó. Se estima que aquel 8 de mayo estuvieron en el acto algo menos de 8.000 personas, la mayoría de Melo. Se construyeron 387 puestos de venta de comida, y mucha gente había hipotecado sus casas. Hubo dos o tres que se suicidaron porque perdieron todo lo que tenían en el fallido negocio. De la masiva afluencia del país vecino, en realidad sólo llegaron cerca de 400 brasileños. Y casi 300 eran periodistas acreditados.Realizada en 2006, es la opera prima de los directores uruguayos Enrique Fernández y Cesar Charlones. La película se mueve entre la comedia social y el drama, y lo hace de modo inteligente, cercano, pegado a la vida misma, convirtiéndose en una seductora muestra de honestidad mediante una transparente narración del día a día de los protagonistas tal cual, sin demasiados artificios.Es una obra modesta, ajena a pretensiones moralizantes, en la que no hay héroes ni víctimas, en la que nadie es mejor ni peor que el vecino, sólo muestra a sus protagonistas, sin entrar a juzgar comportamientos ni tampoco justificarlos. Sin embargo, está repleta de matices y de expresividad, de emociones puras que se transmiten con sencillez. Una carga de profundidad sobre la capacidad humana para inmunizarse ante las situaciones más adversas, la batalla por mantener la integridad a fuerza de tropiezos, del esfuerzo por salir adelante a base de golpes muchas veces cómicos y, sin embargo, tiernos. Y de como se pueden medir con distinto rasero determinados comportamientos según de quien vengan; el eterno juicio moral, esta vez sin maniqueismo ni propaganda mediática.No es una obra maestra; tampoco es necesario que lo sea para resultar talentosa, necesaria. El elenco está integrado por actores profesionales y no profesionales de Montevideo y Cerro Largo, entre ellos, César Troncoso, Virginia Méndez, Mario Silva y Virginia Ruiz. Troncoso, quien interpreta a Beto, tiene una destacada trayectoria en el cine y el teatro en Uruguay. Desde 1992 ha trabajado en más de 20 obras teatrales y cuatro largometrajes, obteniendo un premio y cuatro nominaciones, aunque “El baño del Papa” es el primero donde encarna el rol protagónico. En 2003 fue elegido mejor actor cinematográfico por la Asociación de Críticos del Uruguay por su labor en “El viaje hacia el mar”. La fotografía tiene destellos de brillantez y de enorme calidad, intercalados con otros que no los son tanto. Esto se nota al final del film, donde mezcla imágenes reales de la televisión con tomas del pueblo. Tal vez aquí naufraga la calidad del montaje y las escenas resultan menos reales y más inconexas. Con todo, estamos ante una pequeña gran película, tan sencilla como conmovedora, cruda pero empapada de poesía por momentos, tragicómica pero cercana y, tal vez lo más importante, logra desnudar sin manipulaciones una realidad que existe a la vuelta de la esquina de las grandes ciudades, a pesar de que en muchas ocasiones no sepamos verla.El cine uruguayo no es especialmente pródigo, ni reputadas son sus escasas producciones. Esperemos poder deleitarnos pronto con más creaciones que, si poseen algo de la magia y la humanidad de esta, tendrán mucho que decir y que aportar al cine contemporáneo. Vaya por delante esta pequeña muestra fotográfica de un film que, a pesar de sus carencias, realmente merece la pena.


Ward 13

Esta pieza es una joyita talentosa e impecable de la animación con plastilina, cargada de adrenalina, cuyo intenso ritmo narrativo hace escasos sus 13 minutos de duración, y que nos regala sin descanso acción trepidante y surrealista, desde el principio de la historia.

Un accidente de tráfico, algunas fracturas, un amanecer en una horrorosa sala de urgencias y un cuadro médico compuesto por terroríficos carniceros, son los elementos de un guión que hará que os lo penseis dos veces antes de volver a pisar un hospital, aunque sólo sea para donar sangre (…avisados quedais).

Su autor es el australiano Peter Cornwell, diplomado en Producción Cinematográfica en Sidney. En 1995 realiza su primer corto de animación con figuritas de barro, “This little Piggy”, y en 1996 trabaja ya en la producción de series infantiles para la televisión. En 1998 funda su propia productora, Trephine Productions, con el fin de acabar trabajos pendientes de tiempos atrás, uno de los cuales es “Ward 13″, que ve definitivamente la luz en 2003. El cortometraje ha obtenido numerosos reconocimientos, entre ellos el primer premio en su categoría en el Festival de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián

A disfrutarlo!

Todos estamos invitados

Definitivamente, el cine español no atraviesa un buen momento. Por mucho que se impongan cuotas de pantalla y subvenciones ministeriales no parece sacar cabeza. Pero viendo esta película se pueden sospechar algunos de los motivos. Supongo que resulta necesario el agradecimiento a Manuel Gutiérrez Aragón por atreverse, dadas las circunstancias, con un proyecto sobre el miedo en el País Vasco; ese miedo que viven muchas personas sólo por el hecho de criticar públicamente a la organización terrorista ETA, negarse a su financiación o pertenecer a determinada fuerza política; situación tan real como intolerable para cualquier demócrata, sea del signo que sea. La propuesta es, de entrada, valiente; porque no son muchos los films hasta ahora que han abordado la cuestión, y ninguno -que recuerde- ha tratado directamente la denuncia del silencio cómplice que mira hacia otro lado y la tragedia de las personas amenazadas en Euskadi.

Pero al margen de sanas intencionalidades, la película como lo que es, o mejor dicho como lo que debería ser, cine, resulta bastante decepcionante. Tratándose de un tema tan extremadamente delicado, aporta poco o nada a lo que ya sabemos todos, a lo que podemos oír en cualquier conversación de sobremesa después de un telediario, o en el bar de la esquina charlando con los amigos. Porque tiene un guión muy poco elaborado, lleno de frases tópicas que recurren en exceso al efectismo; porque es una historia con demasiadas casualidades que resulta a ratos confusa y, en su final, poco creible. Además, las actuaciones y el tratamiento de los personajes dejan bastante que desear y hacen agua por todos lados: el etarra, mas que amnésico, parece preso durante todo el film de un ataque de idiotez aguda; sus compinches, gente con muy malas pulgas, se asemejan más a pandilleros de instituto que juegan con pistolas que a miembros peligrosos de una banda terrorista organizada; y el profesor universitario, que es el amenazado, carece de diálogos y actitudes coherentes a la situación que está viviendo. Un claro ejemplo podría se que, a pesar de verse obligado a cambiar de casa y a llevar escolta las 24 horas, se le ve salir solo y perderse entre el gentío durante las fiestas de San Sebastián esperando que le peguen un tiro.

Luego está el aspecto estético, el de la cámara, el que hace que el cine sea arte y no una mera suma de fotogramas. Amén de la muestra gastronómica ofrecida, que de verdad dan ganas de esa sopa de rape y esas cocotxas, la película carece de imágenes sugerentes que cuenten cosas, por sí solas, de miradas, de rostros, de cambios de luz, todo eso que te mantiene pegado a la butaca, que invita a descubrir sensaciones, que sorprende y te transporta al mundo de los personajes, que es capaz de seducir por su estética, que te hace pagar a gusto la entrada y no esperar unos meses a que esté en un videoclub, porque quieres disfrutarla en la pantalla grande. Pero nada de esto ocurre con “Todos estamos invitados”, donde lo único que se pretende dejar claro es la constante angustia y miedo del protagonista, insitiendo hasta el límite de lo cansino por su reiteración, pero sin ir más allá de la repetición de una idea.

Sin embargo, ha sido bien acogida por la crítica y por el reciente Festival de Málaga, en el que ha obtenido el Premio del Jurado. No deja de ser significativo que se otorguen premios por razones puramente extra-cinematográficas. Y vete la casualidad de que una de las guionistas sea Ángeles González Sinde, actual presidenta de la Academia de Cine, muy dada en advertir sobre el peligro de la fuga de talentos hacia EEUU si no se valora la cinematografía nacional (aunque ello suponga un apoyo artificial y no sea el público quien lo otorgue) y, dicho sea de paso, bastante pródiga en discursos a favor del canon digital. Y no sé porqué presiento que esos motivos extra-cinematográficos para alabar los méritos del film van más allá de la honesta pretensión de difundir su mensaje, más allá de denunciar la situación de terror en Euskadi; porque si la cosa quedase ahí me parecería justificable, a pesar de la lamentable calidad de la película. Pero sucede que, cuando la estás viendo, da la sensación constante de estar recortada, de que faltan escenas, de que no encajan bien todos sus elementos, de que algo más falla, no ya sólo en cuanto a profundidad de los personajes.. hay determinadas situaciones que no vienen a cuento, inconexas, sobrepuestas. No quiero ni sospechar que el impulso mediático que se le ofrece tenga otro fin que el apoyo a la intención del metraje en sí mismo… porque la sóla idea de que la difusión del mensaje haya sido un mero pretexto para elaborar un producto cuyo único objeto sea su comercialización, algo que llegue al público patrio, que “venda” a base de tocarle la fibra al españolito de a pie, respaldado por el beneplácito académico y ministerial.. en ese hipotético caso, además de repulsivo, sería francamente indignante.

Fun home. Una família tragicómica.

Fun Home es una novela gráfica y autobiográfica de la autora norteamericana Alison Bechdel, basada en sus propios diarios, recientemente publicada en España por Reservoir Books (Mondadori), y que ya tiene en su haber varias menciones internacionales.

El padre de Alison, la protagonista, es un profesor de inglés autoritario y exigente, cuyo hobby es coleccionar antiguedades y la restauración, al que le gusta aplica hasta lo obsesivo estas aficiones para restaurar su casa victoriana, que es a la vez negocio familiar: una funeraria. Es un padre distante y nunca ha hecho pública su inclinación sexual, claramente homosexual. A través de esta narrativa visual, cómica y desoladora al tiempo, nos acercamos a la lucha en soledad de Alison por encontrar un lugar en el mundo, a sus miedos, a sus complejos, y al descubrimiento, al igual que el padre, de su propia homosexualidad.

A pesar del caracter de historieta, lo más destacable no son sus dibujos sino la tremenda narrativa de la que hace gala la autora. Una prosa simplemente brillante, estimulante de leer, llena de reflexiones conmovedoras que resultan una delicia, y plagada de numerosas referencias al arte y la literatura. A pesar de tratar temas como la muerte, la depresión, la orientación sexual o la determinante relación con su padre, la autora se apunta el mérito de no explicitar en exceso las emociones, ofreciéndolas en el relato a modo de matices contenidos, a veces elusivos, que le permiten revelar emociones si cabe todavía más profundas.
La lectura adquiere el tono de inteligente desafío, ya que no abusa del chantaje emotivo fácil y recurrente para justificar la distancia (cercana) para con un padre con el que comparte más cosas de las que desea. En la cadencia, desdramatizada y resuelta, la historia logra la desvinculación necesaria con el lector para permitir la propia reflexión, porque no intenta en ningún momento acercarnos a causa alguna, sino más bien mostrar estados de ánimo o situaciones a partir de lo que le es cotidiano.

El trazo sencillo de las viñetas acompaña un relato que no necesitaría de ellas para obtener idéntico resultado, pero que permiten a la autora, si cabe, reflejar mejor todo aquello que opta por no hacer evidente, haciendo que nos paremos en el dibujo para descubrir detalles sugerentes que de otro modo tal vez pasaran desapercibidos.

Alison Bechdel consigue un libro honesto y gratificante, cargado de significado y sensibilidad, de enorme calildad narrativa, que no en vano ha sido nombrado como uno de los mejores libros del año por numerosas fuentes, entre ellas The New York Times, Time Magazine (número 1 en ventas del año), Amazon.com, The Times de Londres, Publishers Weekly, Nueva York Magazine, y Entertainment Weekly.

Alumbramiento - Víctor Erice

En el año 2002, la productora de Wim Wenders elabora dos films colectivos en los que recoge cortometrajes de varios directores con una temática común. Uno de ellos es “Ten minutes older: The trumpet” que, bajo el tema “El Tiempo”, reune la visión libre de siete cineastas: Aki Kaurismaki, Víctor Erice, Werner Herzog, Chen Kaige, Spike Lee, Jim Jarmusch y el propio Wim Wenders. Sólo deben cumplir dos condiciones concretas: cada trabajo ha de durar 10 minutos y en todos tiene que aparecer un reloj, al menos en una ocasión.

Víctor Erice dirige para este recopilatorio “Alumbramiento” (”Lifeline” en su título original), rodado en riguroso blanco y negro, y lo ambienta en la España franquista de 1940, año en el que nació. El film, cargado de simbolismo, es una mezcla de diversos géneros cinematográficos que nos habla en lenguaje difuso de la muerte y la lucha por la vida, de las diferencias sociales, de la España rural aturdida por la guerra recien pasada y de la venidera en Europa.

Un espantapájaros que en lugar de sombrero de paja lleva en la cabeza un casco militar, una manzana y una serpiente deslizándose, un niño muy pequeño sangra, la madre despertada por un gato negro que hace balancear la cuna… imágenes que a modo de collage componen un trabajo metafórico, contemplativo, inquietante, intimista y eminentemente poético, donde los escasos sonidos se dejan caer en el momento adecuado jugando el papel de un símbolo más, evocador, abierto, pero en el que ningún elemento es banal ni sobra.

Debería prestarse más atención a este director que, con sólo tres largometrajes en su carrera, tiene en su haber obras maestras como “El Sur” o “El espíritu de la colmena“. Un privilegio poco reconocido en nuestro país, cuyas películas se han proyectado más veces en museos internacionales que en nuestras salas comerciales. Hace un par de años sus trabajos formaban parte de una exposición itinerante bajo el título “Correspondecias Erice/Kiorastami“, que recogía similitudes entre ambos cineastas, y que fue exhibida en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona y en la Casa Encendida de Madrid. En septiembre de 2006 se presentó en el Museo Arte Moderno de París, el Centro Pompidou .

A la hora de hacer una película, uno de los grandes problemas actuales es cómo hacer para que algo de verdad se introduzca en sus imágenes. Eso significa a veces tener que abandonar las autopistas conocidas, perfectamente trazadas, por donde pretenden discurrir la mayoría los guiones, y tomar caminos y senderos que avanzan campo a través, los que dan la impresión -superficial- de no ir a ninguna parte. Porque sólo hay cine donde hay viaje auténtico, experiencia, encuentro.” (Víctor Erice)

Estas declaraciones, corresponden a una entrevista grabada en 2003 que la televisión tituló “Regreso al Sur“, en la que cuenta los motivos que impidieron acabar el rodaje tal y como él quería de su película. El final proyectado y que nunca se rodó incluía, de la voz de Fernando Fernán Gómez, un pasaje del libro de Stevenson “En los mares del sur”, libro de especial significado para él.

Hay en el mundo unas islas que ejercen sobre los viajeros una irresistible y misteriosa fascinación. Pocos son los hombres que las abandonan después de haberlas conocido; la mayoría dejan que sus cabellos se vuelvan blancos en los mismos lugares donde desembarcaron; hasta el día de su muerte, a la sombra de las palmeras, bajo los vientos alisios, algunos acarician el sueño de un regreso al país natal que jamás cumplirán. Esas islas son las Islas del Sur. Cuentan que en ellas estuvo en tiempos el Paraíso

De sus palabras, evocadoras y lentas, se comprende un poco mejor su proyecto. Sin embargo, las grandes obras como esta tienen, ajenas al propio autor, vuelo propio; y la película, tal como fue presentada, con su sórdido y abrupto final, forma ya parte de los clásicos del cine para muchos de nosotros.

Paranoid Park

La ultima película de director norteamericano Gus van Sant, producida en 2007 y estrenada en EEUU a principios de 2008, es otra de las que, de momento, todavía no tiene fecha de estreno en las salas españolas. Sin embargo, se trata de un film impresionante que, si bien no aporta muchas novedades al tipo de películas a las que nos tiene acostumbrados este director, sí denota la madurez y la consolidación del genio que ya apuntaba en films como “Elephant” o “Psycho”, por citar algunos ejemplos.
La historia gira en torno a un joven aficionado al skate que accidentalmente mata a un guardia de seguridad. Su vida da entonces un completo giro hacia una extraña nueva realidad de confusión, encubrimiento y culpabilidad. Paranoid Park es un film lento, en el que la acción se desarrolla sin estructura narrativa típica, a base de inteligentes y dosificados recortes hacia adelante y hacia atrás en el tiempo, perimitiendo que el espectador sea quien haga las conexiones y saque las conclusiones de la trama por sí mismo. De este modo, consigue que nos impliquemos con el protagonista, a pesar de tratarse (nuevamente) de un adolescente cuyo máximo interés es el skate, inmaduro e inseguro como le es propio por su corta edad. Pero Gus Van Sant sabe crear esa complicidad que, unida a la cuidada ambientación, excelente fotografía de Christopher Doyle y magníficas tomas secuencia a cámara lenta (magistral la escena de la ducha) logran hipnotizar con su belleza, al tiempo que mantiene el suspense a lo largo la película. Es precisamente esa mezcla de narración desestructurada y a la vez absorbente, sumada a la calidad de la imagen, lo que hacen que el cine de Gus Van Sant enganche desde la primera escena. El guión no tiene secretos, ya que las tres o cuatro primeras secuencias muestran todas las cartas del argumento, pero a la vez permiten que la imaginación trabaje porque casi nunca los acontecimientos se desarrollan del modo previsto, lo que hace mantener la tensión del film hasta el último minuto, que también resulta ser casi siempre sorprendente. Este modo particular de enfocar el cine le hace diferente a otros directores que, tratando de recoger el testigo en el reciente cine independiente, elaboran films dilatados y soporíferos (Luz silenciosa? Crashback?), cuyo argumento podía estar listo en escasos minutos, que sin negar su aporte en calidad fotográfica e impactantes imágenes, se pierden en la gratuidad de una lograda fotografía pero resultan vacíos, interminables y soporíferos.Hay dos aspectos más de esta película que me parecen fascinantes. Uno, es la representación de los adultos desde la perspectiva de la adolescencia. No están ausentes, pero tampoco ocupan un lugar destacado en el mundo del protagonista. Al margen de los problemas propios de su edad (el colegio, las chicas, sus amigos, la vida en general), el mundo de Alex es impenetrable para los adultos, y sus decisiones tienen escaso interés para él. La escena donde el padre le habla de su divorcio como a un adulto y la consecuente reacción de éste, como si le estuviese contando un programa de televisión, denotan por parte del director una completa empatía con el mundo del protagonista. Otra escena reveladora es en la que es interrogado por el policía; una escena intensa y crucial por lo que supone en la trama del film, pero frente a la que el chico muestra una pasmosa y reveladora tranquilidad, sin síntoma de ansiedad alguno… ese todavía no es su mundo.
El otro aspecto destacable es la banda sonora, para la que usa partituras escritas por Nino Rota para las fellinianas Julieta de los Espíritus y Amarcord, y recupera temas de Elliott Smith intercalados con clásicos de Betthoven, The Revolt o ritmos de Hip hop. Una joyita que no hay que perderse, que cuenta unos hechos tan poco convencionales como lo es todo el cine de Gust Van Sant, y cuyos méritos en calidad cinematográfica resultan del todo innegables.

La boca pobre

El autor de este libro es el irlandés Flann O´Brien (Brian O’Nolan, Strabane, Tyrone, 1911 - Dublín 1966), escritor, periodista y trabajador de la Administración Pública desde 1935 hasta 1953. Fue colaborador durante 26 años en el Irish Times con el seudónimo de Myles Na Gopaleen, donde escribía mordaces artículos sobre la política de su tiempo. Utilizó varios seudónimos ya que al ser funcionario no podía escribir con su nombre. Su estilo y el argumento de sus libros son muy originales y fueron alabados por Samuel Beckett y James Joyce, quien, ya prácticamente ciego, no se resignaba a no leer sus novelas, aunque para poder hacerlo le era necesario recurrir a la ayuda de una lupa.

Publicada por primera vez en gaélico en 1941, fue traducida al inglés en 1963 con bastante éxito comercial. La traducción al español la ha realizado el poeta y ensayista sevillano Antonio Rivero Taravillo (que ya tiene en su haber versiones se Shakespeare, Marlowe, Tennyson, Pound o Keats), y lo ha hecho diréctamente de la novela gaélica original, lo cual es de agradecer, a pesar de que ello ha supuesto no poder mantener algunos juegos de palabras y diferencias dialectales, algunas de las cuales el traductor opta por dejarlas en su lengua original, apuntando numerosas notas a pie de página que facilitan su lectura y comprensión, y que enriquecen enormemente la versión en nuestro idioma.

“La boca pobre” es una sátira que narra la historia de Bonaparte Ó Cúnasa, nacido en Corca Dorcha, al oeste de Irlanda, en una casa construída al borde de una cañada, sentenciada por el mal tiempo, la mala salud y la mala suerte, destino de los verdaderos gaélicos. Un lugar donde la suma de una deficiente alimentación, constituída a base de patatas y alcohol (esto último siempre que se puede), la cohabitación con cerdos en los hogares, los constantes temporales, el analfaetismo de su población y el desprecio del que hace gala el resto del país, son las constantes del día a día de sus habitantes. Con todos estos ingredientes, Flann O´Brien parodia los libros y testimonios que se habían publicado hasta la fecha y que lamentaban de modo ciertamente victimista las penurias que proverbialmente sufría la población gaélica del oeste de Irlanda, creando de todo ello una magnífica sátira en la que desarrolla diálogos y situaciones de un efecto cómico muy elevado. Cualquier suceso que acontece en la población, como puede ser, por ejemplo, la llegada a Corca Dorcha de una serie de eruditos de Dublín a recoger -cual buitres- testimonios en vivo de la antigua lengua gaélica, se convierte en un hecho extraodinario a la vez que grotesco. Una historia cargada de humor ácido y de ironía, que retrata magistralmente el orgullo irlandés por esas condiciones de vida difíciles, en la que las palabras patata y lluvia resultan ser de las más repetidas, y en la que la diferencia entre la vida de las personas y la de los cerdos cuya crianza les mantiene, apenas se percibe.

Su título gaélico original, “An béal bocht”, que podría traducirse como “poner a los pobres en la boca”, es una expresión irlandesa que alude a poner las cosas peor de lo que son en realidad, a fin de ganar lástima y simpatía, y con ello cierta ventaja. El objetivo es construir una parodia sobre la vida tan tradicional como miserable de los campesinos irlandeses, pero también de esas ligas de estudio de lo gaélico que fueron surgiendo para investigar las tradiciones y la lengua irlandesas, que no sólo no prestaban la más mínima atención a las desdichadas condiciones en las que vivían sus estudiados, sino que las consideraban parte integradora del folclore y la tradición gaélica, y por tanto no había que hacer nada para transformarlas. El resultado es una novela hilarante, mordaz y divertida, satírica hasta lo perplejo, pero que también aporta sus muecas melancólicas, siempre con un sentido animoso y positivo; tanto que, en algunos episodios, su lectura resulta hasta dolorosa. Un libro de innegable calidad literaria cuya lectura me parece muy recomendable.

More

“More” es una conmovedora alegoría sobre la frustración, la nostalgia por el pasado y la eterna y humana búsqueda de la felicidad. El protagonista es un trabajador de una fábrica de sueños envasados, en una ciudad gris y monótona. Acechado por sus recuerdos infantiles, encuentra al fin la forma de revivir artificialmente esa felicidad de su niñez, pero se siente vacío y solo.

Realizado por el norteamericano Mark Osborne en 1998, estuvo nominado como mejor cortometraje de animación a los premios Oscar. La animación, monocromática y deprimente, es muy sugerente y excepcional, y cada escena parece estar realizada con la intención precisa. La música logra imprimir el justo dramatismo y poesía al sentido de la historia, complementando a la perfección el conjunto de esta pequeña gran película.

Joe Strummer: The future is unwritten

Julien Temple, dirige esta retrospectiva, a la vez homenaje y documental, dedicada a Joe Strummer, quien fuera cantante, guitarra y lider de la mítica banda de punk rock británica The Clash, que tuvo su momento álgido hacia mitad de los setenta y hasta el primer lustro de los ochenta, en pleno apogeo tacheriano de la bienpensante Britania.

El film es un trabajo elaborado y minucioso de recopilación de material, que recoge conversaciones, entrevistas, actuaciones inéditas, directos en película de super 8, o la recuperación de grabaciones originales de programas de radio para la BBC. Julien Temple, amigo personal de Strummer, elabora un completísimo documento sobre su figura, que comienza con unas imágenes en blanco y negro de Joe colocándose unos cascos en la grabación de White Riot, para recorrer desde su infancia hasta la fecha de su muerte en 2002, mostrando sus tempranas experiencias en la época hippie o durante la marea okupa de los setenta, antes de convertirse en figura legendaria con su banda, y hasta su final, en su propio programa de radio de la BB World Service. Recurre, además, a significativos testimonios de artistas que trabajaron en alguna ocasión con él o que simplemente eran sus amigos, con entrevistas hechas por el propio Strummer, muchas veces alrededor de una hoguera, a personajes como Bono, Scorsese, Matt Dillon, Jim Jaramusch (que dirigió a Strummer en “Mistery Train”), John Cusack, Mick Jagger… También recurre a películas como “Straith to hell”(1985) “Mistery Train” (1989), “Walker”(1987), “Raging Bull” (1980).. o a series de dibujos animados como “Animal Farm”(1954), capítulos de “Shouth Park”(1998)…

La cinta no es un documnetal al uso. La condición del director de amigo del lider de The Clash lo convierte en una obra emotiva, tierna y muy personal, que revela facetas por muchos desconocidas del personaje: la muerte de sus padres, el nacimiento de su hijo, su momento como dibujante en la escuela de Bellas Artes londinense, el artista que adora a Buddy Holly, o un período especialmente triste e influyente como lo fue el suicidio de su hermano mayor. A pesar de ello, no cae en el sentimentalismo facilón, utilizando estos aspectos para componer un intimista y valioso trabajo, que consigue sobradamente transmitir al espectador la fuerza y el magnetismo de uno de los músicos más eclécticos y con mayores influencias de la época (rockabilly, ska, reggae, etc…), cuya obra destaca por encima de otras formaciones, y que logró un alcance social muy claro en letras de temas como “Spanish Bombs” (un canto a la Guerra Civil española), “White Riot”(subversivo texto que aboga por una revuelta blanca), la misma “London Calling” o discos dedicados a Mandela o a la Nicaragua sandinista, por citar algunos.

Un bello e imprescindible documento, no tan sólo a modo ilustrativo de la vida de este icono de toda una generación, sino para conocer mejor una época importante de nuestra historia reciente que ha influenciado en mucho más de lo que parece los actuales roles sociales; y también, dicho sea de paso, una lección de cómo el sistema tiene esa asombrosa capacidad de engullir para su beneficio todas esas actitudes o rebeldías que, en un principio, parecían encaminadas a dinamitarle: El ex-punk-rock trabajando en la BBC y el título de su mítica canción “Rock the Casbah” grabado en el alerón de una de las bombas norteamericanas que cayeron sobre Irak.

El documental se ha estrenado recientemente en las salas españolas. Mención apare merece el traductor de títulos, personaje que no estaría de más saber quién es, porque en un lamentable ejercicio de iluminación prosaica, ha convenido que su traducción quede en el plano patetismo de “Joe Strummer: vida y muerte de un cantante”.. ¿Será el mismo que tradujo “Della morte della amore” por “mi novia es una Zombie”, o “Some Like It Hot” por “Con faldas y a lo loco”?.. Ah!, me viene a la mente ahora una de las más escandalosas: “Drunken master”, traducida como “El mono en el ojo del tigre”!!… Ver para creer.

The man from Earth

“El hombre de la Tierra” es una película de ciencia ficción que no contiene efectos especiales, ni alienígenas, ni marcianos, ni trucos, ni acción alguna, sólo un grupo de profesores de universidad sentados en una habitación alrededor de una chimenea (escenario en el que se desarrolla todo el film como si de un teatro se tratase) planteándose temas como la filosofía, la antropología, la religión, la biología, la tecnología, la forma de aprender, los modos de pensamiento..


La historia, a priori, es bastante sencilla: Uno de ellos se marcha de la ciudad después de haber trabajado juntos 10 años, y los demás colegas (cada uno profesor de una especialidad) han acudido a su casa a despedirle. Todo transcurre normalmente hasta que les revela que tiene 14.000 años. En principio lo toman como una broma, pero comienzan las preguntas, a las que responde con la suficiente coherencia y agilidad para dejar entreabierta la posibilidad de que todo sea verdad. En medio del salón, va narrando con detalle y lógica creible sus experiencias, como un recorrido por la historia. Cada uno va proponiéndole preguntas y poco a poco se ven todos atrapados por su ilógica realidad. Pero el realmente atrapado es el espectador, al que logra hacer tan partícipe de la trama como a sus propios protagonistas.

El guión engancha, porque a medida que se desarrolla ya no sabes si está diciendo la verdad, si realmente es una broma, o si está verdaderamente loco.. la misma disyuntiva que se plantea el grupo reunido, logrando no sólo no aburrir en ningún momento, sino poco a poco convertirse en una historia apasionante, original e inteligente. Una demostración clara de que los grandes presupuestos no lo son todo para lograr un buen film y de la prescindibilidad de grandiosos efectos especiales para plantear una película fantástica y sorprendente. La imaginación, la capacidad creativa y un buen guión, que es básicamente lo que aporta este film, pueden hacer bastanté más que los medios materiales para lograrlo. Una película que, aunque a veces cojea en calidad fotográfica y en la interpretación de algunos papeles, restaura, sin embargo, esa dignidad bastante perdida en el género de la ciencia ficción.


El autor del guión es Emerson Bixby, que concluye la historia original de su padre, Jerome Bixby, quien terminó de dictar el relato a su hijo cuando ya no podía seguir escribiendo, víctima de una grave enfermedad. La película está dirigida por el norteamericano Richard Schenkman, con un presupuesto de sólo 200.000 dólares. Se estreno en Hemet (California), en octubre de 2007. La distribución se ha realizado básicamente a través de internet, potenciada por su propio productor, quien ha agradecido en numerosas ocasiones a los usuarios de la red su descarga como medio inmejorable para su difusión, logrando unos resultados mucho más allá de las espectativas que, según parece, tenía en un principio. Director, productor y guionista son habituales en foros anglosajones, donde contestan a las preguntas de los usuarios y facilitan la descarga de la película. A la vez, existen varias páginas web donde se pueden obtener subtítulos, tanto en español como en otros idiomas.

Web oficial


Dinero: Revista de Poética Financiera e Intercambio Espiritual

Hace escasos días descubrí en una tienda de cómics un volumen recién salido del horno (edición abril 2008), que recopila los 5 numeros completos de la revista “Dinero” editados y agotados entre 2001 y 2005, 14 páginas de material extra e inédito, y que además incluye un prodigioso prólogo a cargo de Santiago Alba Rico titulado “Walt Disney y los terroristas suicidas”.

El autor de “Dinero” es el sevillano Miguel Brieva (1974), que tuvo que autogestionarse él solito los primeros números de su revista y dejarlos directamente en el kiosco (según afirma en entrevistas). Su éxito le ha llevado posteriormente a colaborar en El Jueves, La Vanguardia, El País, Rolling Stone, Cinemanía, Ajoblanco, etc…
La idea es más o menos la siguiente: Dios ha decidido que la Tierra ya no es rentable, y por tanto la pone en venta. Todo en la Tierra tiene precio, pero lo grave es que siempre hay álguien dispuesto a pagarlo para obtener lo que desea. Los deseos a su vez son fruto de una necesidad creada, nunca natural, cuyo creador rentabiliza con su “venta”.
Mientras todo ello sucede, Bambi y Mickey han aislado en un laboratorio a la condición humana y supervisan la guerra contra la guerrilla de la resistencia a la decisión divina de poner a la Humanidad en liquidación total. A partir de esta idea, trata innumerables temas de actualidad sumergiéndolos en esta perspectiva: la política, el futuro, la guerra, el mundo empresarial, la familia, la juventud, la ciencia, la filosofía, la literatura, los medios de comunicación, etc…

Mordaz, muy ingenioso, ácido, fascinante y capaz de hacer reir a mandíbula abierta, sus viñetas, textos de reflexión, historietas y tiras de humor que componen esta recopilación, nos abren la puerta, en clave de humor, a la reconsideración de muchas de las cosas que hacemos día a día o que simplemente están a nuestro alrededor. El dibujo, de gran calidad y contundencia, que recuerda al cómic de los años 50, critica con cinismo despiadado y humor salvaje la clase media europea, la hipocresía social y el consumismo feroz imperante en nuestros días. Sin mensajes morales ni enseñanzas para la conciencia; simplemente un retrato de cómo el dinero y el afán de consumo se ha convertido en el sinsentido de nuestras vidas, donde todo está movido por éste y nada tiene razón de ser sin él, como un boomerang que vuelve hacia quien le creó para traicionarle.

La cáustica sinrazón del mundo, pero también desde un punto de vista positivo, sin derrotismos -a pesar de su crueldad irónica- y encarando, si cabe, de modo más decidido la sociedad que nos ha tocado vivir. Divertido, para pensar y muy recomendable.

Breath (Aliento)

Su estreno en las salas españolas estaba proyectado para ayer 4 de abril, pero, sorpresa la mia, cuando leo la cartelera y no aparece… En realidad tampoco se puede decir que haya sido una sorpresa; estas cosas ya han ocurrido numerosas veces: los empresarios dudan si les saldrán o no los números y los espectadores nos quedamos con un palmo de narices. En fin, que hice bien en buscarla hace unas semanas en internet y bajármela, aprovechando que en Corea ya se ha editado en DVD y por tanto colgado en la red. Lo más difícil fue encontrar subtítulos, pero como el que la sigue la consigue y hay, por fortuna, numeroso público amante del cine asiático siempre dispuesto a estos trabajos, no fue demasiado laborioso conseguir una buena traducción y poder visionar la película. Mientras el cine sea para ellos tan sólo un negocio, obviando su difusión como cultura y como arte, mi mula seguirá trabajando , al menos para poder ver películas que de otro modo quizá no vería nunca, de directores independientes como este, que siempre han estado al margen de una industria que ha perdido la libertad y la misma esencia del cine, y cuyo único criterio de selección es si llenarán o no las salas y por ende sus cuentas bancarias.
El film es un drama que trata una historia cruzada a tres bandas: Mujer infiel se enamora de preso condenado en el corredor de la muerte, marido con amante, hija pequeña, funcionario de prisiones, gay como compañero de celda y un vigilante voyeur del que sólo se ve su reflejo en las pantallas de supervisión de la cárcel. Este último personje resulta muy curioso, porque a modo de director de orquesta, establece los límites a los que puede llegar la relación de los protagonistas, logrando un sorprendente contacto con el espactador, ya que sabe parar la trama en el momento oportuno (fin de la visita al reo!) para contener el suspense (a esperar la siguiente visita a ver qué ocurre!), y ofrecer a modo de cuentagotas cada vez un poco más… un original y también morboso modo de mantener al público sentado en la silla hasta el final del film. Pocos diálogos (el preso no pronuncia ni una sóla palabra en toda la película), pero esto es habitual en Kim Ki Duk, lo cual no merma el guión en absoluto, porque logra hacerle hablar, y muy claramente, con su rostro y su mirada. Otro aspecto a destacar es la violencia de la que hace gala, implícita pero brutal, y su alto contenido erótico.
Sin ser de lo mejor del director, verla es un festín para los sentidos: la fotografía es impecable, la música hechizante, sorprende -este es su sello propio, nunca sabes por dónde saldrá la historia que cuenta mientras ves el film-, las escenas son bellísimas, la carga emocional importante, el ritmo -pausado- pero no pierde en ningún momento, y la interpretación de Chen Chang (”2046″, “Happy together”, ambas de Wong Kar Wai) encomiable, que sumado al buen saber hacer de Kim Ki Duk en la dirección dan como resultado un film con muy poco desperdicio, al que sólo puede reprochársele ese “final feliz” que rompe con la estructurá filmográfica del coreano.

Kim Ki Duk no es un cineasta especialmente querido en su país: sus películas reflejan, incluso magnifican muchas veces, todos los vicios que trata de esconder de puertas a fuera la sociedad coreana (el machismo de sus hombres, la tendencia a distraer la moral de sus mujeres ante caballeros con visa en dólares, la corrupción policial, la bajeza de la clase política…). Para hacer algunas de sus películas tuvo que irse a Japón a que se las produjeran, de hecho “Hierro 3″ es japonesa, a pesar de que sus actores y guionistas no lo son. Precisamente de Hierro 3 tiene mucho este último film, aunque también homenajea una de sus películas más conocidas: “Primavera, verano, otoño…”, que, de lejos, es la que más me gusta de las que he visto de este cienasta. Tampoco está muy bien valorado en el mundillo del cine europeo. En mi opinión, seguramente no gusta demasiado que un autodidacta llegado a Europa a estudiar Bellas Artes, que se dedicaba a pintar capillas y a vender dibujos exponiéndolos en el suelo de los mercadillos callejeros, y que descubre el cine un poco por casualidad, pueda resultar un genio, amén de que sus películas no presenten la recurrente y esperada crítica social al mundo occidental. Además, la sociedad coreana es muy diferente a la nuestra, y muchas veces hay que hacer un esfuerzo de empatía para entender que las relaciones que filma, extrañas para nosotros pero de lo más normales en otras culturas, presenten valores éticos medidos con pautas distintas al modo occidental de entender el mundo.

Para quien quiera hacerse una idea, este es uno de los trailers que circulan de la película. Está en italiano, pero de todos los que he visto, es el que mejor calidad de imagen y sonido tiene.

El asombroso viaje de Pomponio Flato

Estaba deseosa de que saliera el nuevo libro de Mendoza, uno de mis escritores preferidos, con el que me he divertido en muchas ocasiones pero del que resulté decepcionada en sus últimas propuestas. No ha sido así esta vez; me lo he comido de una sentada y me he reído muchísimo con él, amén de su calidad literaria, de la que ya ha hecho gala en numerables textos:

“Que los dioses te guarden Fabio, de esta plaga, pues de todas las formas de purificar el cuerpo que el hado nos envía, la diarrea es la más pertinaz y dilligente. A menudo he debido sufrirla, como ocurre a quien, como yo, se adentra en los más remotos rincones del Imperio e incluso allende sus fronteras en busca del saber y la certeza. Pues es el caso que habiendo llegado a mis manos un papiro supuestamente hallado en una tumba etrusca, aunque procede, según afirmaba quien me lo vendió, de un país más lejano, leí en él la noticia de un arroyo cuyas aguas proporcionan la sabiduría a quien las bebe, así como ciertos datos que me permitieron barruntar su ubicación. De modo que emprendí el viaje y hace ya dos años que ando probando todas las aguas que encuentro sin más resultado, Fabio, que el creciente menoscabo de mi salud, por cuanto la afección antes citada ha sido durante este periplo mi compañera más constante y también, por Hércules, la más conspicua.”
Así comienza esta novela, que se adentra en los confines del Imperio romano, de la mano de su protagonista Pomponio Flato (basado en la “Historia Universal” de Plinio el Viejo) para ofrecernos una mezcla de novela de histórica, policiaca y detectivesca, plagada de irónicos referentes bíblicos, con una importante carga de sátira y brillante sentido del humor, y que sabe envolver cuidadosamente en ese estilo hilarante, irónico, perspicaz que le caracteriza, y cuyo resultado es una fecunda parodia a la novela consumista precocinada que abunda hoy por hoy en el mundo editorial.
Pomponio es un filósofo aficionado que recorre el Imperio hasta Nazaret en busca de unas aguas con efecto prodigioso. El azar de la diosa Fortuna hará que allí se vea envuelto en el caso de un convicto (azarosamente llamado José) acusado de haber comentido un brutal asesinato. Auspiciando la investigación que emprende el hijo del carpintero (que reulta ser una angelical y singular criatura de nombre Jesús), recorrerá diversos escenarios de Israel, con su lógica y su oratoria como armas, a fin de reunir las pruebas necesarias para la absolución del padre. Un generoso número de particulares personajes van a ir sumándose al Belen cortocircuitado que compone en esta obra: Hodores (Herodes), Lázaro el mendigo, un bandido al que llama Teo Balas (Barrabás), Quirino (Gobernador de Siria), frases y pensamientos de Zacarías… todo ello aliñado con ciertas licencias como conflictos por la recalificación de terrenos cercanos a los templos de Nazaret, árabes que rezan mirando a Jerusalén en vez de a La Meca, o curiosas persecuciones de angostos soldados romanos confinados en batallas como la de Farsalia, que en relidad tuvo lugar casi siglo y medio antes de la época en la que Mendoza situa la novela.

El resultado es una divertida parodia de la historia y a la vez un asombroso ajuste de cuentas al fanatismo religioso de cualquier signo; e incluso al nacionalismo exaltado aún imperante en nuestros días, pero elaborado desde el humor culto e inteligente que caracteriza al autor, y en la que asoman guiños constantes a los Monty Python y “La vida de Brian”. Brillante y muy recomendable.

Leer

“Estoy leyendo un libro mal encuadernado en el que las últimas palabras de cada línea se pierden en las profundidades del lomo, de manera que para acceder a ellas hay que desviscerar el volumen. Al principio, pensé en devolverlo, pero me he aficionado a hurgar en él como en las interioridades de un centollo. Las palabras rescatadas a los entresijos saben mejor que las que están a simple vista. Parece mentira que hayan inventado un libro electrónico, que por lo visto imita la textura del papel, y no hayan descubierto un libro que se pueda chupar, como la cabeza de una gamba, para extraerle la masa encefálica. De momento, si encuentra usted un volumen mal encuadernado, lléveselo a casa, arránquele los sesos sin escrúpulos y no dude en metérselos en la boca.
A veces, para acordarnos de que las palabras tienen sabor, conviene poner dificultades entre ellas y nosotros. O leer en un idioma extranjero. Un día, volando en una línea aérea alemana, me puse a hojear la revista de a bordo y lo entendí todo hasta que caí en la cuenta de que no sabía alemán. Ahora que tanta gente se va a estudiar inglés a Londres, hay que reivindicar el don de lenguas, que consiste justamente en disfrutar de los idiomas con la boca. Si te relajas y no piensas tanto en el significado de las frases como en su sabor, lo comprendes todo sin necesidad de estudiar. Cuando las palabras sean un bien escaso, como el caviar, recuperaremos el asombro de tragárnoslas y de volverlas a la boca, como los rumiantes, para masticarlas por segunda vez. El problema es que comemos palabras a todas horas, todos los días del año.
Los monjes de clausura, que sólo pueden hablar a determinadas horas, usan el alfabeto con avaricia. Cuando los vocablos son caros, se utilizan con más gusto, porque se añora su sabor. Ese niño que balbucea sus primeras palabras asombra a toda la familia, porque en él el vocabulario es todavía una rareza. Quizá usted no haya tenido ningún niño, pero si tiene la suerte de tropezar con un libro mal cosido, cuyas palabras sea preciso extraer de sus vísceras con la perversidad con que arrebatamos las huevas al salmón, tal vez adquiera o recupere el placer de leer este verano. Enhorabuena.”


Juan José Millás (Artículos, 2003).

La Jetée

“Esta es la historia de un hombre, marcado por una imagen de su niñez. La intensa escena que le pereturba, y cuyo significado comprendería sólo años más tarde, tuvo lugar en el embarcadero principal de Orly, el aeropuerto de París… poco antes del estallido de la III Guerra Mundial.”

Así comienza esta película experimental que juega con los conceptos de tiempo, imágen y recuerdo, narrada como una historia circular que empieza y termina en el mismo escenario (el aeropuero parisino).

Chris Marker crea una fantasía futurista a partir de una sucesión de imágenes en movimiento de secuencias fotográficas fijas. Francia tras una guerra nuclear, un reducido número de supervivientes habitan en el subsuelo, experimentos científicos han enviado a otros a viajes temporales al pasado cuyas mentes enloquecen a causa de la convergencia en el tiempo… Sin embargo, un hombre es seleccionado por tener una fijación concreta de su pasado. La voz en off narra las vivencias del protagonista. A pesar de la temática, la película es más poética que científica, mostrando los recuerdos capturados en la memoria, los rostros, los lugares cotidianos… los objetos que escapan a la conciencia: el Sol, el aire, la luz, el agua… y, como no, la mujer de sus sueños.

Pieza imprescindible y clave del cine moderno por su peculiar tratamiento de la imágen y la exploración de un nuevo concepto de película cinematográfica, a modo de collage (la única secuencia en movimiento es la de una mujer que mueve los párpados..), que lo situó a la vanguardia de su época y sirvió de inspiración para autores posteriores (”Doce monos” -Terrry Guilliam-)

La zona de Tarkovsky

 

El documental, dirigido por Salomón Shang, nos acerca a la figura de un Tarkovsky obsesionado por comprender el mundo a través de su cámara en obras palgadas de metáforas sobre la naturaleza y sus elementos, con muchas referencias a su pefil psicológico y a su particular visión del mundo. Para ello, utiliza como medio la entrevista a distintas personas que trabajaron en el rodaje de “Solaris”(1972) y un variado elenco de imágenes de archivo y fragmentos de películas, dando como resultado un film a caballo entre el homenaje y la aproximación a grandes rasgos a la personalidad de este maestro del cine moderno.

Se nota que Shang se esfuerza en transmitir al espectador la profundidad filosófica a la que parece sucumbir el cine de Tarkovsky, mostrándonos un hombre empeñado en dejar patente en cada fotograma su particular visión del mundo, y cuyas películas son el resultado de un conjunto de elencos y vivencias personales que desembocan en una obra tan profunda y compleja que, como lógica consecuencia, su análisis requeriría de cierto esfuerzo intelectual al alcance de mentes cultivadas. Afortunadamente, no lo logra (y digo afortunadamente porque la visión es tan oscura como temeraria). La película “Solaris”, más allá de que haya sido tildada como el equivalente ruso de “2001: una odisea en el espacio”, su parte de ciencia ficción no puede ser entendida en términos de efectos visuales que mecánicamente desembocan en aspectos filosófico-intelectuales abruptos y complejos. El ritmo, la atmósfera, los diálogos, las pausas, las sensaciones que produce su claustrofóbico mundo son ingredientes importantes que logran su inusual belleza y su gran poder expresivo. Detenerse en ellos hubiese sido un buen ejercicio para poner de manifiesto no sólo los rasgos distintivos de su estética, sino también los de su ética. Porque no se trata de descubrir que hay debajo de pretendidos mensajes cifrados, más bien de contemplar, igual que contemplamos un paisaje o leemos un poema, de hacerse cómplice de su lenguaje dejando que fluya la imaginación y las sensaciones que transmite, que no son pocas, y que conforman el propio disfrute de su cine. Nadie mejor que Tarkovsky para expresarlo, tal como lo hace en su libro “Esculpir en el tiempo”, en el que reflexiona sobre su concepto del cine:
“Tender hacia la sencillez supone tender a la profundidad de la vida representada. Pero encontrar el camino más breve entre lo que se quiere decir y lo realmente representado en la imagen finita es una de las metas más arduas en un proceso de creación.”

Por otra parte, tratando de hacer patente la complejidad tarkovskiana, el documental resulta ser bastante aséptico (contradictorio, pero es el mal de los eruditos), ya que la utilización de las entrevistas al fotógrafo, la actriz o el director artístico de “Solaris” están trabajadas muchas veces desde el terreno del recuerdo de la vaga anécdota, dando como resultado un producto que en ocasiones se parece más a un “cómo se rodó” que a un intento de profundización en el cine del director. El retrato del perfil personal, psicológico y artístico, si bien está suficientemente documentado, no deja de ser un mero análisis biográfico pseudocrítico, en un intento de trazar a grandes rasgos algo parecido a un croquis de la visión que tenía de la vida y el cine Tarkovsky. Y, por otro lado, la intención de abordar la obra y la figura del ruso al margen de su compromiso social desfigura necesariamente la misma esencia del espíritu de su cine: Tarkovsky no sólo es la plasmación de la naturaleza y sus elementos, su arte, su filosofía, o un curioso perfil psicológico,… también es compromiso sobre la sociedad en la que le tocó vivir, posicionamiento sobre la guerra y la violencia (la infancia de Ivan, Andrei Rubliov, El Espejo, Sacrificio..), sobre la fé (Nostalgia, sacrificio..), y sobre su insobornable discurso, que nunca se plegó ni a la maquinaria del cine oficialista soviético ni a las ofertas del otro lado del gran charco, tanto en el aspecto temático como en los meros requerimientos formales o técnicos.

Trazo de tiza

Anoche me dormí leyendo este cómic. Es una de esas joyitas que he rescatado dedicando parte de estas vacaciones de Semana Santa a reorganizar algunas cajas que tenía aparcadas en mi casa, además de a poner al día este blog. Estaba convencida que lo había prestado a álgun amigo de esos que luego tardan en devolverlo, y reencontrarme con él ha sido una grata sorpresa. Es un cómic muy particular al que le tengo especial cariño, porque es necesario leerlo al menos dos veces para comenzar a comprender el sentido completo de lo que está contando. Requiere, además, poner mucha atención al observar el detalle de cada viñeta para captar la historia, y aún así, se pueden descubrir nuevos giros cada vez vuelves sobre él, siempre que se esté dispuesto a exprimirle hasta la última gota.

La impresión que deja la primera vez es la de un relato ciertamente sugerente, aunque no demasiado complicado: Una isla casi desierta que no figura en los mapas de navegación, cuyos dos habitantes (madre e hijo) regentan la única construcción que posee (un lugar que es tienda, posada o lo que haga falta), dos visitantes que llegan por caminos distintos y que a su vez interactúan sumergidos en su propia isla individual, un viejo faro abandonado que no funciona, una remota leyenda, sospechas, supersticiones, y el mar y sus tormentas como elemento envolvente de una historia que, a medida que avanza, se convierte en un puzle en el que no encajan las piezas, en el que no se sabe porqué los pesonajes actúan de modo muchas veces ilógico, todo ello intercaldo de hermosas citas literarias que aparentemente no vienen a cuento.. Así, poco a poco, la atmósfera creada se va alimentando de sus propios elementos hasta tornarse claustrofóbica, y necesitas salir de allí avanzando rápidamente hacia el final del libro para ver qué sucede, sin poder soltarlo.

El primer final que ofrece es magnífico.. Y digo bien “primer final” porque en este punto el autor propone un juego de complicidad al lector, volviendo sobre el relato para ofrecer otra pauta de lectura menos lineal, donde cobran sentido los fragmentos vanales de la primera parada, los pasajes literarios que no sabías muy bien para qué estaban ahí, los detalles dibujados en las viñetas que habían pasado desapercibidos, y que ahora ofrecen una historia bien distinta a la primera, mejor si cabe que esta. La originalidad y el buen saber hacer de Miguelanxo Prado queda patente en este cómic, una obra realmente singular y de gran calidad que no decepciona. Y por si su genialidad no resultara suficiente, las últimas páginas están dedicadas al maestro Hugo Pratt, con una bonita y tierna propuesta para el uso del faro abandonado de la isla…

Cidade dos Homens

Hace unos años, Fernando Meirelles nos deleitaba con la película “Ciudad de Dios”(2002), que lograba transportarnos a la profundidad de los barrios de Brasil en una excelente historia de esas que se te quedan grabadas para siempre. Su exitoso trabajo tuvo como resultado la serie de televisión “Cidade dos homens”(Ciudad de hombres), que consiguió emitir en 2007 la cuarta temporada en su país, y cuyos protagonistas son aquellos mismos niños de la favela de la colina de Rio de Janeiro, con unos años más. La serie creció a la vez que lo hacían ellos, Laranjinha (Darlan Cunha) y Acerola (Douglas Silva), que iban entrando en la adolescencia año tras año, episodio tras episodio, en una cultura impuesta por la violencia y dirigida por las bandas callejeras. En 2007, Paulo Morelli, co-fundador junto a Meirelles y Andrea Barata de la productora brasileña O2, escribe y dirige “Cidade dos Homes”, película que sirve de colofón a la citada serie: Con el paso d